Hoy por Hoy

25/10/2014 - En 1990, con la creación del Fondo de Emergencia Social (FES), se pretendía que el Órgano Ejecutivo fuera capaz de darle respuesta rápida a los problemas comunitarios más apremiantes.

El FES se transformó en el Fondo de Inversión Social (FIS), que tomó como norte satisfacer las necesidades del clientelismo político más abyecto.

El FIS devino en el Programa de Ayuda Nacional (PAN), el cual, a su vez, sirvió como plataforma para el bazar de compraventa de conciencias de diputados, y en el pasado quinquenio fue protagonista de los intentos de fraudes electorales sofisticados por parte de sus afortunados beneficiarios. No existe justificación técnica ni económica para el PAN.

Los tiempos burocráticos son sumamente largos cuando se dan situaciones de urgencia nacional, y por otro lado, la creciente red de asistencia social cubre a la gran mayoría de los sectores vulnerables de la población. En otras palabras, la única misión que le queda al PAN es la de servir de medio de negociaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo. Esto en un Estado de derecho se llama corrupción y no tiene razón de ser.

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