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Opinión

EL MALCONTENTO

Panameñizar Panamá: Paco Gómez Nadal

Paco Gómez Nadal

El tema no está en la agenda de Panamá, ni de la mayoría de países, pero es fundamental. El modelo de gobierno, de relaciones humanas, de desarrollo, de economía, de moral... todos están infectados por la colonialidad, por esa forma de ver y gestionar el mundo establecida desde la invasión de Abya Yala y perfeccionada durante los siglos XVII y XIX.

El alma colonial es la de un hombre, blanco, católico, heterosexual, patriarcal y capitalista. Por eso, entre otras cosas, discriminamos y violentamos a la mujer, los afrodescendientes, los indígenas, los homosexuales, las lesbianas o los transexo, o a los que intentan modelos económicos comunitarios de no acumulación.

Lo aceptado es lo que la colonialidad nos ha enseñado y es tan estructural ya que las propias víctimas del modelo lo reproducen. Mujeres que quieren ser hombres cuando llegan al poder; homosexuales que reproducen los peores patrones patriarcales o familiares; indígenas o afros que se blanquean y que discriminan a sus iguales, o comuneros que, en cuanto pueden, se convierten en microempresarios.

Si el modelo se perpetúa con esta virulencia es porque los sistemas de socialización (educación-medios-familias-iglesias) lo promocionan, lo imponen, lo divulgan, lo defienden con uñas y dientes. La colonialidad del pensamiento –y, más allá, la colonialidad del ser, como diría Nelson Maldonado-Torres– está enquistada en los programas escolares, en las universidades, es vomitada desde los púlpitos y retransmitida en directo por las televisoras.

Por esto, descolonizar (nos) es una tarea urgente, imprescindible, titánica... de una profundidad jamás antes visualizada. En estos días, revisando documentación sobre la violencia contra la mujer, leía un texto de Silvia Rivera Cusicanqui, la magnífica socióloga aymara, en la que criticaba cómo los excluidos del modelo buscan copiar los modos del opresor y reclamaba la necesidad de descolonizar (se). Es en su país, Bolivia, donde más se ha avanzado en este terreno. El esfuerzo genera –y generará– fricciones de dimensiones incalculables. Retar a la genética cultural-estructural, a los modos de ejercer el poder en los entornos personales y en los sociales, es mentar a la madre. Y hay mucha gente que reacciona con violencia cuando le ponen el espejo que muestra su verdadera –y fantasmal– imagen.

Parece imposible que Lucy Molinar, la ministra de algo-parecido-a-la-educación, o que el propio presidente de esto-parecido-a-una-república, lleguen a pensar en estos temas. Entretenimientos onanísticos mentales de intelectuales, discurso vacío de ñángaras irredentos.

Pero... ¿saben que la colonialidad se distingue hasta en los más mínimos detalles? Por ejemplo, las clases medias criollas sueñan con vivir en una torre de 40 pisos de Punta Pacífica, en lugar de disfrutar de la exuberante naturaleza que les dio este país; cuanto más dinero se tiene más se parece el jardín particular a un campo de golf; el vocabulario que llega con el poder está plagado de anglicismos que nos hace sentir más “modernos” –o menos “bárbaros”, que es el antónimo inventado por los europeos–; el Presidente de la República se pasea por Panamá y por Centroamérica en camisa de manga corta y sin saco, pero basta con que cruce el charco o se dirija al norte para que se ponga el uniforme de “europeo”; las izquierdas siguen con discursos marxistas urbanos y desarrollistas y no miran al caudal ideológico que nace de esta América rica y plural...

Descolonizar (nos) en las macroestructuras (políticas, económicas, culturales), pero también en la comida, en la forma de amarnos, en la espiritualidad, en la relación con la tierra, con el materialismo o con la memoria. Descolonizar (nos), quizá, parezca un reto imposible, pero es la meta deseable. Si José Carlos Mariátegui pidió peruanizar el Perú, habría que animar a “Panameñizar Panamá”, huir de esta copia barata de Miami que están tratando de construir. Este país, como todos, tiene demasiado bueno como para andar copiando modelos tan impuestos como gastados. Panameñicemos el poder y nuestras casas, panameñicemos desde una cosmovisión propia, descolonizada y, al mismo tiempo, universal. Porque descolonizar Panamá no es permanecer mirándose el ombligo, sino relacionarse con el planeta desde otra mirada, la auténtica.


Cayita
Hace 6 mess

Que buena columna..que importante a nivel latinoamericano, que ejemplo nos da Bolivia.

Luis Tapia Egoávil
Hace 6 mess

Sr. PGN, le parece bien poner en duda nuestra condición de República? puede criticar al presidente actual si le parece, pero Ud. está incluyendo al sistema nuestro con desdén, no le parece ofensivo? Porque un comunero no podría aspirar a ser un microempresario? no es eso ser emprendedor y por tanto loable? Y no trate de ampararse en José Carlos Mariátegui, pues él como ideólogo de los años 20 e inicios de los 30, no se refirió ni compartiría las conclusiones que Ud. alegremente pregona, posiblemente en algunas cosas tenga razón; pero peca de soberbia intelectual y eso obnubila sus ideas y no le deja entender ni enfocar correctamente la problemática de los países de LA, en este caso Panamá.

DavidsAparicio
Hace 6 mess

Estimado, aunque tampoco comparto algunas puntos de este articulo, me parece que el escritor apunta a criticar como el exagerado Presidencialismo de Ricardo Martinelli ha afectado nuestra condición de republicana. No encuentro ofensivo criticar la influencia y las tomas de decisiones sin consulta y las acciones sin el debido proceso que exige un sistema republicano. Saludos

MI OPINION
Hace 6 mess

Seria descolonizar Latinoamerica!

Fuerzas independientes....
Hace 6 mess

Deniro es un izquierdista comunista son MINORIA.

deniro
Hace 6 mess

Excelente articulo Paco. Te lo agradecemos la inmens mayoría de este pueblo oprimido.

PabloJGF
Hace 6 mess

Querras decir minoria. Ya estan como los de Occupy WallStreet que dicen representar a la mayoria pero solo representan un minusculo grupo de la poblacion de USA.

Pedriño
Hace 6 mess

Para los que dicen por ahí que ojala Paco fuera panameño y que algunos otros no lo fuesen, pues esos son espejismos en el desierto. Aquí hay que hablar de realidades, Paco no es Panameño es Español y haga lo que quiera, no es Panameño. La realidad es que en Panamá no lo queremos, habrá quienes lo apoyan por sui ideas de izquierda, pero si uno ve los foros este señor genera anticuerpos en Panamá, así que a comer Paella en España. También puedes comer un vigorón en Nicaragua con sus amigos Sandinistas, una ayaca en Venezuela con su amigo Chávez o tomarse un tinto cubano con su querido amigo Fidel. Ese es el progreso que a ti te gustaría para Panamá.

Himno de Nuestros Campos
Hace 6 mess

Ojalá pudiéramos llegar a tener más Pacos que Pedriños. Panamá sería un país no solo bello y alegre, sino también culto y con visión. Que yo sepa, en Panamá hay poco "panameño panameño". Los que más se acercan al "pura cepa" son los más relegados y despreciados por los Pedriños del patio. Los demás todos somos mestizos, hijos de inmigrantes venidos de otros continentes, algunos más antiguos que otros y los que hoy gobiernan no son los más panameños.

Rododendro
Hace 6 mess

Usted tiene derecho a pensar de la forma en que más le parezca pero eso no lo hace tener razón. Su argumento es, de nuevo, cambiar oro por espejitos...
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