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Panamá, martes 7 de octubre de 2008
 

CAMBIOS POLÍTICOS Y ECONÓMICOS.

En la encrucijada mundial

Roberto Castro
opinion@prensa.com

Hay momentos en la vida de las naciones, en los cuales uno quisiera que nadie, absolutamente nadie, se quedara sin tomar parte activa de una u otra forma, dada la trascendencia y la gravedad de los acontecimientos por venir.

Todo parece indicar que estamos siendo testigos del nacimiento de un nuevo orden mundial, donde nuestro continente pareciera ser el escenario principal: el fuerte avance de una izquierda recalcitrante en Latinoamérica, impulsado por los “petrodólares” venezolanos, los alardes de poder militar hechos con frecuencia por Rusia en el Caribe americano, animados y avalados también por Venezuela y, por último, la estrepitosa caída de la economía norteamericana debido a la avaricia y los vicios característicos de un capitalismo despiadado e inhumano, gritando a los cuatro vientos que el gigante tiene los pies de barro y que amenaza con arrastrarnos en su caída.

Si al preocupante cuadro anterior le agregamos los graves problemas medioambientales del planeta, la escasez de agua potable, la crisis alimentaria mundial, el enorme desprestigio de las clases políticas en todos nuestros pequeños países, la incapacidad manifiesta para acabar con la pobreza, la paulatina desaparición de la clase media debido a su pauperización y la concentración permanente e irracional de la riqueza de las naciones en manos de unos pocos seres humanos, se conforma entonces un panorama preocupante, donde nuestro querido país no puede enterrar la cabeza en la arena como si nada estuviera ocurriendo a su alrededor.

Se avecina un evento electoral en Panamá, en el cual elegiremos un presidente que deberá tener en su agenda diaria todo el cuadro mencionado anteriormente y que le exigirá, no solo “tener los calzones bien amarrados”, sino que también tendrá que hacer gala de estadista, calificativo que hoy muy pocos presidentes han logrado obtener en Latinoamérica, debido a que los mejores líderes se encierran en sus casas, huyéndole a las inclemencias de la actividad política.

La presión del tenebroso narcotráfico y del Movimiento Bolivariano Chavista en Panamá, ya se siente con pasos de animal grande. Pero la presión norteamericana para que sean creados sistemas de inteligencia que contrarresten ese avance, pareciera que también se está haciendo sentir en nuestro país, mediante las actuales reformas a la seguridad, lo cual obligaría a trasladar las protestas ciudadanas de todos los martes, desde el atrio de la iglesia hasta la puerta de la embajada de Estados Unidos.

Todo pareciera indicar que estamos asistiendo al nacimiento de una nueva “guerra fría”, donde el escenario va a ser Latinoamérica y la amenaza principal, además de ojivas nucleares, será el maldito petróleo. ¿Estarán preparados nuestros actuales candidatos para enfrentar este panorama?

Cuando a los ciudadanos corrientes se nos dice que un candidato anda coqueteando con Chávez, eso nos asusta. Cuando vemos dos candidatos de oposición peleando entre sí por el poder, eso nos asusta. Cuando vemos instituciones débiles carcomidas por el cáncer de la corrupción, eso nos asusta. Cuando se nos dice que la intervención de nuestras líneas telefónicas va a ser efectuada por personas con un pasado dudoso en cuanto a derechos humanos, eso nos aterroriza.

Pero, sobre todo, cuando observamos esa increíble indiferencia ciudadana ante hechos que en cualquier otro país del mundo harían salir toda la gente a las calles, eso no solo nos asusta, sino que nos llena de desesperanza.

Esa misma indiferencia ciudadana es la que permite el mantenimiento deliberado de una infinita incultura política de la población, que la lleva a la venta del voto al mejor postor, sin medir las consecuencias futuras para la nación. Por la promesa de un puesto de trabajo o una beca de estudio para un hijo, o por una simple lámina de cinc, nuestros compatriotas son capaces de entregar el tesoro más preciado de cualquier ciudadano del mundo democrático: su voto.

Los próximos cinco años serán vitales para el país. Estamos en una encrucijada, donde solo la actitud inteligente de una sociedad civil fuerte nos permitirá escoger el camino acertado.

¿Cómo lograr una sociedad civil cohesionada, fuerte y políticamente madura? He ahí el gran reto para todos nuestros pueblos.

El autor es ingeniero administrador


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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