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OBSTRUYEN LAS ACERAS


LA PRENSA/Gabriel Rodríguez

 

 

En la avenida Samuel Lewis, cerca al Santuario Nacional del Corazón de María, en plena área bancaria, varios automóviles mal estacionados ponen en peligro la seguridad de las personas que transitan por el área y que se ven obligadas a lanzarse a la calle, porque las aceras están obstaculizadas. Esto se ha convertido en una práctica común en Panamá, sin que hasta el momento las autoridades municipales y del Tránsito hayan encontrado un remedio.

 

 

Se refieren a obstáculos para agilizar trámites

 

Tener un puesto con tantas atribuciones y personal subalterno, como lo es el ser alcaldesa de la capital (Roxana Méndez) constituye un gran reto que es difícil de lograr en su totalidad, pero hay ciertas cosas pequeñas que con solo un poco de atención y buena voluntad se pueden corregir, total o parcialmente. A lo que me refiero, en esta ocasión, es al tema de los revisados de los automóviles, ejemplo: muy temprano esta mañana envié a revisar mi auto y después de una espera de más de una hora, el carro no pudo ser revisado debido a que en su expediente le aparecía una boleta, y el representante del taller dijo que deberíamos pagarla antes de efectuar el trámite. ¿Cómo? ¡Por favor, explíquenme qué tiene que ver un revisado en un taller particular con una deuda del Municipio! Tuvimos que transportarnos a una oficina municipal para pagar tal boleta para entonces volver al taller a sacar el revisado y luego volver nuevamente al Municipio a pagar y retirar la placa.

Si alguien me diera la más mínima razón lógica que apoyara tal medida me quedaría callado, pero estoy segurísimo de que esta no existe. ¿Lo lógico no sería comunicarle al propietario respecto de la boleta, proceder con el revisado y cuando este acuda al Municipio a pagar la matrícula, entonces se le cobraría la dichosa boleta? Voy más lejos aún: si el Municipio tiene todas mis direcciones, teléfonos, celulares, emails y hasta la dirección de mi residencia ¿por qué no me comunican que se le ha impuesto una boleta a uno de mis vehículos, que bien podría ir a cancelar enseguida a través del Banco Nacional de Panamá o a la propia Alcaldía como se hace en países modernos? En años anteriores he tenido otros casos igualmente absurdos: y es que se le impuso una boleta a uno de mis autos y no he podido sacar un paz y salvo para ninguno de los otros automóviles ni traspasarlo, si no pago aquella boleta que no le corresponde.

Independientemente de quien la tenga que pagar. ¿Las boletas se le imponen al vehículo o al propietario? Esto es totalmente absurdo y denota muy poca consideración para con los contribuyentes.

Estoy muy consciente de que estas disposiciones se implantaron antes de su período en la alcaldía, aunque no sé quién o cuándo se hizo; también estoy consciente de que generalmente los funcionarios subalternos siempre tratan de trabajar lo menos posible, ya sea por el solo hecho de pasarla mejor o, maliciando un poco, porque esperan alguna remuneración de quien necesite el servicio, pero son especialistas en buscar formas de obstaculizar todo. Estos procedimientos innecesarios producen: baja productividad, incremento en los tranques automovilísticos, consumo innecesario de combustible, disgustos y, sobre todo, mucha mala voluntad, aversión, y críticas innecesarias contra el Gobierno que, en este caso, trata de imponer cambios favorables en el país. Tómese el presente escrito más que como una simple crítica, como un sano consejo sobre medidas que se pueden tomar para favorecer a los contribuyentes, mejorar la atención pública y mejorar la imagen del Municipio.

 

JAIME CORREA MORALES
 EMPRESARIO


Idioma y estilo para una comunicación clara

 

Desde que La Prensa salió a la luz pública (4 de agosto de 1980) utiliza el idioma y estilo como herramientas para una comunicación clara, precisa y sencilla. El Manual de Redacción contempla algunos principios que deben ser objetivos permanentes del periodista.

El cumplimiento de esta tarea es lo que crea un enlace más efectivo entre el público lector y el comunicador, por tal razón hacemos énfasis en los procesos que facilitan que el mensaje llegue con mayor claridad.

A manera de recorderis para nuestros periodistas y lectores, presentaremos algunas reglas de estilo -contenidas en el Manual de Redacción- de obligatoria aplicación en la literatura periodística y que ayudan a una mejor relación entre redactor y destinatario del mensaje:

1-Las oraciones deben escribirse en el orden sintáctico común: sujeto y predicado, con sus respectivos artículos, conjunciones y preposiciones.

2-Según el Manual, no deben usarse palabras que no pertenezcan al idioma español. Como excepción podrán usarse aquellas palabras que no tengan una traducción exacta o que, de ser traducidas, perderían su significado, por ejemplo: geisha, Kibutz, software, sushi.

3-En materia de diseño editorial, las palabras de otras lenguas se escriben en cursiva si van en el cuerpo de la noticia. En caso de usarlas en títulos, colgados, sumarios, subtítulos y pies de foto se escribirán con comillas simples. Se debe evitar la división de palabras en otras lenguas; de ser absolutamente necesario, pueden dividirse según las reglas de la Real Academia Española, cualesquiera sean las suyas propias.

4-El periodista tiene la obligación de presentar una información comprensible al lector. Por tal razón, debe evitar el uso de jergas especializadas o palabras que se usen de manera inadecuada. Por ejemplo, la Policía llama “unidades” a sus integrantes, pero La Prensa evitará estas expresiones. Por lo tanto debe utilizar agente, miembro o integrante de la Policía.

5-El Manual convoca al periodista a llamar las cosas por su nombre, sin caer en eufemismos. Por ejemplo, se utilizará alza por reajuste de precios y vivienda en vez de soluciones de vivienda. Además debe abstenerse de utilizar vocablos o expresiones que puedan ser considerados denigrantes, discriminatorios u ofensivos. Ejemplo enfermo mental, en lugar de loco; personas con discapacidad o con capacidades especiales en vez de impedido.

 

 

HERMES SUCRE SERRANO
DEFENSOR DEL LECTOR


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