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Panorama

PROCESO POR HOMICIDIO DE JÓVENES DE LA CHORRERA LLEGA AL SEGUNDO TRIBUNAL SUPERIOR DE JUSTICIA

El relato de cinco crímenes que conmocionaron al país

De acuerdo con la confesión de Alcibiades Méndez, él y su socio Gilberto Ventura Ceballos nunca tuvieron la intención de dejar vivas a sus víctimas.

JUSTICIA. Las familias de las cinco víctimas afirman que funcionarios de la Policía Nacional estuvieron involucrados en los hechos, pero en la investigación de la Fiscalía Tercera Superior no se probó su supuesta participación. La Policía, por su parte, ha negado públicamente las imputaciones. LA PRENSA/Archivo

14/07/2013 - Después de secuestrar y asesinar a cinco jóvenes universitarios de ascendencia china en La Chorrera, entre 2010 y 2011, Alcibiades Méndez quería viajar a su natal República Dominicana con su novia panameña Keyla Bendibú.

Allí se encontraría con su compatriota, amigo y cómplice Gilberto Ventura Ceballos, conocido en Panamá como Ángel Bethancourt o Fermín Taveras.

Sin embargo, sus planes se fueron al traste la noche del 14 de septiembre de 2011, porque funcionarios de la Dirección de Investigación Judicial (DIJ) lo capturaron al llegar a la casa de su expareja Inés Torres, en el sector El Deni de Barrio Colón, en La Chorrera.

En cambio, Ventura sí logró salir del país ese día. Compró un boleto con dinero en efectivo y subió a un avión en el aeropuerto de Tocumen a las 6:16 p.m.

Un día después, el 15 de septiembre de 2011, Méndez condujo a las autoridades hasta el lugar donde estaban enterrados los cadáveres de las cinco víctimas: debajo del piso de una casa que había alquilado en el sector El Trapichito de La Chorrera.

Los detalles de estos sucesos están en la vista fiscal del proceso, que fue enviada por la Fiscalía Tercera Superior al Órgano Judicial el pasado 20 de febrero, y no había trascendido a los medios de comunicación sino hasta la semana pasada.

La fiscalía pidió enjuiciar a Méndez, Ventura y a otras cinco personas por secuestro y homicidio.

Además, solicitó llamar a juicio por lavado de dinero a Méndez y a otras cinco personas acusadas de utilizar parte del dinero cobrado por cuatro de los secuestros en un casino de La Chorrera.

En total, según Méndez, ellos cobraron $243 mil por los secuestros.

LA PRIMERA VÍCTIMA

Méndez, que llegó a Panamá el 12 de marzo de 2003, tenía un local comercial llamado José Celular y por ello lo conocían como José el dominicano.

Ventura, a su vez, administraba el comercio Celulares Solución.

Ambos se conocían por sus nexos con el negocio de celulares y porque sus locales quedaban en la peatonal de La Chorrera, donde, además, tenían frecuentes relaciones con comerciantes chinos, a cuyos hijos secuestrarían y asesinarían tiempo después.

Según Méndez, Ventura le propuso el primer secuestro en octubre de 2010 y lo convenció diciéndole que ganarían mucho dinero. Supuestamente, él ya lo había hecho cuatro años antes en su país.

Ambos acordaron un plan y lo ejecutaron el 20 de octubre. ¿La víctima?: Yessenia Loo Kam, de 18 años, hija de los dueños de la Casa Internacional, a quien interceptaron de madrugada, poco después de que saliera de su casa para ir en carro a la Universidad Tecnológica de Panamá.

Con un vehículo blanco prestado por un amigo, Méndez chocó el carro de Yessenia cuando esta iba por la avenida Las Américas, frente a la escuela Victoria D´ Spinay.

Ventura iba detrás de Méndez en otro carro, un sedán rojo, y cuando Yessenia se bajó para ver qué había ocurrido, él la sometió con una pistola, y la ató y amordazó.

Ventura se llevó y abandonó el vehículo de Yessenia cerca de la feria de La Chorrera, mientras que Méndez se la llevó a ella a la casa alquilada en El Trapichito.

