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Opinión

CONTRASTES

Entre Somalia y Finlandia: Daniel R. Pichel B.

Daniel R. Pichel B.
d.r.pichel@mac.com

30/12/2012 - Panamá es un lugar único. Dependiendo de qué fuente utilice uno para enterarse de nuestra actualidad, se podrán sacar conclusiones diametralmente opuestas. Esto, evidentemente, deja mucho que desear en cuando a la objetividad y confiabilidad de nuestro periodismo y nuestros comunicadores.

Por eso, si utilizamos como referencia la primera sección de La Prensa, o los noticieros de las mañanas con sus sempiternos “referentes democráticos” de pacotilla, posiblemente pensemos que vivimos en una nación del cuarto o quinto mundo. Podemos estar seguros de que allí habrá predominantemente noticias y reportajes sobre actos de corrupción, malos servicios públicos, quejas de cuanto gremio se nos ocurra, amenazas de paros y huelgas, calles que colapsan, inundaciones por irresponsabilidad del gobierno, falta de transparencia, concentración de poder, violaciones a las leyes, conflictos de interés, negociados, trampas, sobreprecios y trabajos de mala calidad.

Pero si optamos por utilizar como fuente de información el Panamá América, o los canales y emisoras progobierno, entonces creeremos que hemos llegado a un lugar que debe ser la envidia de cualquier país escandinavo. Allí, encontraremos principalmente noticias que se refieren a crecimiento económico, inauguración de proyectos, reconocimientos internacionales, éxitos de panameños, evaluaciones positivas, reformas curriculares, disminución de delincuencia, mejoras de indicadores macroeconómicos, eficiencia administrativa, investigaciones policiales, grados de inversión, ingresos por el Canal, avances de proyectos, licitaciones adjudicadas y modernización de infraestructuras.

Lo cierto es que quienes visitan Panamá (como ha sido el caso de algunos familiares que hemos tenido de visita este año), invariablemente quedan impresionados ante el país que disfrutamos. El crecimiento de la ciudad, el auge inmobiliario, el centro bancario, el aeropuerto, los puertos de cruceros, la mezcla entre lo tradicional y lo moderno, nuestra oferta comercial, nuestro Canal y nuestra naturaleza, son fuentes interminable de alabanzas hacia Panamá y los panameños. La frase más común entre los turistas es “yo nunca me imaginé que Panamá fuera esta maravilla”.

En algún punto intermedio entre esos dos extremos, está la verdad del país. Un lugar con defectos y virtudes. Como todos. Donde conviven algo más de tres millones de personas con orgullos y con necesidades. No se trata de resaltar solamente lo bueno ni de dejar de denunciar y criticar lo malo, porque todo lo que decimos, termina santificando o satanizando al país como un todo. Así, cuando un turista nos habla de lo impresionado que se siente al conocer nuestro paisito tropical, cuando le salimos con la retahíla de quejas sobre todo lo malo que tenemos, simplemente se queda en Babia.

En ese sentido, llama la atención lo diferentes que somos de nuestros vecinos los costarricenses. Cuando preguntamos a un tico, cómo van las cosas por su país, las respuestas son casi siempre: “pura vida Mae”, “excelente”, “de maravilla” o “creciendo”. Sin embargo, cuando se hace la misma pregunta a un panameño, lo que escuchamos con más frecuencia de lo que quisiéramos son cosas como: “mal, la corrupción está acabando con el país”, “pa tras como el cangrejo” o “de mal en peor”. Eso, tal vez tenga algo de cierto y sea muy honesto decirlo, pero genera una pésima impresión del país, sin ser más que una consecuencia de un montón de enredos políticos transitorios. Y no se trata de convertirnos todos en promotores turísticos, como parecen ser los ticos, sino de comprender que cuando alguien nos pregunta sobre Panamá, lo que le interesa es saber sobre el Canal, los rascacielos, la vegetación y el clima, y no sobre los jamones de Chello, las peleas entre el Presidente y el Vicepresidente, la delincuencia, o la nauseabunda oferta electoral que se perfila en nuestro horizonte. Ante esto, lo verdaderamente importante es determinar qué estamos haciendo los panameños para que nuestro país sea cada vez mejor. Hace un par de semanas, me explicaron una teoría al respecto que, si bien me parece interesante, no deja de preocuparme. Supuestamente, los países llegan a un punto de desarrollo alrededor de 15 mil dólares per cápita de producto interno bruto, como consecuencia del desarrollo financiero y de infraestructura. Sin embargo, para subir de ese nivel, lo que se necesita es ser menos dependiente de los bolsillos y más del cerebro. O sea, que para progresar de donde estamos hoy, necesitaremos principalmente desarrollo social y humano, más que seguir construyendo infraestructura. Ese último salto, necesario para llegar a pertenecer al primer mundo, requiere de las inversiones que justamente Panamá no ha hecho en los últimos 50 años. Se requiere más educación, responsabilidad social, honestidad administrativa y emprendimiento.

