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Panorama

EGIPTO. La justicia acusa a cómico DE BURLARSE DE MORSI y del islam.

La risa de Youssef

Es el cómico más popular de Egipto, pero a las autoridades no les hacen gracia sus filosos dardos contra el poder. Bassem Youssef se ríe.

SONREÍDO. Rodeado de seguidores y guardaespaldas, el cómico egipcio Bassem Youssef acudió a una citación de la Fiscalía General de Egipto el pasado sábado. Fue puesto en libertad tras pagar una fianza. AP/Amr Nabil

03/04/2013 - Solo verlo da risa. Ese rostro no puede evitar que quien lo mira se pregunte cuándo soltará la próxima ocurrencia.

Bassem Youssef hace reír a los egipcios. Médico de profesión, hoy practica el viejo arte de la sátira política, uno que durante años se ha visto en calles y plazas pero que él ha puesto en las pantallas de televisión de todo el país, que cada semana se desternilla de risa.

Sin embargo, hay quienes no ríen. Generalmente son los funcionarios del actual gobierno, blanco de sus dardos. En especial el presidente Mohamed Morsi.

Youssef imita sus gestos. Lo parodia. Le recuerda sus momentos vergonzosos en público.

El pasado sábado, Talaat Ibrahim Abdullah, fiscal general de Egipto, emitió una orden de arresto contra Youssef, justamente por burlarse de Morsi, emitir comentarios “blasfemos” sobre el islam y difundir “falsas” noticias.

Youssef se defiende: “Nosotros no somos quienes insultamos la religión. Lo único que hacemos es exponer los canales que han utilizado la religión, dañándola más que nadie. Si hay alguien que ha insultado la religión es quien usa el islam con objetivos políticos”, dijo a un canal de televisión.

Fue la llamada “primavera árabe” la que catapultó a Youssef, poniendo a tiro de este cirujano del corazón una camada de políticos inexpertos, entre ellos muchos islamistas, como el propio Morsi.

El espacio de Yousseff se llama simplemente Al Barnamay (El Programa) y dice su creador que está basado en el formato de The Daily Show, el popular programa estadounidense conducido por Jon Stewart.

Youssef se tomó con humor la orden de detención: rodeado por simpatizantes y guardaespaldas, acudió hasta las dependencias judiciales luciendo un birrete similar al que le fue otorgado a Morsi hace algunas semanas en Islamabad, donde una universidad lo nombró Doctor Honoris Causa.

Sin dejar de sonreír, Yussef cumplió con la citación. Tras el interrogatorio no cesó de tuitear. “Me han preguntado por el color de mis ojos. En serio”, decía en un trino.

En otro: “Los oficiales de policía y los magistrados de la oficina del fiscal general quieren fotografiarse conmigo. ¿Será por eso que me citaron?”

El interrogatorio se prolongó por cinco horas. Luego, Youssef tuvo que pagar una fianza de poco más de 2 mil dólares para poder quedar en libertad.

Desmintiendo un rumor que pudo haber llevado el asunto al terreno de lo serio, el agobado de Youssef se apresuró a desmentir que su cliente hubiese sido acusado por la Presidencia del país.

“No creo que Youssef sea hallado culpable, aunque las acusaciones se presenten ante los tribunales”, dijo el abogado, que expresó su confianza en la justicia egipcia y el respeto por la libertad de expresión.

Por ahora, Youssef sigue siendo el que ríe de último.

(Con información de servicios internacionales).

Un territorio de humor

En años recientes, las enardecidas reacciones en el mundo musulmán por caricaturas, generalmente producidas en occidente, algunas sobre el islam, han dado una idea equívoca de intolerancia y falta de humor en estos pueblos. Nada más alejado de la realidad.

La tradición satírica árabe es milenaria. Relatos como el de las Mil y una noches están atravesados de humor y de situaciones jocosas que padecen sus protagonistas. El cine, en Egipto o Irán, tampoco le ahorran espacio a la comedia.

Salvo el tema estrictamente religioso, el humor del mundo islámico lo abarca todo. Y la sátira política es una de las armas predilectas entre pueblos que a menudo han padecido dictaduras. “El humor es humano y pretender que los musulmanes no ríen equivale a decir que no son humanos”, ha dicho el dramaturgo argelino Slimane Benaissa.


El Observador
Hace 2 aos

la sátira política es el bálsamo necesario que alivia ligeramente los sufrimientos de un pueblo y tal vez motive a los más apasionados a -cambiarlo-
 

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