Méndez declaró que al llegar a El Trapichito metieron a la muchacha en un tanque de agua azul, para llevarla desde la orilla de la calle hasta dentro de la casa, y una vez allí la introdujeron viva en una fosa de metro y medio de profundidad que habían cavado el día anterior debajo del piso del baño.

La grabaron pidiéndole a sus padres que pagaran el rescate y que no llamaran a la policía, porque quienes la tenían eran profesionales colombianos.

Luego, colocaron dos pedazos de playwood sobre la fosa y encima de estos dos sacos de tierra.

Méndez se quedó en la casa “cuidando” a la víctima, y Ventura se fue y llamó a la familia.

De acuerdo con las declaraciones del padre de la joven, a las 9:30 a.m. de ese día recibió una llamada, en la que le pidieron $200 mil por el rescate, le explicaron que un menor iría a recoger el dinero y que si a este le pasaba algo matarían a su hija.

La familia ofreció $25 mil y la negociación siguió dos días sin éxito. El 22 de octubre, Ventura llegó a la casa y le dijo a Méndez que la familia le había salido con excusas y era hora de mandar un mensaje. Le pidió prender dos correas de bombitas frente a la casa y después de esto, cuando entró de nuevo en el inmueble, vio a la joven muerta dentro de la fosa, con sangre alrededor de la cabeza. Ambos le echaron tierra encima y sellaron el piso con concreto.

Durante todo el tiempo del secuestro, los familiares y la Dirección de Investigación Judicial (DIJ) siguieron hasta 10 pistas falsas de personas que llamaban para obtener recompensa, luego de haber visto el anuncio de la desaparición de Yessenia pegado en postes y lugares públicos.

EL SEGUNDO

Mes y medio después de lo ocurrido a Yessenia, Méndez acordó con el joven Yong Jian Wu, conocido como Ken, de 27 años, la compra-venta de una caja con ocho celulares Blackberry, a 100 dólares cada uno, que su socio (Ventura) traería de la Zona Libre de Colón.

Ken, quien era dueño del local Novedades Angelina, situado en la avenida central de La Chorrera, vio la oportunidad de un buen negocio y pasado el mediodía del jueves 9 de diciembre de 2010 fue en su camioneta 4x4 a buscar a Méndez detrás del mercado.

Luego, Ken y Méndez fueron a la casa de este último en El Trapichito y se encontraron con Ventura, que mostró al joven uno de los celulares.

Acto seguido, los tres se montaron en el asiento trasero de la camioneta de Ken para finiquitar la negociación, pero lo que ocurrió fue el prólogo de un nuevo crimen. Ventura sacó un arma de fuego, apuntó al muchacho y lo dominó. Méndez le forró la cara con tape y entre ambos lo esposaron.

Según el relato de Méndez a la fiscalía, después de atar al joven tuvieron que quedarse dentro del carro hasta pasadas las 7:00 p.m., porque uno de los vecinos tenía una reunión familiar.

Pero en la noche fueron a buscar el tanque azul y lo llevaron al interior de la casa, donde lo metieron dentro de una fosa que habían cavado el día anterior, esa vez debajo del fregador de la cocina.

Igual que a Yessenia, lo obligaron a hablar y lo grabaron pidiendo el rescate. Taparon la fosa con tablas y sobre estas colocaron sacos con tierra.

Más tarde abandonaron la camioneta cerca del hospital Santo Tomás, donde posteriormente fue hallada por la DIJ.

Según Méndez, Ventura llamó a la familia para negociar.

La esposa de Ken, que estaba embarazada y había previsto ir a una cita médica ese día con su pareja, confirmó a la DIJ que el secuestrador llamó y pidió $400 mil. Las negociaciones continuaron hasta que el hombre aceptó $83 mil.

Acordaron pagar el rescate el 13 de diciembre. La esposa y el hermano de Ken seguirían las indicaciones del secuestrador, pero la acción fue abortada, porque este les dijo que eran seguidos por dos vehículos.

