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Panamá, lunes 22 de diciembre de 2008
 

AIRES NAVIDEÑOS

Sin derecho a reclamar

Berna Calvit
bdcalvit@cwpanama.net

El mes de diciembre tiene magia. Con él llegan las brisas frescas que ahuyentan el húmedo calor de los rigurosos meses de lluvia; los días se tornan luminosos; la gente empieza a olvidar los sinsabores del año que termina; y a esperar el nuevo año con la esperanza de que sea más bondadoso. Fiestas y más fiestas celebran el nacimiento del pequeño Jesús que, la verdad sea dicha, queda sepultado bajo las toneladas de regalos que el capitalista y globalizado Santa Claus reparte por todo el mundo de la mano de los comerciantes que hacen su agosto en diciembre; deslumbrados por las novedades y muchas cosas lindas que no necesitamos, vamos dejando el dinero en las cajas registradoras y pegando “tarjetazos” que dolerán más adelante.

En eso hemos convertido el nacimiento del Jesús Niño. La asistencia a la Misa del Gallo, tradición llena de encanto y espiritualidad para los cristianos, va raleando año a año; la noche es poco propicia por causa de los malandros que no se toman libre ni la Nochebuena. Aromáticos pinos importados (o artificiales) le han quitado cartel al Nacimiento, proyecto familiar de muchas manos para hacer lagos y riachuelos conarena y espejitos; y papel manila, musgo, y acuarelas para recrear montañas donde colocar toda clase de animalitos (hasta dinosaurios y otros que no existían en Belén); y no importa que un ganso sea más grande que el elefante, o que el Niño Dios sea de mayor tamaño que el buey. Lo importante es que el recién nacido esté bien acompañado.

Símbolos de un final y un comienzo, el viejo 2008 se marcha cargando el saco de problemas sin resolver, y entra en escena el rozagante bebé 2009. Lo que hemos hecho con nuestra vida personal este año es asunto de cada uno. Lo que ha hecho el Gobierno es asunto de todos. En mayo, empezó la cuenta regresiva de la presidencia del presidente Torrijos; llevamos meses de agobiante campaña política con dimes y diretes de mal gusto en todos los bandos políticos. La obvia debilidad de un gobierno que cumplió muy poco de lo que prometió le allana el camino a la oposición que está cosechando, como fruta madura, el descontento de un pueblo que parece inclinado a repetir la histórica alternancia del poder. Al menos así aparentan estar las cosas en estos momentos.

Pero, ¡la economía!, crece y crece, dicen los del Gobierno; la ciudad se ha llenado de picudos edificios, parecemos Miami; miren qué linda va a quedar la cinta costera; el señor Bern nos va a construir allí un tremendo edificio de estacionamientos; ¡ahora formamos parte de la ruta de los cruceros! Si hasta David Murcia Guzmán se entusiasmó con la riqueza de Panamá, qué gran honor, y aquí plantó bandera Jean Figali (¿por qué será que pienso en el magistrado Spadafora?). Y vamos a vender islas y costas a tutiplén y el país se va a llenar de hoteles, casinos y millonarios. ¿La verdad? La verdad es que, como colectividad, terminamos el año con sentimientos negativos; de inseguridad; con los mismos problemas que tanto han desmejorado nuestra calidad de vida, todos ampliamente identificados (transporte, delincuencia, educación, corrupción…).

La Asamblea Nacional, carcomida por la vagancia, los chanchullos, botellas y botellones, y exoneraciones para descaradas rebuscas; hay ministerios adormilados, como picados por la mosca tse-tse; la Policía sigue sin dar “pie con bola”; y el presidente, convertido en pródigo Santa Claus, regala días libres, bonos navideños, exoneraciones de peaje y subsidios… A pesar de tan deprimentes circunstancias, los buenos ciudadanos siguen adelante, trabajando y educándose; dedicando tiempo a la cultura y a causas nobles. Es la gente que mantiene mi fe en un Panamá que no sucumbirá ante los que la saquean y la humillan.

Calados por el espíritu navideño nos distraen las pegajosas canciones que piden lechón y ven a mi casa esta Navidad; y la pintura para la casa, los juguetes para los chicos y la ropa para Año Nuevo. El 2 de enero despertaremos con “goma económica” y, de “ñapa”, con la campaña política arreciando con las promesas vanas de quienes se salen con la suya porque usted y yo se los permitimos.

“La existencia de un mal gobierno es menos perjudicial para la nación, que la de un mal pueblo”, fueron las atinadas palabras del distinguido jurista panameño Eduardo Morgan Álvarez, ya fallecido. Los gobernantes los escogemos usted y yo que somos el pueblo. Si nos volvemos a equivocar, la culpa será nuestra. Y sin derecho a reclamar. Pero nada me quita el deseo de desear a todos en mi Panamá, una feliz Navidad y un 2009 de paz y prosperidad.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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