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Opinión

CONVIVENCIA PACÍFICA

Libertad de expresión y el discurso de odio: Rina Gedalov

13/07/2013 - Jamás podría estar en contra del derecho de cada persona a expresar su opinión libremente ni mucho menos a estar debidamente informada, ya que la libertad de expresión es el pilar de la democracia. Tampoco podría estar en contra de que en una sociedad moderna, en pleno siglo XXI, las personas no tengan derecho a vivir en libertad, sin miedo, intimidación o discriminación por razón de su religión, nacionalidad, etnia, sexo o su orientación sexual, entre otras.

Nuestra Constitución consagra la libertad de expresión como derecho fundamental de las personas, sin embargo, emitir opinión en medios de comunicación, de forma escrita o hablada, cargada de prejuicios o difamación hacia un grupo o minoría fomentando de este modo el odio hacia ese grupo determinado, no debiera excusarse en una sociedad civilizada, invocando el derecho a la libertad de expresión. Esta y la incitación al odio hacia otros seres humanos no pueden ser compatibles entre sí, porque se estaría sobreponiendo un derecho fundamental sobre otro que es inherente a la condición misma de los seres humanos.

Todos podemos y debemos contribuir para que la estructura social no se quebrante ni divida por quienes abusan del derecho a expresarse, transmitiendo al resto de la sociedad opiniones llenas de prejuicios y estereotipos perversos, a veces hasta característicos de la época medieval, y que pueden desencadenar posteriormente hechos de violencia.

Los políticos, los partidos y los medios de comunicación tienen roles importantes que asumir sobre este tema dentro de la sociedad.

Los políticos y los partidos deben ser garantes de la libertad de expresión y la demostración de una sociedad pluralista, tolerante y democrática, por ello están llamados a ser los primeros en promover un mensaje de igualdad, solidaridad y de no discriminación. Algunos partidos políticos tradicionales deben tener cuidado, ya que su debilidad abre un espacio al populismo y permite que broten movimientos que promueven el odio racial, la discriminación y la xenofobia.

Los medios, por otro lado, tienen la difícil tarea de transmitir información veraz y perseguir la objetividad. Es tal la influencia de los medios que estos moldean nuestra percepción de la sociedad y es tanto su poder que pueden crear, pero también destruir, valores fundamentales de la familia humana si no se logra un equilibrio entre libertad de expresión y frenar opiniones o mensajes con odio.

A través de los medios se difunde no solamente información, sino ideologías y formas de pensar determinadas que influyen en nosotros.

Cuando un medio de comunicación consiente que se transmita a través de este hechos históricos tergiversados que afectan a un grupo determinado de la sociedad, opiniones o comentarios cargados de odios y de emociones a todas luces densas en contra de un grupo de personas, ya sea por razón de su religión, nacionalidad, raza, etc., no solo se le hace daño a ese grupo de personas, si no al medio de comunicación, a la sociedad y a su propio desarrollo.

La historia reciente, principalmente en Europa, nos ha enseñado que la violencia hacia una minoría o grupo siempre ha sido precedida por el discurso de odio en los que se tiende a resaltar y generalizar supuestas características tenidas como indignas e inmorales de los “contrarios”. Los discursos de odio ayudaron a desencadenar ideologías nefastas en regímenes totalitarios y el exterminio de seres humanos por razón de su religión, sexo e ideas políticas.

No creo que podamos acabar con los prejuicios, porque como bien decía Einstein: “Es más fácil destruir un átomo que un prejuicio”, pero al menos todos podemos hacer el intento de que en nuestra sociedad no se promuevan los discursos de odio y podamos mantener la convivencia pacífica que siempre nos ha caracterizado.

 

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