Méndez declaró a la fiscalía que iría a recoger el dinero en una moto prestada debajo del puente que está a 50 metros del antiguo peaje de la autopista Arraiján-La Chorrera. Sin embargo, la moto se le apagó en el hospital Nicolás Solano y abortaron la misión.

Al llegar a la casa, Ventura le dijo que había visto cuatro carros siguiendo a la familia de Ken, entre estos una camioneta pick up de la DIJ.

Al día siguiente, 14 de diciembre, concertaron otra entrega. La esposa de Ken contó que el secuestrador los hizo ir en carro hasta el supermercado Xtra de La Chorrera, donde tuvo que bajarse y entrar. Después salió, regresó al carro y avanzó en este hasta la piquera de taxis.

Allí tuvo que abrir las puertas del carro y seguir hasta el final del estacionamiento. Esto fue un filtro previo, para verificar que no hubiese policías en el carro. Luego prosiguieron la marcha (con las puertas cerradas) hasta la piscina La Pagoda, donde arrojaron el maletín con el dinero en un herbazal.

Méndez, que estaba escondido en el sitio y en comunicación con Ventura, recogió el dinero, lo pasó a otro maletín y salió caminando a la calle del Río Solitario, donde lo recogió su socio.

Mientras, la esposa y hermano de Ken se fueron hasta el supermercado Xtra de Arraiján a esperar las instrucciones del secuestrador, de quien más nunca tuvieron noticia.

Méndez contó a la fiscalía que al regresar a la casa en El Trapichito, Ventura le dio 20 mil dólares por su participación en el plagio y otros 500 dólares para que comprara baldosas que usarían para reparar el piso.

Luego, salió al frente del inmueble, explotó otras dos correas de bombitas, y al regresar Ken ya estaba muerto, con un tiro en la cabeza. Colocaron su cadáver en la fosa, y lo taparon con tierra y luego concreto.

Precisó que con el dinero compró un carro, y días después se fue con Ventura a República Dominicana.

Cuando se le acabó el dinero, entre febrero y marzo de 2011, volvió a Panamá.

En todo ese tiempo, el GPS del celular de Ken lo situaba en El Trapichito y así lo informó su familia a la DIJ, pero los funcionarios no lograron hallarlo tras varios operativos de búsqueda en esa zona.

LOS OTROS TRES

De regreso a La Chorrera, Méndez siguió trabajando en la venta y reparación de celulares, pero no pasó mucho tiempo hasta que Ventura le propuso un nuevo secuestro, el de Samy Zeng Chen, hijo del dueño del local Noverama.

Lo siguieron durante nueve días, incluso a la universidad, donde siempre iba en compañía de su novia, Georgina Lee Chen, y su amigo Joel Liu Wong.

El secuestro sería el 6 de septiembre. Méndez en su carro y Ventura en el suyo se detuvieron en la calle frente a la casa del joven y decidieron esperarlo hasta que regresara de la universidad.

La idea era dejarlo entrar a la casa y cuando saliera de nuevo, para irse a la tienda de su padre, lo atraparían.

Pero el plan fracasó, porque de la casa del muchacho llamaron a la policía debido a que los carros obstruían la cámara de seguridad del inmueble. Dos uniformados se presentaron en el lugar y uno de ellos apuntó los datos de Méndez. Luego se fueron.

Al día siguiente, 7 de septiembre, lo esperaron cerca del hotel Oasis. A las 5:10 a.m. pasó el carro de Samy, lo siguieron unos 300 metros y en la autopista Arraiján-La Chorrera lo chocaron por detrás.

Cuando el joven se detuvo, Méndez caminó hacia él con el pretexto de excusarse, pero apenas bajó de su carro lo dominó con una pistola de perdigones. Samy intentó forcejear y Méndez le disparó en el pómulo. Ventura, a su vez, se encargó de Georgina y Joel, que no se resistieron.

Los esposaron a los tres, les pusieron tape en la boca y en los ojos, y Méndez se los llevó en su carro, mientras Ventura condujo el vehículo de Samy, que luego abandonó en la barriada Montelimar.

