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Mosaico

San Heródoto

RAFAEL CANDANEDO
LA ÚLTIMA PALABRA

13/05/2012 - El primer reportero se concentra en saber y conocer. Desarrolla su tarea en un momento del siglo V a.C. Es Heródoto, nacido en Halicarnaso, Anatolia. Él idea unos procedimientos para descubrir, conocer y describir la historia, in statu nascendi; cómo los hombres la crean día a día y por qué a menudo se desplaza en dirección contraria a la que ellos desean y ambicionan. Se percata de que el camino de un reportero es la fuente. Pero no una sola, sino una cantidad abrumadora.

Se impone este reportero el más ambicioso de los objetivos: inmortalizar la historia del mundo. Las personas solo recuerdan aquello que quieren recordar y no lo que en verdad ha sucedido. Cada individuo la tiñe del color que más le conviene y prepara en su crisol particular su propia mezcla. Imposible desentrañar el pasado tal como fue; solo podemos acceder a sus muchas variantes, a versiones más o menos verosímiles o a las que mejor se ajusten a nuestras expectativas.

Para completar el rompecabezas de la historia, hay que moverse y descubrir ideas nuevas. Este narrador polemiza con sus compatriotas, demuestra y prueba, por ejemplo, que los griegos, sin la cultura egipcia, no serían nada.

Hay una interacción constante entre las civilizaciones. Es un cronista y, al mismo tiempo, un patriota griego. Patriota y no patriotero. Selecciona palabras dramáticas, que sirven para mostrar la desgracia humana dentro del conflicto. Le importa sobre todo exponer las razones de las dos partes del conflicto.

No juzga, da a los lectores las facultades y los materiales necesarios para que se formen su propia opinión. Muchas veces intercala preguntas en sus relatos.

Cita las más variadas y diversas opiniones sobre un acontecimiento o las rechaza por absurdas. Construye con su relato aquello que 25 siglos después denominamos ´discurso periodístico´. Cualquier parecido con la narración contemporánea no es pura coincidencia: “según los persas...”, “a decir de los griegos...”; “unos dicen... otros, en cambio, sostienen...”.

Basa su metodología en la observación personal (descripción geográfica, descripción de costumbres y aspectos relevantes); parte de fuentes escritas (autores presocráticos e incluso jeroglíficos), testimonios orales, y una buena dosis de argumentación para establecer relaciones de afinidad o profundizar en el examen crítico de lo enjuiciado. No faltan los oráculos, con sus comentarios posteventum, y el querer de los dioses.

Fuente de información valiosa son los depositarios de la memoria: los cronistas espontáneos, los contadores ambulantes y los trovadores, tatarabuelos de los pregoneros de nuestras campiñas, en peligro de extinción, y parientes lejanos de los improvisadores de décimas.

Es criticado por desconocer nociones mínimas de táctica y estrategia militar. Todo un pionero de la corresponsalía de guerra... Y se equivoca: concluye que cada leona solo está habilitada para parir una vez y un solo cachorro. La evidencia asolea ese infundio.

Padre de la historiografía y primer reportero. En el año 444 antes de Cristo escribió su obra Historia, considerada el primer gran reportaje. Está dividida en nueve libros, dedicados a las nueve musas (Clío, Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Erato, Polimnia, Urania y Calíope). Narra con precisión las Guerras Médicas entre Grecia y Persia.

Autocrítico de su trabajo, Heródoto admite: “Si yo me veo en el deber de referir lo que se cuenta, no me veo obligado a creérmelo todo a rajatabla; y que esta afirmación se aplique a la totalidad de mi obra” (cita del libro VII).

Viajero frecuente por mar, desiertos y montañas, Heródoto exponía su seguridad personal para completar su investigación periodística.

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia S.A.

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