EDUCACIÓN PERMANENTE
Aprendiendo a aprender
Paulino Romero C
opinion@prensa.com
La función del aprendizaje autónomo varía según las diferentes etapas de la vida. Es así como durante el transcurso de la vida habrá que considerar por ello las diferentes habilidades, funciones y actividades del aprendizaje para hacer una planificación apropiada. Esto será consecuencia, por un lado, del desarrollo psicológico del individuo y, por el otro, de la gradación, según la edad, de las tareas, de su manera de proceder y de la función que la sociedad demanda de sus miembros. Así, tanto las expectativas, de acuerdo con la edad, como el grado de desarrollo, deberán servir o para proyectar los diferentes programas de enseñanza mediante el aprendizaje autónomo.
En la infancia, el desarrollo del aprendizaje autónomo depende de la relación que el niño tenga con sus padres o tutores. Si al niño se le da seguridad, soporte y estímulo en su conducta de exploración, aquella curiosidad natural lo llevará a seguir explorando por sí mismo su medio ambiente. Esto le dará la oportunidad de ensayar nuevos procederes y expandir sus habilidades. Familiares y amigos pueden reforzar este desarrollo del aprendizaje autónomo estimulando en el niño la reflexión y la experimentación, y dándole respuestas adecuadas a sus preguntas. De esta manera, ellos proveerán las bases, y crearán un ambiente favorable, para que el niño sienta el deseo de aprender por sí mismo. Usando programas especiales se podrá enseñar a los padres cómo apoyar y estimular el desarrollo de las habilidades que el niño posee para el aprendizaje autónomo.
Si las condiciones son favorables estarán ya listas las bases para un aprendizaje independiente cuando el niño empiece su escuela. Corresponderá a los maestros, entonces, continuar edificando sobre estas bases. Si las condiciones han sido desfavorables el chico se negará a aprender por sí mismo e incluso podrá adquirir una actitud negativa hacia cualquier actividad de aprendizaje. Estos chicos pueden desarrollar la idea de que el aprendizaje está solamente conectado con las enseñanzas de la escuela, con los exámenes y con los libros, pero no lo relacionarán con sus propios propósitos, con sus problemas diarios o con sus aspiraciones profesionales. Esta actitud negativa relacionada con la escuela y con el aprendizaje de competencias puede tener un impacto perjudicial y duradero en la orientación adulta hacia el aprendizaje. De aquí que las habilidades del niño y su motivación para un aprendizaje independiente deberán ser promovidas por métodos y materiales apropiados de enseñanza, convirtiendo el proceso autónomo del aprender en un objeto explícito.
Durante la niñez, la habilidad de aprender por sí mismo es limitada. A medida que pasa el tiempo, niños y adolescentes se vuelven más capaces de emprender por sí mismos actividades diferentes y más complejas de aprendizaje. En los adolescentes mayores y en los jóvenes adultos los proyectos de aprendizaje pueden ser muy complejos, largos y laboriosos. La gente joven y adulta toma proyectos dirigidos por ellos mismos por diferentes razones o propósitos.
En estos casos, la adquisición de diplomas o premios juega un papel menor; el encontrar soluciones a problemas prácticos o profesionales, el adquirir una mejor capacitación en la elección de importantes decisiones, la adquisición de habilidades personales y profesionales, o el interés en determinados campos son motivos importantes.
Resumiendo, la conducta es una reacción producto de una cadena de estímulos y respuestas. Desde este punto de vista, el aprender es algo que sucede al individuo pero no es necesariamente una acción conscientemente dirigida al propósito de la consecución de una meta. La teoría de la acción implica una perspectiva muy diferente del proceso de aprendizaje. Más todavía, en la teoría de la acción, las actividades o acciones son jerárquicas, organizadas por una anticipación de la meta y reguladas más o menos conscientemente.
El desarrollo del individuo en el transcurso de la vida incluye, pues, la adquisición de normas o moldes desarrollados por una sociedad, normas que se podrán aplicar fuera de las instituciones educativas si son adaptadas a estrategias diseñadas para una superación personal y social.
|