Al llegar a la casa en El Trapichito, Méndez estacionó el carro en el costado izquierdo, donde había tendido dos lonas azules para que no se viera nada, y luego los obligó a entrar en una fosa que habían cavado previamente, esta vez en el piso del cuarto. Allí los grabó cuando pedían el rescate, y luego tapó el hueco.

Ventura se marchó para comenzar la negociación, y Méndez se quedó para “cuidar” a los tres jóvenes.

Pero Samy estaba inquieto y hacía mucha bulla, y para silenciarlo le dio una puñalada en la pierna izquierda, que más tarde le provocó la muerte por hemorragia.

Ante este desenlace, inesperado para ambos, Méndez y Ventura pensaron que sería imposible cobrar rescate y decidieron matar a la joven. La enterraron viva, esposada de pies y manos junto con el cadáver de Samy.

En cambio, a Joel lo dejaron vivir unos días más, con la idea de intentar sacar algo de dinero. Lo grabaron y enviaron el audio a su familia.

Los familiares de las tres víctimas dijeron a la fiscalía haber recibido llamadas de los secuestradores.

El padre de Samy precisó que le pidieron $2 millones, pero al final, después de cuatro días de negociaciones, él y la familia de Joel acordaron entregar $160 mil por la liberación de los jóvenes.

La entrega sería el 11 de septiembre, fecha en que la DIJ ya había recibido información de una fuente no identificada que ligaba a Méndez con los secuestros.

El pago se concretaría en una casa abandonada en el río Espino, cuyo camino de acceso fue marcado con bolsas rojas amarradas a las ramas de los árboles y al final una X amarilla donde debían depositar el dinero.

Sin embargo, la entrega fue abortada porque Ventura vio varios carros detrás del vehículo de los padres de las víctimas.

Dos días después acordaron una nueva entrega. Méndez se escondió en un herbazal de la barriada Hato Montaña, en Vista Alegre, Arraiján, y Ventura hizo los arreglos para que los padres llegaran hasta el sitio y arrojaran el dinero.

Cuando tiraron el maletín con el dinero en el monte, Méndez lo tomó, lo contó y lo cambió a otro bolso, pero mientras huía vio una avioneta sobrevolando la zona y decidió esconderse. En ese momento, Ventura lo llamó e informó que mataría a Joel.

Pasadas las 10:00 p.m. del 13 de septiembre, Méndez se encontró con Ventura en la parte trasera del hotel Oasis, pero antes escondió $90 mil en “compensación” por lo que, según afirma, no le fue pagado por el primer secuestro. De los restantes $70 mil, le tocaron $25 mil.

En un informe del caso, la DIJ confirmó haber visto ese día a un hombre con la descripción de Méndez, pero no actuó, porque el secuestrador había dado una prueba de vida de Joel y esperaba rescartarlo.

DETENCIÓN

Después de repartirse el dinero, Méndez se fue a la casa de su expareja Inés Torres, en barrio Colón, donde también vivía su hijastra Inés Chavarría, junto a su pareja Mario Vega.

Méndez y su novia, Keyla Bendibú, y Mario Vega fueron esa misma noche a buscar los $90 mil que había escondido en el herbazal.

Al día siguiente, 14 de septiembre, Méndez contrató a Vega, a Roberto Mariscal y al hermano de su novia, Kenny Bendibú, para que colocaran las baldosas sobre las fosas en la casa en El Trapichito.

La idea de Méndez era que el trabajo estuviera listo ese mismo día, para marcharse de una vez a República Dominicana.

A Inés Torres –con quien tenía una relación cordial– le dio $3 mil para que invirtiera en su puesto de celulares.

A Mario Vega le dio mil dólares para el trabajo de las baldosas, pero en ambos casos les pidió que cambiaran los billetes en un casino, por si acaso estaban marcados. Así lo hicieron Vega y Torres, quien además involucró a su hermana, Delmira Torres.

Luego de esto, Méndez fue a la capital de compras con su novia y su otra hija, entonces de 16 años.

