RECLAMO INDÍGENA
Al conducir un vehículo por una ruta oscura, el conductor tiene dos opciones: utilizar las luces cortas, que solo le muestran lo inmediato, o utilizar las luces largas que, además de lo inmediato, le muestran lo que hay más adelante.
Igual sucede con los problemas y las situaciones cotidianas. Se pueden ver con luces cortas o largas. Las luces cortas enseñarán solo el presente inmediato y, probablemente, nos planteen situaciones comprometidas, que parecieran requerir acciones inmediatas de terceras personas para solucionarlas. Las luces largas permitirán ver la misma situación, pero con todas las opciones del entorno (positivas y negativas) y aportarán más elementos de juicio para conseguir mejores soluciones y beneficios para las partes.
Sentarse a una mesa de negociaciones con una posición inflexible es un yerro. En una mesa de negociaciones se negocia (valga la redundancia). Y en una negociación, ambas partes ceden terreno para conseguir un término intermedio, en el que sientan que ganaron (ganar-ganar le llama Steven Covey). Recuerdo cuando se hizo una huelga general para conseguir aumento del salario mínimo. Los dirigentes se cerraron en que querían 500 dólares y no cedían un ápice. No quisieron negociar con el sector privado y, al final, terminaron recibiendo una bicoca establecida por el Estado.
En el tema que hoy hace noticia, la posición de los indígenas aparenta ser de luces cortas. Se dice que la minería contamina los ríos y que las hidroeléctricas restan terrenos habitables o de cultivo. La propuesta indígena es de un no a la minería y no a las hidroeléctricas.
Es cierto que ambas actividades les afectan directamente, sin embargo, deberían dejar de ver los árboles y tratar de ver el bosque. Los beneficios que aportan ambas actividades al país resultan importantes y es deber del Estado velar por los intereses de la mayoría.
Si se mira el tema con luces largas, los indígenas podría señalar: “Admitimos la minería, si nos dices cómo nos vas a suplir del agua potable que diariamente sacamos del río y que ya no podremos beber y cómo nos vas a reemplazar los alimentos que conseguimos del río y que ya no podremos comer. Además, si tú te beneficias con esto, nosotros también debemos beneficiarnos económicamente”.
El Estado podría ofrecer: “Comenzaremos en tal fecha la construcción de un sistema de abasto de agua potable, que venga de...”, etc.
Los indígenas podrían agregar: “la construcción de una hidroeléctrica nos quita terrenos de cultivo y áreas pobladas”, y que “admitimos la construcción de tal hidroeléctrica, si nos dices cómo nos vas a indemnizar por las (tantas) hectáreas de terrenos sembrados, que nos producen (tanto) dinero mensualmente y cómo nos vas a ayudar a reubicar a las (tantas) familias que quedan sin hogar y sin tierra, de darse este proyecto. Además, si tú te beneficias de este proyecto, nosotros también debemos recibir una compensación económica”.
Ante estos planteamientos, el Estado diría: “Los equiparemos con esta maquinaria y estos insumos para cultivo, para que consigan fertilizar estos otros terrenos, reubicaremos a las familias en este y este punto, dándoles esto y esto otro...”, etc.
En lucha de fuerzas, gana el más fuerte. En lucha de razonamientos, el más inteligente. Si no eres más fuerte... procura ser más inteligente.
MAG
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