Hoy por Hoy

22/08/2014 - La esencia mejor de las naciones está formada con el legado de ciudadanos únicos, al margen de que su desempeño tenga trascendencia pública.

Esa herencia es la que dota a las sociedades de determinación para encarar desafíos, de resistencia moral para combatir los absolutismos cuando asaltan el poder y de entereza para reemprender el camino cuando este se ha extraviado.

Mucho debe el país en ese sentido a hombres como Ricardo J. Bermúdez Alemán, y a él, en especial, haber abarcado con su inteligencia, visión y creatividad diversos campos de la vida nacional. Arquitecto, renovador urbanístico, ministro de Educación y decano de Arquitectura de la UP, es también –porque su obra perdura– una de las voces de nuestra literatura en cuento y poesía. Miembro del Frente Patriótico de la Juventud fue siempre un demócrata por cultura, convencimiento y acción que lo arriesgó todo para luchar contra la tiranía; esto lo llevaría a convertirse en uno de los cinco fundadores de La Prensa.

Humanista hasta la médula, lúcido ensayista y columnista brillante, además, su obra forma parte del patrimonio esencial de Panamá. Reconocerlo, estudiarlo y valorarlo es el mejor de los tributos al celebrar el centenario de su nacimiento.

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