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Opinión

EL MALCONTENTO

El pastor del poder: Paco Gómez Nadal

03/09/2013 - Hay que reconocer que Panamá tiene la capacidad de generar personajes peculiares. Si Uruguay tiene una alta densidad de escritores y futbolistas, Panamá está dejando de ser cuna de boxeadores y magníficos músicos para ser cantera de personajes frikis a medio camino entre la burla y el gansterismo.

Dejando de lado al Presidente de la República y el capítulo que se está ganando, a Chello y su historia demencial, a Salo y su ascenso al poder desde la producción musical pero lejos de las fronteras del imperio, o a Mireya y su escalada social milagrosa, uno de los que se sitúa en el top ten es el pastor Edwin Álvarez.

Han pasado muchas cosas desde que comenzara a predicar en la Avenida Central y ha sabido jugar vivo para ser uno de los personajes más influyentes del país.

Hay dos razones para que lo sea: su monumental y secreta fortuna y los miles de votos que arrastra. Lo dejó claro hace unas semanas en la multitudinaria prédica en la que ungió al nuevo profeta Martinelli: “prefiere a un loco activo, que a un cuerdo pasivo”. Y los casi 20 mil miembros de su iglesia, sus familias y todos aquellos que beben de su maná terrenal, entendieron el mensaje.

No es que Álvarez sea de Cambio Democrático... es que es un vivo que sabe estar cerca del poder. A sus famosas reuniones bíblicas VIP, en hoteles de lujo que chocan con la humildad del Jesús que tanto invoca, también asistían Vivian de Torrijos cuando era primera Dama y, por supuesto, su estimada Meredith: canal directo con el Canal y confidente que le pidió al pastor que enterrara en la sede de Hosanna unos huesitos cargados de historia que podían dificultar la terminación de su mansión en el Casco Antiguo (esa que violó todas las leyes de Patrimonio).

Conclusión: el pastor Álvarez sabe estar con el poder y quien quiere tener el poder sabe que precisa del pastor Álvarez.

Es cierto que Panamá parecía un país católico, pero los evangélicos de Hosanna son mucho más disciplinados que la feligresía vaticana y son garantía de voto popular, como la comunidad judía es garantía del voto de élite.

Es probable que, en breve, los recién electos presidentes de Panamá tengan su primera reunión con el pastor Álvarez, al igual que en Estados Unidos, quien quiera sentarse en la Casa Blanca tiene que hacer el ritual iniciático ante la American Israel Public Affairs Committee (AIPAC).

Lo cierto es que el pequeño escándalo con las tierras en Chiriquí en el que se ha visto envuelto (por buena fe, por supuesto) el pastor Álvarez debería servir para que alguien se atreva a exigir transparencia en las cuentas de los imperios religiosos en el país. Si la Iglesia católica jamás ha tenido que rendir cuentas, tampoco lo hace la multinacional Hosanna, cuya opacidad y poderío no pueden sino provocar malos pensamientos (que Dios me perdone). Templos, televisoras, radios, escuelas, universidad, tiendas... Hosanna es una máquina de hacer dinero más allá del diezmo que esquilme –de forma voluntaria– a sus seguidores. Ninguna religión o ningún grupo organizado debería estar al margen de la ley terrenal, aunque parece que los que se escudan en Dios tienen cierta bula para hacer y deshacer a su antojo.

En Panamá no todos somos iguales ante la ley (y sé de lo que hablo) y lo terrible es que el púlpito, sea de la confesión que sea, siempre ha sido un puesto de mando para la manipulación de los sentimientos y el enriquecimiento.

En una de las pocas entrevista dadas por Álvarez, hace ya varios años, confesaba que llegó a ser “socialista” y que creía que la religión era “el opio del pueblo”. Obviamente, cuando él fumó de tal receta se convirtió y decidió sacarle provecho. También explicaba que la fortuna de Hosanna llega por la gracia del divino: “Nosotros enseñamos lo que dice la Biblia sobre la mayordomía. Somos administradores de lo que Dios nos da. Hay que contemplar las necesidades de la familia, de la persona y de Dios. Si la gente recibe la fe, elige la obediencia y le da algo a la obra de Dios, es absolutamente voluntario”. Dios parece que elige a quien le da y a quien le quita. Álvarez también elige a quién dar su apoyo y eso le garantiza protección y vía libre para seguir en su misterio (perdón: ministerio). Alabado sea el varón.

 

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