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Opinión

LESIÓN AL PATRIMONIO CULTURAL

Demoliciones lamentables: Carlos Guevara Mann

Carlos Guevara Mann

La valoración del patrimonio histórico es una señal inequívoca de civilización y desarrollo, un medio eficaz para la elevación del espíritu y un vehículo para la paz. Así lo reconoce, entre otros organismos, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), cuya constitución propone “contribuir a la paz y seguridad”, entre otros medios a través de la “conservación y la protección del patrimonio universal de libros, obras de arte y monumentos de interés histórico o científico”.

A pesar de este planteamiento tan sensato, la misma Unesco reconoce que el patrimonio cultural y natural está crecientemente amenazado “de destrucción, no solo por las causas tradicionales de deterioro sino también por la evolución de la vida social y económica”. Según la Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural de 1972, ratificada por Panamá en 1978, “el deterioro o la desaparición de un bien del patrimonio cultural y natural constituye un empobrecimiento nefasto del patrimonio de todos los pueblos del mundo”.

Si de verdad aspiramos a niveles más altos de desarrollo, haríamos bien en “internalizar” estos y otros conceptos relativos a nuestro legado cultural y natural. En vez de promoverlo y protegerlo, sin embargo, Panamá cada vez somete a su patrimonio a mayores presiones.

En años recientes los panameños nos hemos resignado de manera preocupante a la pérdida de nuestra herencia cultural y natural, con consecuencias deplorables para nuestra propia calidad de vida. Hace mucho tiempo que los vecinos de la ciudad capital padecemos la construcción indiscriminada de edificios que obstaculizan la vista y el acceso a la bahía.

La destrucción de los barrios de La Exposición y Bella Vista, que destacaban por su diseño y contenido único en el mundo, es una tragedia nacional. El desorden imperante en el Casco Antiguo, ahogado en basura, congestionado por el tránsito, acosado por los problemas de seguridad y abandonado a la suerte de los especuladores, pone en riesgo su inscripción en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

La tendencia a aniquilar nuestro acervo cultural continúa inalterable, no solo en la capital sino también en el resto de la República. Hace unas semanas, los tableños se desayunaron con la demolición de la estructura señorial del hospital Gerardino de León.

El edificio, construido en la década del 30, albergó al nosocomio tableño hasta hace algunos años. Aunque se construyó un nuevo hospital en la década de los 90, se conservó la vieja estructura. Había planes de acondicionarla para poner allí una biblioteca, un museo o un centro cultural. Ninguno de estos planes, sin embargo, resistió las acciones de la demoledora.

La construcción del hospital Gerardino de León se inició el 1 de julio de 1931, por impulso del Dr. Ramón Mora, odontólogo tableño, miembro prestante de Acción Comunal y secretario de Agricultura y Obras Públicas en el gobierno del Dr. Alfaro. Culminó unos años más tarde, durante el gobierno del Dr. Harmodio Arias Madrid.

La edificación no estaba inscrita en el registro del patrimonio nacional. Pero más allá de eso, poseía una serie de atributos que la hacían digna de preservación.

Su fábrica era maciza, sobria y respetable, representativa del tipo de arquitectura pública de la época, similar a la del Instituto Nacional de Agricultura y el Instituto de Artes Mecánicas de Divisa, la Escuela Juana Vernaza de Guararé y la Escuela Belisario Porras de Las Tablas. Su erección simboliza los avances de la salud pública en los años siguientes a la fundación del Estado y los esfuerzos de algunos gobernantes destacados por difundir los beneficios de la higiene en todo el país.

A su vez, el nombre del nosocomio –Gerardino de León– honraba la memoria de un curador tradicional de la región, que durante años sirvió a la comunidad. Su nombre dado al hospital recuerda esas ejecutorias y la rica tradición cultural de nuestro interior.

Todo aquello quedó erradicado con los mazazos de la demolición, cuyo contrato, por cierto, ha debido costar varios miles de balboas. No es esta la mejor manera de contribuir al desarrollo cultural de la República.


Casas Viejas
Hace 8 mess

Para esta calaña de gente la cultura es lo que los hidrantes son para los perros. Y así van por la vida: detrás de alguna perra en celo y de hidrante a hidrante.

Manuel Espino
Hace 8 mess

Así es, Sr. Guevara. Las Tablas ha ido perdiendo su patrimonio arquitectónico por el desinterés de las autoridades que nos han tocado. El barrio de Punta Fogón casi ha desaparecido por dar paso a una estructura del seco Herrerano que solo se utiliza una vez al año. Este barrio y la Calle Bolívar tenían construcciones que debieron ser conservadas. Así perdimos la Fragua de Lalo, (intersección de la Avenida Moisés Espino y el Paseo Carlos L.López) donde no han construido nada y podría enumerar una larga lista de otras construcciones. Lo del antiguo hospital Gerardino De León es lamentable. Ojalá que lo que construyan allí sea un icono que le dé otra imagen a la ciudad y no un esperpento como ha sucedido otras veces.
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