El que tiene boca se equivoca, o si no que se lo digan a Lars von Trier confesando su empatía con Hitler en Cannes o a Arturo Ripstein despotricando contra el jurado del Festival de San Sebastián, quienes se suman a la lista de “bocazas” del cine.
Von Trier y Ripstein no son los primeros ni serán los últimos que pierden los estribos fuera de guion.
Marion Cotillard dijo que las Torres Gemelas eran económicamente “un pozo” sin fondo y que “era mucho más costoso hacer obras, etcétera, que destruirlas”.
Otro abonado a la metedura de pata es Mel Gibson, al decir entre otras cosas que “los judíos son responsables de todas las guerras en el mundo”, mientras que Sharon Stone definió “como una cama sin hacer” la cara de una colega tan reputada como Meryl Streep, y Dustin Hoffmann dijo que los premios de la Academia de Hollywood eran “obscenos, sucios y no mejores que las competiciones de belleza”, pero cuando lo ganó, cambió de opinión.
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