Son estos los elementos que nos llevarán a ese anhelado primer mundo que se ha constituido en una quimera para la mayoría de los países latinoamericanos.

Lo más preocupante es que para tener dentro de 10 años una población lista para enfrentar el reto que representa ese último paso, teníamos que estar invirtiendo en formación humana hace buen rato. Desafortunadamente, eso está muy lejos de lo que se percibe en nuestro país. Mientras sigamos rindiendo honor al “juega vivo”, o hagamos de la politiquería barata el combustible para obtener riquezas individuales sin pensar en el bienestar de la sociedad en su conjunto, es poco lo que podemos esperar.

Por eso, va siendo hora de que todos entendamos que nosotros, si bien no somos Somalia, tampoco somos Finlandia. Posiblemente estemos en el punto medio entre ambos. Dependerá de lo que hagamos en el futuro, a cuál de los dos extremos nos acercaremos. De nosotros depende...


Hedley
Hace 1 ao

Es increíble el veneno viperino soltado bajo la sombra del anonimato... A mi me parece nauseabundo ver los intestinos al aire desparramados en uno y otro medio

ahadames
Hace 1 ao

lo que pide el autor es algo asi como que seamos idiotas para que otros se sientan felizes

Franklin Castrellón
Hace 1 ao

Al Dr. Pichel parece preocuparle el papel fiscalizador que ejercen algunos medios, en ejercicio responsable de la principal función de la prensa. La corrupción no desaparece ignorándola. Hay que denunciarla y combatirla.

Casas Viejas
Hace 1 ao

pero, qué se puede esperar de un gladiolo...??

camilos
Hace 1 ao

Jajaja. Esa palabra me da risa. Es resultado del buen humor panameño. Pregunto: ¿hay evidencias de que pichel es gladiolo? Sí he notado que sáez y él como que han bajado el tono en sus críticas al gobierno y critican mucho a los medios. Pero mi amor por la verdad me impide asegurar algo de lo cual no estoy seguro. Saludos.

Casas Viejas
Hace 1 ao

honestamente, no creo que ninguno de los dos se siente una o dos horas al día a escribir desde el call-center del 99. ahora, sólo hace falta leer lo que escriben, que es lo suficientemente elocuente para demostrar su apego, consideración, y respeto por martinelli. al margen de los vínculos familiares e íntimos de otro tipo que ambos mantienen. yo no creo en gladiolos, pero de que vuelan, vuelan.

camilos
Hace 1 ao

jajajaajajja. No sabía que los "gladiolos" volaran. Esa también está buena. Bueno, he gozado tus ocurrencias. Un abrazo, amigo.

camilos
Hace 1 ao

jajajajajajajajajajajajaja. Reí como un enano. Metiste un golazo con eso de que no creías que los dos se sentaran una o dos horas al día a escribir desde un centro de llamadas del 99. ¡Buenísimo! Lo gocé porque me imagino las cosas graciosas que leo en los foros, y esa me la imaginé a todo color, en vivo y en directo. jajajaajajajaja. Y si veo una comedia, gozo como un niño. Por ello las comedias son mis preferidas. No tengo tiempo para guerras ni espantos. Feliz año.

Uther Pendragon
Hace 1 ao

Desarrollo social es lo q menos puede interesarle a la oligarquía...un pueblo subdesarrollado y dócil es más fácilmente explotado

Tiromo
Hace 1 ao

correctto compañero, la educacion es el veneno de la corrupcion...
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