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Opinión

MAREA ROJA

Un baño de realidad: Daniel R Pichel

30/06/2013 - Por un día, hablemos de fútbol. Y no de “canchas” remozadas con fondos privados o públicos, sino de nuestra Marea Roja.

Antes que nada, quiero decir que me alegra mucho ver los avances que hemos tenido en cuanto al nivel de nuestra selección mayor. En un lapso relativamente corto, hemos dejado de ser “la cenicienta” de Concacaf para ser tomados en cuenta. Esto produce un inusitado entusiasmo en todo lo referente al fútbol y a las actuaciones del equipo nacional. A estas alturas, estamos jugando el hexagonal de la región en un torneo en el que, de seis equipos, tres irán directamente al Mundial y un cuarto se jugará un puesto adicional con un equipo de Oceanía. Estadísticamente, ya hay oportunidad.

Lo malo de todo esto es cómo generamos expectativas y metas que son muy poco probables de alcanzar. Obviamente, debemos seguir intentándolo, y tenemos que apoyar al equipo sin perder la perspectiva de lo que es real y lo que son sueños de opio. Así, en este momento, para jugar repechaje no solamente dependemos de nosotros, sino que tenemos que meter a Baldor en la jugada, pues requerimos ciertas maromas numéricas que implican que otros (particularmente Honduras), hagan algo mal. Cuando se llega a este punto, después de haber jugado seis partidos, la cosa no anda muy bien que digamos.

Pero dejemos a un lado los apasionamientos y nacionalismos para ver fríamente nuestra realidad. Hoy, el nivel de juego que exhibe el equipo de Panamá nos debe hacer pensar en el cuarto puesto de repechaje contra Honduras. México, Estados Unidos y Costa Rica están por arriba de nuestro equipo, lo que no debe tampoco sorprendernos. México siempre ha sido el equipo a vencer en Concacaf. Además de tener una gran cantera de futbolistas, tiene una liga con un gran presupuesto, ha organizado dos campeonatos mundiales y ha alcanzado posiciones en el fútbol mundial que ningún otro país de la región ha siquiera soñado. Estados Unidos tiene un presupuesto casi infinito para el deporte y, por esa razón, ha logrado desarrollar una liga bastante competitiva, en la que tradicionalmente terminan su carrera grandes estrellas. Costa Rica tiene una liga de gran tradición, con equipos de trayectoria local importante como Saprissa o Deportivo Alajuela. Antes de que en Panamá hubiera una liga como tal, ya los ticos tenían a profesionales. Como bien dijo David Samudio en su columna de la semana pasada, esas cosas son las que, a la larga, llevan a los equipos a los campeonatos mundiales.

Panamá tradicionalmente fue un país de béisbol, donde el fútbol era un deporte con mucho menos arraigo (posiblemente relacionado con la gran influencia americana y caribeña ligada al Canal). Por años, en las décadas de 1950 y 1960, los equipos aficionados de Panamá eran seguidos y en gran parte financiados por las colonias española e italiana que vivían en nuestro país. De allí surgieron clubes que hacían una liga aficionada que no podía aspirar a mucho. Pero, desde el final de años 1970, Panamá comenzó a participar de las eliminatorias a torneos de FIFA. Aún recuerdo la primera vez que le ganamos 3 a 2 a Costa Rica en el entonces estadio Revolución. De allí, comenzamos a crecer.

Hoy, la cosa es diferente. Tenemos una liga que aún lejos del nivel de las que tienen México, Estados Unidos o Costa Rica, comienza poco a poco a tener su afición. Sin embargo, frecuentemente leemos en las redes sociales que parecemos más madrileños o catalanes que panameños, simplemente por las expectativas que generan en nuestro país los partidos de la liga española. Esto es consecuencia de la globalización y el desarrollo de las comunicaciones. Hace 30 años solamente se veían en nuestro país algunos partidos de los mundiales. Hoy tenemos canales que nos permiten ver constantemente partidos de ligas europeas y suramericanas. Esto, si bien genera afición, también permite darnos cuenta de lo lejos que está nuestro fútbol de todo aquello. Y no vale decir “déjense de Real Madrid, Barcelona, Milan o Chelsea y vean al Tauro y al Árabe Unido”. El ser humano siempre disfrutará las cosas buenas, y por eso, a quien le gusta el fútbol, tratará de ver esos partidos. No es un tema de nacionalismo, es un tema de calidad.

Pero hay la otra cara de la moneda. Como el fútbol es un grandísimo negocio, las televisoras y las empresas patrocinadoras generan toda una expectativa basada en premisas falsas, con tal de hacer negocio, ganar rating y vender camisetas. El negocio parece ser tan bueno que hace unos meses hubo hasta una demanda por el enredo de los contratos con las cerveceras que querían patrocinar a la Marea Roja. Por otro lado, mantener entretenida a la población con eventos deportivos siempre ha sido una buena distracción para que no piensen en otras cosas. No olvidemos que, durante muchos años, “el gobierno revolucionario” (Guaggg) hizo del boxeo el tema favorito de la población. A fin de cuentas, lo de “pan y circo” ha sido válido desde la época de los romanos.

Dicho todo esto, sigamos disfrutando y apoyando a la Marea Roja. Como dicen, la esperanza es lo último que se pierde, siempre y cuando tengamos clara nuestra realidad. Así, evitamos desilusiones. Mientras, aprovechemos para ver las ligas que nos permitan apreciar el buen fútbol. Así se aprende. Por mi parte, espero que España le gane hoy a Brasil... @drpichel

 

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