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Panorama

Y Guillermo inventó...

I. Roberto Eisenmann

13/07/2013 - Estábamos en el proceso de recoger fondos para comenzar La Prensa cuando Iván Robles, mi hermano de exilio, me preguntó: “Bobby, ¿tú conoces a Guillermo Sánchez Borbón? Si logramos empezar La Prensa, él tiene que estar allí”.

Pasamos un arduo año de trabajo para crear La Prensa y, cuando estábamos próximos a inaugurarla, Iván trajo a Guillermo a la oficina de Fabián Echevers, primer director. Guillermo aceptó hacer algo en corrección de pruebas, condicionando su participación a una tarea “sin mayor compromiso de horario”.

El diseño de La Prensa contemplaba una columna de mini-notas para la que todos los reporteros debían suplir datos. Luego de unos días de glosas terribles, yo recomendaba eliminar la columna, pero en ese momento pasó Guillermo frente a la oficina de Fabián y este, golpeando el vidrio, lo llamó y le dijo: “Poeta, te tengo un trabajo”, a lo que Guillermo contestó: “¡Ya vienes con vainas; a mí no me gustan los compromisos!” ...

“Quiero que seas una especie de censor de la columna ´En Pocas Palabras´ y no permitas que la sigan llenando de basura”, le ripostó Fabián.

Guillermo aceptó sin ganas y, dos días más tarde, entró agitado a la oficina del director: “¿Ya viste la vaina? ¡Los reporteros no dejaron nada para mañana!”.

Fabián, que estaba atolondrado, lo despidió diciendo: “Poeta, ¡inventa!”...

Y Guillermo inventó. Describió la historia del Dr. Von Shmukfurstenteiner, eminente mierdólogo alemán que llegaría a Panamá a resolver el problema de las aguas negras. Al día siguiente, los teléfonos del periódico no dejaron de sonar con felicitaciones. Había nacido “En Pocas Palabras”.

Luego anunció que tenía “una red de informantes en ministerios, cuarteles y en la Presidencia...” y la red se convirtió en realidad: antes de terminar las reuniones de Gabinete, ya Guillermo tenía detalles de las discusiones. Guillermo escribía con un elevado idioma cultural. En una ocasión, un exembajador de Alemania me preguntó quién escribía la columna. “Un bocatoreño”, le contesté. “¡Es imposible, está usando palabras en alemán que solo puede conocer alguien que vivió en Alemania durante la época nazi!”. Guillermo me explicó luego que, en una de sus giras ideológicas por Europa, quedó varado en Alemania y se metía en la Biblioteca a leer libros de esa época ... ¡para entretenerse!

Lo otro que hizo única la columna fue el humor, parte natural de la personalidad de Guillermo. No hay cosa más eficaz contra los autócratas que reírse de ellos... y Guillermo lo hacía con un humor fino y devastador.

Este bocatoreño autodidacta no solo es figura relevante en la literatura, sino en el periodismo nacional e internacional, reconocido así por la Universidad de Columbia en Nueva York, que le otorgó el prestigioso premio María Moors Cabot.

Su humor y extremada humildad hacen que uno se sienta frente a un gigante que a la vez es niño, lleno de sabiduría e idealismo, para quien todo es dar. Guillermo es único en la enormidad de su humanidad. Por eso no conozco homenaje más merecido que el que esta noche le ofrecen sus hermanos bocatoreños.

 

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