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DESPERDICIO


LA PRENSA/Ricardo Iturriaga.

 

 

En el corregimiento de Curundú, en las áreas revertidas, cerca del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (Mida), hay una tubería rota que diariamente bota miles de galones de agua potable. Mientras en este lugar se pierde a borbotones el preciado líquido, en muchas comunidades del país viven a la espera de que se les resuelva el problema de la falta de agua. Hasta el momento ningún funcionario del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan) se ha acercado para solucionar el problema.

 

 

La falta de cultura laboral

 

A partir del crecimiento de la economía en nuestro país, especialmente desde el año 2010, cada cierto tiempo vemos que en medios impresos, así como artículos en línea, se resalta con mayor frecuencia la necesidad de personal calificado. Sin embargo, veo que no se ha destacado un aspecto de gran importancia relacionado con ese aumento en la oferta de empleo y que, para desdicha de muchos empresarios, viene proliferando cada vez más, principalmente entre los jóvenes: la falta de cultura laboral.

¿A qué denomino cultura laboral? Por darle un nombre, a todas aquellas actitudes, comportamientos y lineamientos que desde siempre se han asumido y que deben cumplir los colaboradores en un entorno de trabajo, pero que parecen haber caído en el olvido.

Me llama poderosamente la atención, y no de un modo positivo, cómo cuando se está en un proceso de reclutamiento de personal los candidatos se comprometen a asistir a una entrevista y al llegar el día y la hora suelen presentarse tarde, sin ningún tipo de disculpa; en otros casos simplemente no aparecen, y algo muy común, su vestimenta es la de una persona que va a asistir a cualquier evento social, menos a una entrevista. Aunado a esto, una vez se desarrolla la reunión, por lo general lo primero que les interesa es el horario, preferiblemente que no sea rotativo, que no se trabajen los sábados, que sea de 8:00 a.m. a 5:00 p.m. Que no se malinterprete, todos tenemos derecho a solicitar las condiciones que mejor nos parezcan, pero en la mayoría de los casos son jóvenes sin ninguna experiencia laboral y muy necesitados, que no aprovechan la oportunidad de aprender y crecer dentro de una organización, así como de lograr una estabilidad, sino que prefieren siempre el camino más fácil.

Por otro lado, algo que se ha convertido en el día a día es que se ha propagado la práctica de “si no puedo asistir al trabajo, simplemente no aparezco” o en el mejor de los casos llamar a algún compañero para que lo reporte. ¿Cuándo dejó de ser una norma el reportarse a un jefe directo? Y aun peor, cuando son confrontados por su inasistencia, exponen excusas cada vez más comunes: me quedé dormido, no tenía minutos en el celular, me agarró el tranque, tuve una fiesta el día anterior, entre muchas otras.

He visto como al primer llamado de atención, a la primera solicitud de apoyo en horarios extras, en asistir a capacitaciones fuera del turno, el personal simplemente abandona el puesto de trabajo.

Existe cero tolerancia a aquello que se considera muy difícil, complejo o simplemente no me interesa porque fácilmente consiguen otro trabajo.

Considero que estas actitudes no deben ser aceptadas bajo ninguna circunstancia, ni convertidas en costumbre sino que tenemos la misión de formar a nuestros niños y jóvenes -desde la escuela primaria hasta la universidad- sobre el comportamiento correcto en un entorno laboral que nos ayude a demostrar mayor seriedad, estabilidad e imagen, tanto para nuestras empresas locales como en las multinacionales que cada día se establecen en nuestro país.

 



ALEJANDRA JOSEPH REVILLA
CONSULTURA DE SISTEMAS DE GESTIÓN DE CALIDAD


´Nada tengo que ver con Cerro Quema´

 

Me dirijo a ustedes en referencia al artículo publicado en lapágina 6A de la edición de hoy (viernes 18 de julio de 2014) bajo el título “Cerro Quema, mina de irregularidades” que lleva la firma de Mary Triny Zea, de la Unidad Investigativa del diario La Prensa.

En el texto periodístico al igual que en un recuadro que acompaña a la nota principal, bajo el titular secundario “Directivos de Minera Cerro Quema”, el diario menciona que yo, Roberto Roy, actual secretario ejecutivo del Metro de Panamá, aparece como directivo de la sociedad Nacional Investment and Holding Corp que, según publicación, guarda alguna relación directa o tangencial con Minera Cerro Quema.

