Hoy por Hoy

01/08/2014 - La sociedad ha visto en el acuerdo entre el panameñismo y el Partido Revolucionario Democrático una fórmula de impulsar iniciativas de interés general que hagan posible una gobernabilidad productiva. Eso es algo muy distinto a articular una complicidad que reedite vicios y prácticas para beneficiar de manera exclusiva a los partidos políticos como tales.

Es lo que se ve en el horizonte con el proyecto de ley para lograr que en aquellas jurisdicciones en las que finalmente se falle en contra de los candidatos impugnados, no se lleven a cabo nuevas elecciones sino que se favorezca a los segundos en disputa, de hecho los impugnadores.

Es un traje a la medida, similar al cortado con las reformas impuestas por Cambio Democrático en el quinquenio pasado. Debe esperarse el proceder del Tribunal Electoral y cumplir lo que la ley dispone.

Las reformas en ese campo deben ser integrales y en profundidad, como hace tiempo se requiere. No puede ser que el Legislativo inicie lo que se creía una era de respeto democrático bajo los signos de la trampa politiquera. No es eso lo que quiere el país.

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