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Mosaico

Llega Noriega

RAFAEL CANDANEDO
LA ÚLTIMA PALABRA

11/12/2011 - Cuando Noriega pise tierra panameña se encontrará con un país militarizado bajo el disfraz de una policía educada. Solo el batallón de fronteras supera por muchas veces aquel batallón que él demandó en auxilio para sofocar las asonadas en su contra en 1988 y 1989, cuando era el amo y señor del país.

Sabrá que habrá llegado a Panamá, pues la bienvenida será con las cacerolas y los pitos que desbordaron el sentir democrático en aquellas épocas y que se convirtieron en la antesala de la cruenta invasión militar estadounidense, del 20 de diciembre de 1989.

Si Martinelli sigue manejando la nación como su finca particular, con las sobrefacturaciones y comisiones de radares, los heterodoxos proyectos de provisión de hospitales y la generosidad en la distribución de tierras en las costas, debe mirarse en el espejo de Noriega.

A los intereses de la Nación panameña, no a los de italianos vividores de negocios chuecos en la República italiana, les conviene que esos contratos y adendas sean revocados, y denunciados y castigados los responsables de las irregularidades.

Rodríguez Zapatero era un zombi mucho antes de que tuviera que entregar el Palacio de la Moncloa, en Madrid, a su sucesor como presidente del gobierno español, Mariano Rajoy. Ni siquiera quienes le rendían pleitesía y los manzanillos –como suele espetar Martinelli- le telefoneaban o chateaban, a pesar de que aún el ninguneado Zapatero era gobernante. El teléfono era una pieza antigua inservible. En el traspaso de poder nadie quería ni dirigirle la palabra.

Es tan deprimente la caída de estos dioses de barro que alguien en Madrid inmortalizó la frase: “El poder es como un restaurante barato: no has terminado de comer y ya te están echando”.

Capo. Colisión lingüística de este término italiano, surgido del latino caput, que significa cabeza. En italiano, ´capo´ representa autoridad y es un vocablo positivo, pero en lengua española se le adiciona un significado negativo, cuando representa el jefe mafioso.

De su significado literal, se derivó el de jefe, superior, en italiano. Por las migraciones del país de La Bota, sobre todo hacia el Cono Sur, ´capo´ es una persona competente. Lo negativo: Extraditaron el capo a Nueva York. Lo positivo: Es un capo en la estimación de costos de materiales de construcción.

La colisión no demora. El melifluo Lavítola le endilga tremenda zalamería a su amigo Ricardo, el gobernante panameño, capo, como se usa en italiano, en la correspondencia virtual que intercambiaban y en la que dirigía a colaboradores del mandatario. ´Capo´, en labios de ese artista de los negocios estatales, son flores, a tal punto que el propio Ricardo se puso el sombrero de lexicógrafo, al definir el vocablo como jefe y presidente. Viva la amistad. En territorio latinoamericano, y en particular panameño, es “jefe mafioso”, como Pablo Escobar. No fue ese el sentir de Lavítola. Una congraciada que mata.

Aunque un porcentaje alto del vocabulario de nuestra lengua, proviene del Otro Lado del Charco en la América no pocas palabras adoptan otra conducta, como, por ejemplo chévere, cuyo origen está en el lugar de nacimiento de uno de los nobles más corruptos que hubo en España. Al jefe máximo de los mafiosos se le denomina con la palabrería italiana: capo di tutti capi.

´Caput´ deriva en ´cabeza´, en español, y ´capo´ en italiano. Como la cabeza se relaciona con el mando, es base para muchos términos: capaz, capataz, capitel, capellán, capital, capitán, capitolio, capítulo, caporal. Parientes son ´cabo´ (punta), que se emplea en los cuerpos policiales y militares también, y de él surge el verbo ´acabar´.

 

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