De regreso a la casa de Inés Torres, fue detenido por la DIJ, que también apresó a Vega, a Mariscal y a Bendibú, que ya terminaban de poner las baldosas.

Al día siguiente, Méndez informó a las autoridades dónde estaban los cuerpos.

DISCONFORMES

Samuel Quintero, abogado querellante de la familia de las tres últimas víctimas, opinó que el Ministerio Público evidenció muy poco interés en las investigaciones de los casos, que, pese a su complejidad y al gran número de víctimas, estuvieron a cargo de un solo fiscal.

En otros casos de relevancia, dijo, se forma un equipo de fiscales e investigadores judiciales.

“Las autoridades deben comprometerse públicamente a descubrir la verdad de lo ocurrido e identificar a los partícipes de la masacre, sean estos particulares, policías o ciudadanos nacionales o extranjeros”, acotó, por su parte, el abogado de la familia de Ken, Balbino Rivas.

Los dos juristas coincidieron en que la fiscalía omitió asuntos relevantes para el caso y retrasó la práctica de pruebas.

INTENTÓ BORRAR SUS HUELLAS

Gilberto Ventura Ceballos fue capturado en República Dominicana el 17 de noviembre de 2011, en una casa en la comunidad de Andrés Boca Chicá. Lo halló la policía de su país dentro de un tanque de agua, desnudo y con cicatrices en la yema de los dedos, que daban cuenta de su interés por borrarse las huellas dactilares. Admitió que pretendía viajar a Estados Unidos. Cuatro días después fue extraditado voluntariamente a Panamá.

Al momento de su captura era conocido como Fermín Taveras, pero después las autoridades dominicanas comunicaron a Panamá su verdadero nombre.

El 25 de noviembre de 2011, el Ministerio de Relaciones Exteriores de República Dominicana comunicó a su homólogo de Panamá que la entrega voluntaria de Ceballos estaba sujeta a que no fuese juzgado por ningún otro caso, y que no se le aplicara una pena mayor de la máxima de 30 años establecida en su país.

Ventura tiene antecedentes penales en su país por pertenecer a una banda y por secuestro. Estuvo preso en la DIJ de Ancón hasta el 23 de diciembre de 2011, cuando fue trasladado a La Joyita. Después, el 3 de enero de 2012, fue llevado a la cárcel de la Policía Nacional en Ancón, donde permanece. Ventura ha negado su participación en los hechos, asegurando que Alcibiades Méndez fue a su local junto con dos policías y le propuso cometer los crímenes y secuestros, pero él se negó.

Rubén Polanco

ACUSADOS, DETENIDOS Y LIBERADOS EN EL PROCESO

En una ampliación de su declaración indagatoria, en noviembre de 2011, Alcibiades Méndez contradijo a su socio Gilberto Ventura Ceballos y afirmó que nunca hubo policías implicados en los secuestros y crímenes.

Sin embargo, involucró en los hechos a otro compatriota, Félix Rosario, de 44 años, a quien acusó de haber ayudado en la captura de Samy Zeng Chen, Georgina Lee Chen y Joel Liu Wong en la autopista Arraiján-La Chorrera, y de haberles alquilado las dos armas.

Rosario fue detenido el 7 de diciembre de 2011 y entonces afirmó que tenía problemas con Méndez por la venta de un terreno, y que por ello lo había implicado.

Méndez estuvo preso en la DIJ de Ancón desde el 15 de septiembre de 2011 hasta el 19 de octubre del mismo año, cuando fue llevado a La Joyita, penal en el que tuvo que ser cambiado de celda por problemas con otro interno de alto perfil, Martin Wright Coto, condenado por dos homicidios.

Luego, el 29 de diciembre de 2012 fue herido de bala en la pierna cuando intentaba fugarse del penal.

Kenny Bendibú, Roberto Mariscal, Inés Chavarría y Delmira Torres están en libertad con medidas cautelares. El resto de los acusados permanece detenido. El expediente del caso está en manos de la magistrada del Segundo Tribunal Maira Prados.

Rubén Polanco

 

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