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Economía

entre nostalgia y modernidad

En el Puerto de la Luna

Burdeos también guarda en su esencia la vistosidad de sus viñedos, verdaderos laboratorios del vino más famoso de Europa.

Aet Elisa Tejera C.
atejera@prensa.com

05/01/2012 - A Burdeos, ubicada al sudoeste de Francia, le llaman Puerto de la Luna por su forma parecida a la de un croissant.

Su arquitectura antigua contrasta con un moderno tranvía que serpentea sus calles y barriadas, mientras que en sus avenidas se palpa el incesante movimiento comercial.

El río Garona, con un ancho de 450 metros, atraviesa la ciudad que hasta el siglo XVIII fue el puerto más importante de Francia.

Fundada en el siglo III A.C., Burdeos mantiene en pie una arquitectura que también le brinda espacio a la modernidad. Y no solo es el tranvía, cuya forma se asemeja a la de una flecha con dos puntas, sino también la presencia de los cruceros que navegan por el río Garona trayendo anualmente 3 millones de turistas. Con algo más de 235 mil habitantes, Burdeos también guarda en su esencia la vistosidad de sus viñedos, verdaderos laboratorios de algunos de los vinos más famosos de Europa.

Merlot, Petit Verdot, Malbec y Cabernet Sauvignon son algunas de las variedades de uvas que brotan de estas fértiles tierras para la elaboración del vino tinto, además de las Sauvignon Blanc y Muscadelle en el vino blanco.

En esta región francesa se producen más de 800 botellas de vino anualmente.

Entre la modernidad y lo antiguo

Burdeos, en invierno, parece una fotografía en sepia. Las hojas de los árboles ya se han caído. El cielo es gris y sus edificios se elevan hasta máximo tres o cuatro pisos. Burdeos estaría anclado en la antigüedad si no fuera por el tranvía, el reordenamiento urbanístico y su fama de puerto inmemorial.

Lo moderno palpita con la alta costura de las tiendas de ropa Armani, Chanel y Blueberry, entre otras marcas que se dan cita en una enorme avenida del glamour. A las espaldas de la avenida de las grandes marcas se encuentra la calle de las ofertas.

En ella la gente camina como hormigas en busca de los precios y las rebajas. Abierta desde las 10:00 a.m. y cerrada a las 7:00 p.m.

Cuando comienza a esconderse el sol, en Burdeos es la hora del vino, una taza de café o un buen chocolate caliente. Las terrazas de los bares y restaurantes se extienden a las calles. Las carcajadas e historietas de sus visitantes y lugareños se conjugan en una sola mueca de felicidad.

Burdeos es la novena ciudad de Francia en tamaño, la sexta en número de universidades, pero la primera en nostalgia y producción de vino.

Tranvía y patrimonio

El no quedarse anclado en la antigüedad obligó a Burdeos a una revisión constante de sus carencias. En la década de 1980, por ejemplo, la ciudad se encontraba rezagada, sus calles estaban sucias y había un 20% de alojamientos vacíos.

Esta decadencia motiva al alcalde, Alain Juppé, a darle un giro a la ciudad y empieza una revisión de las infraestructuras y del sistema de transporte.

Originalmente la idea era la construcción de un metro, pero luego de muchos estudios se llegó a la conclusión de que este sistema no era apto para Burdeos porque resultaba muy costoso, explicó Michèle Laurë-Charlus, directora general de urbanismo de la ciudad de Burdeos.

Luego se optó por un tranvía que ayudara a descongestionar el centro histórico de la ciudad.

“Burdeos no puede ser una ciudad museo, es por ello la necesidad de mantener un conjunto urbano vivo, sin tener que sacrificar al patrimonio histórico de la humanidad”, comentó la directora de urbanismo.

Lograr este cambio en el casco antiguo, considerado como Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco, les tomó 11 años.

A través de cabildeos y talleres lograron convencer a los comerciantes, residentes y miembros de la Unesco, que en sus inicios se opusieron al proyecto de modernización.

El programa de extensión urbana contempló la construcción de tres líneas de tranvía y el ordenamiento de los muelles del río Garona que atraviesa la ciudad.

El tranvía, antes de ser una herramienta social que facilita el desplazamiento y un mejor transporte, es un mecanismo que permite rehacer la ciudad.

Este transporte se caracteriza por un sistema de alimentación de energía eléctrica a través de cables soterrados. El tranvía es ideal para pequeñas ciudades, porque a diferencia del metro tiene capacidad para transportar menos pasajeros. Además, circula a una velocidad de 17 kilómetros por hora.

El cambio radical que ha tenido Burdeos en los últimos 15 años no es el resultado de una operación urbana, sino el resultado de un trabajo realizado en espacio público para reactivar al Puerto de la Luna.

Datos de la ciudad

3

horas en tren rápido y una en avión toma llegar a Burdeos desde París.

10

museos municipales ofrecen a sus visitantes, entre ellos el de Bellas Artes, el Museo de las Artes Decorativas y el de Aquitana.

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