PROCESO DEMOCRÁTICO
Para alcanzar la prosperidad se necesita, en primera instancia, una Constitución democrática. Es cierto que algunas sociedades autoritarias han logrado impulsar el progreso económico. Sin embargo, si lo que se quiere es un desarrollo sostenible, que llegue a todos los grupos sociales y garantice posibilidades de crecimiento, en un marco de libertad, a todos los ciudadanos, hay que optar por la democracia.
Solo mediante un proceso democrático puede llegarse a una Constitución democrática. Se requiere, por tanto, que esa Constitución surja de la más amplia participación ciudadana, no de conciliábulos excluyentes.
Una Constitución democrática enumera con amplitud y sencillez los derechos que naturalmente corresponden a los ciudadanos –civiles, políticos, económicos, sociales y culturales–; estatuye con claridad la estructura del Estado, garantizando un reparto adecuado de las funciones públicas; y establece límites claros al ejercicio del poder, para evitar abusos que puedan violentar los derechos inicialmente enumerados.
Una Constitución democrática presta especial atención a la configuración de los órganos del poder público, a fin de asegurar que su formación y renovación se ajusten a los criterios básicos de la democracia. Se preocupa por establecer fórmulas elementales para garantizar, por ejemplo, que los órganos Ejecutivo y Legislativo sean genuinamente representativos de la colectividad. Esto se logra, especialmente, a través de normas que aseguren el acceso democrático a las nominaciones, la transparencia en las candidaturas y la representación proporcional en los cuerpos colegiados (como la Asamblea Nacional y las corporaciones municipales).
Para alcanzar la prosperidad se necesita, en segundo lugar, un estado de derecho. De nada sirve una Constitución democrática si no se aplican sus normas. Un estado de derecho implica el acatamiento de los preceptos estatuidos en la Constitución y las leyes por todos los miembros de la comunidad, especialmente por los gobernantes.
Estado de derecho también significa que, cuando surgen controversias al respecto de la aplicación de las normas constitucionales y legales, existen instancias judiciales –independientes, competentes e íntegras– que resuelven las diferencias con estricto apego al derecho. Ese estado de derecho y la certeza que asegura provee la mejor protección a los derechos ciudadanos y el estímulo más efectivo a la actividad económica (según lo observó, entre otros, el gran sociólogo alemán Max Weber).
Un sólido capital humano constituye un tercer requisito para alcanzar la prosperidad. Educación y salud son los componentes básicos del capital humano. El acceso a la salud, cuyo elemento fundamental es una buena nutrición, debe ser universal. No puede haber prosperidad en una sociedad con altos índices de desnutrición e insalubridad, que merman la calidad de vida de la población.
La educación es esencial a la generación de prosperidad. Un pueblo ignorante carece de los ingredientes necesarios para promover el desarrollo. El sistema educativo debe estimular la creatividad, el raciocinio, la capacidad analítica y las facultades de expresión.
Una educación clásica contribuye a producir estos efectos. Esto se sabe desde los comienzos de la educación formal superior, en la Edad Media, cuando los programas universitarios se dividieron en el trivio –las tres artes relativas a la elocuencia (gramática, retórica y dialéctica)– y el cuadrivio –las cuatro artes relativas a las matemáticas (aritmética, música, geometría y astronomía).
Infortunadamente, nuestra contemporaneidad se inclina por la especialización. Algunos sistemas de instrucción arremeten contra el humanismo y fomentan el utilitarismo. Como resultado, producen consumidores, no ciudadanos y autómatas, no pensadores.
Un cuarto requisito para la prosperidad –la protección y promoción del patrimonio cultural, histórico y ecológico– es, quizás, el que más se soslaya en la actualidad. La valoración de ese patrimonio garantiza la preservación y el adelantamiento de la especie humana hacia estadios evolutivos superiores.
Una sociedad preocupada por su desarrollo sostenible identifica cuidadosamente ese patrimonio y dicta medidas para preservarlo y asegurar su sano usufructo por las presentes y futuras generaciones. Una sociedad interesada en producir mayor bienestar se esfuerza por incorporar a todos sus miembros al aprovechamiento sensato de los bienes culturales, históricos y ecológicos, así como por proteger dichos bienes del deterioro y la depredación causada por quienes solo se interesan por el crecimiento de unos pocos, en detrimento de la colectividad.
Sobre esta temática habría que escribir mucho más, pero por lo pronto la exploración debe quedar de este tamaño. Al respecto, estimado lector, ¿qué piensa usted?
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