Nada más alejado de la realidad. National Investment and Holding Corp, de la que soy directivo, es solamente dueña del hotel DeVille, ubicado en Campo Alegre, y no mantiene nexo comercial alguno con la empresa indicada en su artículo.

El hecho de que un directivo de una sociedad donde yo soy miembro mantenga otras actividades comerciales independientes de la primera no me hace partícipe de esas otras actividades comerciales.

Nada tengo que ver con la empresa de Cerro Quema.

Agradezco hacer las correcciones pertinentes y mucho les agradeceré que en el futuro me contacten previamente para validar su información.

ROBERTO ROY
MINISTRO PARA ASUNTOS DEL CANAL Y SECRETARIO EJECUTIVO DEL METRO DE PANAMÁ.

NOTA DEL DEFENSOR

Respecto a esta carta, recibimos la siguiente aclaración de parte de Mary Triny Zea, reportera de la Unidad Investigativa de La Prensa:

“Hay que dejar claro que en la nota periodística no se dijo que la empresa National Investment and Holding Corp, -en la que el señor Roberto Roy es directivo- tenga participación alguna con Minera Cerro Quema. La mención de National Investment and Holding Corp. -en la que Julio Benedetti es presidente- se debió a que entre sus directivos y exdirectivos figuran funcionarios de alta jerarquía del pasado gobierno, incluyendo al exmandatario Ricardo Martinelli. Es decir, se buscaba describir el círculo empresarial de Benedetti, persona que gestionó los permisos para esta minera”.

 



 


Aumento de la energía eléctrica

 

El tema que concentra la preocupación de todos al parecer es el aumento en la tarifa de la energía eléctrica. Pues bien, realmente esto es natural en el sistema de la libre empresa en donde debemos ser conscientes de que las empresas no se hacen con fines filántropos ni de hacer obra de caridad, sino con el fin de generar riquezas para el beneficio de sus asociados y eso está bien, lo que a la gente le preocupa es el cómo se generan esas riquezas y las consecuencias que pagan los demás.

El que vivamos o no con corriente eléctrica no es asunto de vida o muerte, pero es una necesidad en la vida moderna. Nunca podría imaginarme una ciudad sin corriente eléctrica que no regrese en sus costumbres a los siglos pasados. En la actualidad no es posible, ya ni en el campo.

Pero que esa necesidad de la vida moderna sea un pastel para quien quiera hacer riquezas exorbitantes se convierte entonces en un problema de índole social.

La llamada empresa Gas Natural Fenosa, que es la que controla realmente el consumo de la energía eléctrica de todos los panameños, declaró en el año 2011 una utilidad neta de $8 millones 662 mil 880; es decir, ganancia libre de todo. Y en 2012 reportó una ganancia de $ 5 millones 40 mil 014. La ganancia de 2013 no la pudimos obtener para confeccionar este escrito, pero me imagino que no varía mucho.

Pero hay que tomar en cuenta que esta empresa sólo se dedica a recoger utilidades, porque en referencia a mantenimiento, instalación de medidores, cortes de suministros, instalación de líneas, etc., etc., contrata otras empresas que también se llevan sus ganancias. Todas ganan; incluso los demás empresarios que consumen la energía les trasladan todos los aumentos de la tarifa a los demás consumidores, por lo que ellos tampoco pierden. Entonces, ¿quién pierde?

Fenosa tuvo en dos años utilidad neta de $ 13 millones 702 mil 894, pero en nuestro país hay una población inmensa que no son empresarios, son asalariados, con ingresos fijos, o profesionales que tienen sus honorarios limitados, en fin...

Todos esos panameños asalariados no pueden trasladarle a nadie el incremento de la tarifa, porque aún para pedir un aumento muchas veces tienen que hacerle una trifulca al patrón; tampoco pueden recurrir a otra actividad para generar más ingresos porque todo su valioso día lo dedican a su trabajo y los pequeños empresarios se van al derrumbe porque los clientes se les corren por encarecer las cosas. Entonces, ¿esa millonada que acumula Fenosa no es el resultado del sacrificio de la gente asalariada en nuestro país? ¿No significa entonces que quien pierde lo que la empresa gana lo es el llamado pueblo? Bien, todavía nos queda la promesa del señor Presidente de que el “pueblo es primero”.

Además, hay otro detalle que me gustaría que el gobierno analizara detenidamente. ¿Para qué sacrificamos nuestra naturaleza con tantas hidroeléctricas si la energía cada vez es más cara?

 



LUIS ERNESTO RAMÍREZ CASTILLO
ABOGADO Y EDUCADOR


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