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Opinión

PRIORIDADES

Invertir para promover la cultura: Javier Stanziola

02/09/2013 - Recientemente, el poeta Orestes Nieto expresó su descontento con la publicación de su último libro a manos del Instituto Nacional de Cultura (Inac). La publicación forma parte del compromiso de la institución con los ganadores del Premio Ricardo Miró 2012, que yo recibí ese mismo año en la sección novela.

Igual que Nieto, afronté ciertos problemas con la publicación de mi novela, pero a diferencia de él tuve una experiencia positiva con los funcionarios del instituto. De una forma cordial y profesional, un grupo de excelentes profesionales públicos arregló el problema rápidamente. Sin embargo, el descontento del poeta no debe quedar como simple queja o chisme. La baja calidad en la impresión de las obras ganadoras del máximo premio de literatura panameña refleja el grave problema estratégico en nuestras políticas culturales.

El Inac reparte $75.000 por partes iguales entre los cinco ganadores del premio. Sin embargo, tiene un presupuesto extremadamente limitado para promocionar el Premio (la soporosa ceremonia de entrega grita “no tengo presupuesto para esto”, y cuenta con la asistencia de familiares y otros escritores, pero con muy poca cobertura de canales de televisión). De igual manera, el Inac es víctima de una anticuada tecnología editorial. Aún imprimen libros en papel blanco hiriente, de tiendita de la esquina, lo que limita el potencial comercial y de exportación de las publicaciones. A pesar de tener un gran equipo de profesionales con experiencia editorial, de mercadeo y relaciones públicas, carece de fondos para explotar el talento de nuestros escritores.

¿Cuál es la alternativa? Replantear el premio como un instrumento para promover activamente el poder transformativo de la literatura en el país y en el resto del mundo. En vez de entregarles $75.000 a los escritores, este dinero debería ser invertido en mejores publicaciones que puedan competir con los Alfaguara.

El Inac podría usar esos fondos para promover de forma efectiva estos libros en las ferias literarias de Latinoamérica. No basta montar una mesita en la feria de Buenos Aires, esperando que alguien pregunte por la última entrega de Orestes Nieto. El instituto tiene equipo capacitado en mercadotecnia y relaciones públicas y, con un mejor apoyo financiero, puede realizar actividades de mayor impacto en estos eventos.

Por último, como compromiso a los contribuyentes que pagan el premio, los ganadores deberían convertirse en los escritores de la nación por un año. Ayudando a implementar planes de promoción cultural y escribir cuentos, poemas o artículos de opinión cada mes en los diarios, tocando temas sociales y culturales.

En vez de promoción cultural, el Miró es ejemplo de la política de beneficencia. La política cultural debe dejar de enfocarse en el artista como objetivo último de sus acciones. Es tiempo de posicionar la cultura y los artistas como herramientas esenciales para iniciar procesos sociales y políticos transformativos.

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia S.A.

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