SOCIEDAD
24/02/2013 - Asistí al primer foro sobre “Empleo Juvenil Decente”, organizado por la Fundación del Trabajo en la Ciudad del Saber, para analizar el desempleo que afecta a todos los jóvenes del mundo. En nuestro país, entre 2007 y 2012, se crearon 264 mil 194 empleos (21% de aumento) y los salarios subieron 53.7%, según la Contraloría General.
Hoy la economía crece 11% al año, hay 100 mil vacantes y el país enfrenta un severo déficit de mano de obra. A pesar de los importantes esfuerzos e inversiones para promover el empleo juvenil, solo el 14% de esos puestos beneficiaron a jóvenes entre 15 y 29 años. De hecho, entre 2004 y 2007 la economía produjo anualmente 5 mil 85 más empleos para estos jóvenes que su crecimiento poblacional, pero en los últimos cinco años se generaron anualmente 4 mil 764 puestos laborales menos que el aumento de la población en esa franja de edad.
En otras palabras, y por diversos factores en los que hay que profundizar, nuestra economía disminuyó su capacidad de generar empleo para jóvenes en una proporción equivalente a 9 mil 849 puestos al año. De haber continuado la tasa de crecimiento de empleo juvenil de 2004-2007, se habrían creado 17 mil 226 puestos, en lugar de 7 mil 377. ¿Qué pasó?
El grupo de 15-24 años fue afectado especialmente, al generarse empleos equivalentes solo al 47% de su crecimiento poblacional 2007-2012, versus 121% entre 2004-2007. Por otro lado, apenas el 36% de las mujeres (15-29 años) tiene trabajo (frente al 66% de hombres), y representan el 68% de la población no económicamente activa dentro de su grupo de edad y aportaron 70.3% del crecimiento de esa población en los últimos cinco años.
Los 7 mil 377 empleos juveniles que se crearon entre 2007 y 2012, se distribuyeron entre diferentes estratos sociales y perfiles académicos. A modo de contexto, la Universidad de Panamá gradúa anualmente unos 7 mil 200 estudiantes y la Universidad Tecnológica, a 2 mil 700. ¿Cuáles son las perspectivas laborales para jóvenes humildes sin preparación? El impacto de la creciente escasez de oportunidades para ellos es evidente y dramático. En los últimos cinco años el número de pandilleros activos subió 441%, la población penitenciaria, 60% y por cada dos adultos varones menores de 30 años que se insertaron a la economía, uno ingresó a una pandilla o a una cárcel. Hoy el 83% de los adultos jóvenes en los barrios pobres se siente marginado de oportunidades laborales. Este fenómeno se agrava por la inexistencia de experiencias exitosas de reinserción laboral sostenible, verificable y estadísticamente significativa. Es preciso crear mecanismos sostenibles para su inserción/reinserción laboral más allá de las fórmulas tradicionales, las iniciativas asistencialistas no sostenibles o esperar que el gobierno de turno “resuelva”. Lo que estamos haciendo como sociedad no funciona. La evidencia es clara.
Agustin Sellhorn B
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