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Opinión

SOCIEDAD POLÍTICA

La democracia electoral: Jorge E. Madrid M.

04/05/2013 - La democracia, en su significado etimológico, significa demo (pueblo) y cratos (autoridad), se traduce en “autoridad del pueblo”. Nunca se especifica que su objetivo se debe entender como “electoral”, pero esa connotación es la que más se le ha dado a este derecho inalienable de todas las personas que desean convivir en paz y armonía con todos sus coterráneos o pares ciudadanos.

Reducirla a un simple proceso electoral, cada cinco años, como una garantía para la legitimidad de todas las otras instituciones de la sociedad actual (poderes Legislativo, Ejecutivo, Judicial y popular) es intencional y causante de gran parte de los problemas que se generan con esa visión estrecha del derecho de las personas a participar en la toma de decisiones que afectan su diario vivir, tanto en lo material como lo inmaterial.

En este contexto, en Panamá se han legalizado dos tipos de democracia electoral; una consignada en la elección, cada cinco años, del presidente, diputados, representantes, alcaldes, etc., en todo el país, organizada por el Tribunal Electoral y en la que todas las personas votan directamente por su candidato de preferencia, sin intermediarios.

La otra es la que hacen los partidos políticos, primero, mediante las conocidas “internas” en las que eligen a sus delegados o representantes del total de la membresía, para que estos, en otra elección, escojan a sus dirigentes (democracia representativa). Acto seguido, realizan las denominadas “primarias” para escoger a los candidatos a Presidente y a todos los otros puestos de elección popular de su partido político.

Esta democracia partidista, dirigida por sus élites políticas internas, les facilita el control de quiénes serán nominados a puestos de elección popular. Como resultado de esta, que propone la mayor cantidad de candidatos, al resto de la población no le queda otra alternativa que votar por los aspirantes escogidos por la estructura política legalizada por las leyes electorales establecidas.

Para 2014, tendrán derecho a votar por los candidatos más de 2 millones de panameños(as), en las urnas establecidas por el Tribunal Electoral, y las opciones estarán condicionadas a los criterios de selección de los partidos con mayor membresía; los tradicionales y con grandes recursos económicos para sus campañas proselitistas en todo el país. Es una democracia electoral controlada por el poder económico de las élites sociales de la burguesía o clase alta porque, entre otras razones, las condiciones para inscribir un partido son costosas, intencionalmente.

Quien gane las elecciones de 2014, sea el partido de gobierno u otro de la “oposición temporal”, mantendrá la mala distribución de la riqueza intacta. No cambiarán las relaciones sociales de producción; surgirán nuevos dueños dentro de sus estructuras, con las mismas reglas y beneficios, y la tercera parte de la población continuará en la pobreza y pobreza extrema, a pesar de contar con el mejor tren de Centroamérica, de ser el hub de vuelos a la región, del boom económico, de tener las mejores calles y avenidas, el mejor aeropuerto de Latinoamérica y el mejor canal interoceánico en el mundo.

Este panorama se refleja claramente en las palabras del prólogo del Informe sobre Desarrollo Humano 2013, escrito por Helen Clark, administradora del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en el que pide “más transparencia y rendición de cuentas”, y resalta el papel de la sociedad civil mundial en la defensa de estas, así como “un mayor poder de toma de decisiones para quienes resultan más directamente afectados por los problemas mundiales, quienes a menudo son las personas más pobres y vulnerables de nuestro planeta”.


Fuerzas independientes....
Hace 1 ao

Un voto un ciudadano sin trampas disfrazadas tipo extintas planchas y residuos, los tramposos no vuelven.
 

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