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Opinión

TEMA PENDIENTE

Consensos y alianzas en educación: Rolando Mendoza Ibarra

19/12/2012 - ¿Por qué razón los actores involucrados en el sistema educativo panameño tienen ya más de tres décadas de confrontación? Es un tema que amerita las más objetiva y profunda reflexión, en la medida en que esta situación se relaciona con el pasado, el presente y el futuro de un país que no ha logrado el adecuado desarrollo de sus capacidades humanas para su inserción eficiente en las actividades económicas fundamentales, es decir, en aquellas en las que se genera valor agregado real y contribuir así, en forma eficaz, al desarrollo económico, social y humano de una nación cuya riqueza parece casi imposible que pueda distribuirse en forma mucho más equitativa, como consecuencia principalmente de los bajos niveles de escolaridad y de calificación de su población.

Durante la década de 1970 del siglo XX próximo pasado, el régimen militar bajo la hegemonía de Omar Torrijos inició un proceso de reforma de la educación, el cual privilegiaba el aprendizaje orientado a la producción, ya fuera hacia el sector agrícola y pecuario o hacia el sector industrial o comercial.

No obstante, voces disidentes de aquella época, encabezadas por los gremios magisteriales articularon un discurso anticomunista en contra de una reforma de la educación que en nada se acercaba a un modelo socialista ni mucho menos comunista; lo cual finalmente determinó que aquel régimen dictatorial eliminara de un plumazo todos los avances de aquel intento de transformación educativa. Este histórico evento fue el resultado de la prolongada huelga magisterial de 1979, hecho que puso en peligro el calendario lectivo de ese mismo año.

Como consecuencia directa de la derogatoria de la reforma educativa, se retomaron los viejos planes y se estableció una Comisión Coordinadora de la Educación Nacional para diseñar un nuevo modelo educativo que nunca concretó un resultado susceptible de implementación sin traumas. En esta estarían representados los gremios de maestros y profesores y, lógicamente, del Ministerio de Educación y otros actores sociales no menos importantes, como la iglesia.

Pasados los años, aquel triste logro de los profesores y maestros se disipó y volvieron a retomar el camino de la confrontación, algunas veces de mucha algidez y otras con cierta moderación, bajo argumentos carentes de mayor contenido, pero siempre lleno de insatisfacciones y excusas para utilizar la huelga como el instrumento de amenaza y presión sobre las autoridades educativas como la forma expedita de lograr sus pretensiones, las cuales en la práctica han quedado reducidas a demandas de carácter reivindicativas.

Sin embargo, lo que no parecen entender, ambos grupos de actores, es que en este estira y afloja, no solo sufren directamente los estudiantes, sujetos y objetos de la educación; sino la suerte de la nación en el mediano y largo plazo. Y aquí las autoridades del Ministerio de Educación, a través de su más alta representación, el ministro o ministra, deben poner un alto, no para corregir ni enrumbar el pensamiento y la conducta histórica de los gremios de educadores, sino como actor más fuerte convocar un diálogo franco, serio y sincero que busque la construcción de consensos hacia un nuevo sistema educativo y no la profundización de los disensos y poner fin a la era de las consuetudinarias confrontaciones, garantizando que los actores más débiles pasen a jugar un papel de aliados estratégicos en función de una visión, también, estratégica en beneficio de las presentes y futuras generaciones de niños y jóvenes que mañana les tocará dirigir el desarrollo económico y político del país, pero sobre la base de un nuevo escenario donde la persecución a los educadores que disienten de las directrices oficiales no tengan cabida, ni las amenazas y huelgas infructuosas continúen siendo la herramienta para el logro de beneficios.

Sería de justicia que en el marco de un nuevo enfoque el Ministerio de Educación anteponga la consulta ante la imposición y desista de las represalias contra los educadores y, en su lugar, reconozca el mérito y el sacrificio de miles de hombres y mujeres de este país que se dedican a la sagrada misión de educar y formar a nuestros hijos, incrementando sus salarios y todo aquello que pueda representar una mejoría de las condiciones para la prestación del servicio de la enseñanza.


Alfredo Sanchez
Hace 2 aos

hay que ser honestos, en la medida que los gremios impriman cierto grado ideologico a estos movimientos, no cabe ningun dialogo, siempre se han sentado para decir no, los maestros deben buscar dirigentes mas liberales, dispuestos al dialogo, los actuales funcionan pricipalmente en base a mentiras, desinformando a la poblacion torpedeando las decisiones del ministerio, maestros, busquen dirigentes que los desprestigien menos.

AMICUS VERITAS
Hace 2 aos

esto se logra si los personeros del meduca dejan de ser prepotentes, comenzando por la ministra, si sus directores y supervisores dejan de ser los sabelo todo y comienzan a visitar escuelas y a reunirse con los docentes y dejan de inventar.
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