Está navegando en la edición del Domingo 17 de Junio del 2012. Para volver a la versión actual presione aquí.

Mosaico

Los hombres de rapiña

RAFAEL CANDANEDO
LA ÚLTIMA PALABRA

17/06/2012 - “Colorados, pesados, groseros, van por sus calles empujándose y rozándose animalmente a la caza del dollar. El ideal de esos calibanes* está circunscrito a la bolsa y a la fábrica. Comen, comen, calculan, beben whisky y hacen millones”: Rubén Darío.

Un perro cruzaba un río sobre el tronco de un árbol. Llevaba preso en su hocico un abundante trozo de carne. Contento por la hazaña, miró hacia el cauce y se vio reflejado en el agua.

La envidia lo mató: creyó que su propio reflejo era otro perro que flotaba y que el pedazo de carne que llevaba era más grande y jugoso que el de él. Se lanzó ladrando contra el perro reflejado en el agua, que era él mismo, y perdió su manjar en la maniobra.

Lo quería todo. Tanto lo suyo como aquello reflejado, que incluso creyó era mejor que su propio trozo. No valoró su propio premio, lo que ya tenía, y quiso acumular más de aquello que necesitaba.

MARTÍ

La codicia destruye personas y pueblos. Contra ella, escribió José Martí.

A sus autores los nombró “hombres de rapiña”. Ante la gula, en especial la del Norte, afirmaba Darío, debía prepararse la defensa.

A Darío le tocó vivir en la época de William Walker, quien, en tierra nicaragüense, se dirigía a las personas como quien caza conejos o venados silvestres.

La fiesta de la muerte anima a los “hombres de rapiña”. Su actuar profundiza la vulnerabilidad de pueblos enteros, cuyos espacios y bienes son víctimas de la motosierra y de las grandes máquinas para amasar fortunas y destruir el hábitat.

Sobre los “hombres de rapiña”, de los que él fue víctima en su época, Darío expresaba: “No quiero estar de parte de esos búfalos de dientes de plata”. “Son enemigos míos: son los aborrecedores de la sangre latina. Son los bárbaros”.

CODICIA

Nacido en Metapa, Matagalpa, en 1867, Darío es el máximo representante de la corriente modernista de la lengua española. Uno de los poetas más influyentes durante el siglo XX. Contra la opresión y la codicia, Félix Rubén García Sarmiento indicaba: “Parecíame sentir la opresión de una montaña, sentía respirar en un país de cíclores, comedores de sangre cruda, herreros bestiales, habitadores de casas de mastodontes”.

Instaba el nicaragüense, autor del bello poema A Margarita Debayle, a que frente a esos “comedores de sangre cruda”, en instantes atribulados, quienes estuvieran del otro lado, la antítesis, se uniesen en alma y corazón, ya que, acentuaba, “el sol no nos ha abandonado y el renacimiento es propio de nuestro árbol secular”.

Ante la idea de que esos mastodontes son más fuertes y que pueden tragarse o aplastar a los otros, pues están inflados de superioridad, el poeta señalaba: “Sí, ¿cómo no voy a ver el monte que forma el lomo del mamut?

Pero, ante Darwin y Spencer, no voy a poner la cabeza sobre la piedra para que me aplaste el cráneo la gran Bestia”.

Los “hombres de rapiña” pueden morir indigestos. No hay “hombre de rapiña” que dure 100 años ni pueblo que lo resista.

*Calibán, salvaje primitivo, esclavizado por el protagonista, en la obra La tempestad, de William Shakespeare.

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia S.A.

EDICIONES ANTERIORES