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Panorama

PERIODISMO. UN VISTAZO A LA VIDA DE HELEN THOMAS

Gracias, señor Presidente

Rompió moldes y se hizo famosa por sus preguntas incisivas. Al final de su carrera, esa cualidad supuso el fin de su cobertura en la Casa Blanca.

SEMBLANZA. Fotografía de 2007 de la veterana periodista estadounidense Helen Thomas. En 2010 tuvo que dejar la Casa Blanca tras criticar la política de Israel. EFE

22/07/2013 - Helen Thomas era una mujer tenaz. Para quienes la sufrían era, sencillamente, insoportable. Necia.

Primera mujer corresponsal en la Casa Blanca, feminista, bebedora y “fatalmente” franca, la veterana periodista estadounidense murió el sábado 20 de julio en su apartamento de Washington, ya nonagenaria.

Nacida en 1920 en Winchester (Kentucky, EU) en una familia de nueve hermanos y de padres libaneses, Thomas empezó a escribir en un periódico escolar.

Luego se mudó a Washington y, tras su paso por un diario pequeño, comenzó a laborar para la agencia United Press (UPI).

Era la época de la campaña presidencial de John F. Kennedy, y Thomas se abría paso en los pasillos de la Casa Blanca.

Cuando Kennedy ganó las elecciones, a Thomas le asignaron cubrir a la primera dama, Jacqueline Kennedy. Eran los años 1960 y las mujeres periodistas asignadas a la Presidencia hacían eso: cubrir las actividades de las primeras damas.

Diez años después, sin embargo, era jefa de la oficina de la UPI en la capital de Estados Unidos, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar este cargo.

BUSH hijo, el peor

Thomas se hizo leyenda no solo por abrir paso a las mujeres periodistas, sino por sus preguntas incisivas e inquietantes.

Superados los 80 años, todavía ocupaba ese sitio privilegiado en la sala de prensa de la Casa Blanca, y desde allí “disparaba” a los voceros de gobierno o al Presidente, llegándolos a exasperar.

En 2006, durante una cena de la Asociación de Profesionales del Periodismo, le dijo a un reportero joven que estaba cubriendo “al peor presidente de la historia de Estados Unidos”.

Thomas se refería a George W. Bush, hijo. Estados Unidos libraba en caliente las guerras en Irak y Afganistán. La veterana periodista no compartía la posición oficial sobre la guerra y aprovechaba cada oportunidad para acorralar a Bush.

Pero las palabras de Thomas en esa cena crearon revuelo entre los miembros del gremio que –increíblemente– decidieron castigarla sentándola en la última fila de la sala de prensa.

En 2008 –no sin antes comentar sin tapujos que los periodistas “nunca hicieron las preguntas que de verdad hubieran servido a los ciudadanos”– publicó un libro que tituló ¿Vigilantes de la democracia? Los periodistas de Washington y cómo fallaron al público.

En resumen, Thomas acusó a sus colegas de convertirse en transmisores del discurso oficial.

Israel, no

Durante casi medio siglo, Thomas acorraló a una decena de Presidentes, pero en mayo de 2010 cometió un “error”. Un rabino le preguntó qué opinaba sobre Israel y la periodista contestó: “Que se vayan de una vez de Palestina... Esa gente está siendo ocupada”.

Ya Thomas no trabajaba para la UPI sino para la compañía Hearst (dueña, entre otros, de The San Francisco Chronicle), y la cadena editorial decidió sacarla de la Casa Blanca y se convirtió, a partir de entonces, en una columnista no tan destacada.

Siete meses después la periodista diría: “Puedo llamar al Presidente de Estados Unidos cualquier cosa, pero no puedo tocar a Israel”.

(Con información de BBC Mundo, El País y El Mundo)

Desde la cocina a la política

Cuando Helen Thomas empezó a ejercer el periodismo, a las mujeres se les asignaban notas relacionadas con cocina, moda o cualquier otro de “interés femenino”.

Tal como reporta la nota de The Guardian, cuando Thomas llegó a la United Press International (UPI) tuvo que escribir durante 12 años notas “ligeras” para el público femenino, pero ella siempre se quejaba: “A mi talento le podrían dar mejor uso”, decía.

Con el tiempo le fue asignado lidiar con las noticias provenientes de las múltiples oficinas de gobierno de Washington, incluyendo el Departamento de Justicia, el FBI y el Departamento de Educación.

Lo hizo tan bien, resalta The Guardian, que luego fue asignada a cubrir las notas del Congreso, donde empezó a formar una libreta de contactos y fuentes entre los senadores y congresistas.

 

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