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Perspectiva

[FIN DE LA BONANZA]

Días de gloria

Las cifras, cambiantes y volátiles, dicen que muchas monedas de la región –esos ´pesos fuertes´ hasta no hace mucho– han comenzado a depreciarse.

Danilo Arbilla

02/09/2013 - Decía Napoleón Bonaparte que más que valientes e ilustrados, prefería tener generales con suerte. Y es así, por ejemplo, esta (la buena suerte) en los últimos 10 o 12 años ha sido la compañera y sustento de los regímenes neoprogresistas y populistas latinoamericanos.

Es innegable que los Chávez, Morales, Kirchner, Ortega, Correa, Maduro y los Lula da Silva y su Brasil emergente han tenido mucha suerte. Eso es lo que explica, más que ningún otro elemento, su permanencia en el poder. No inventaron la rueda ni la pólvora, como ellos se lo han creído y se lo han hecho creer algunos banqueros e inversores que siempre buscan playas amables para recoger frutos baratos, sin importarles –ni a los mandantes de turno, tan socialistas, nacionalistas y defensores de los pobres, y ni que hablar a los de afuera– lo caro que ellos resultan para las espaldas de los recolectores.

La pregunta es cuánta de esa suerte han usufructuado los pueblos de los países de esos iluminados. Quizás ahora se empiece a saber. Quizás estamos al comienzo de un tiempo de respuestas. Quizás esos señores deban asumir aquello de que la gloria es pasajera.

Hace un mes, o poco más, el expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo Enrique Iglesias me dijo que para América Latina “el viento a favor se termina y ahora hay que navegar con motor propio, y a veces, con viento en contra”.

¿Y es que se avecinan terremotos y huracanes? Habrá que ver y esperar, pero desde ya pensar, por lo menos, en algunos temblores y vientos fuertes.

La sola insinuación –el mero amague– de que la Reserva Federal de Estados Unidos podría reducir la inyección de liquidez –el estímulo monetario a la economía estadounidense– y “tocar” las tasas en 2014, tuvo efecto inmediato en las monedas de los países emergentes y en particular en Brasil.

Las cifras, cambiantes y volátiles –el mercado en tan sensible como timorato e interesado– dicen que muchas monedas de la región –esos “pesos fuertes” hasta no hace mucho– han comenzado a depreciarse. En lo que va del año el peso chileno se devaluó en 7%, el sol peruano 9%, el peso colombiano 5%, el peso uruguayo 14% y el real brasileño 15% (con muchos vaivenes; en Brasil la caída hace unos días alcanzó el 19%).

De Argentina y Venezuela no se puede decir nada, pues tienen muchos mercados de cambio, de variadas definiciones y colores, y además cifras propias inventadas a gusto de sus gobiernos.

Lo concreto es que los inversores reaccionan y se van, lo que a su vez desnuda la realidad y muestra cuán consistentes, serias y acertadas han sido las políticas de estos nuevos popes de la economía. Ahora es que empieza a verse el real costo del derroche, del gasto y del reparto, instrumentos con tantos buenos resultados “democráticos electorales” y que han servido para mejorar, a voluntad y transitoriamente, índices de pobreza y de ocupación.

Brasil siempre es emblemático. Además de los requiebres en su moneda, ha “moderado” sus pronósticos o pretensiones en materia de crecimiento: del 3.3% previsto para este año ha bajado al 2.2% .Y para 2014 la estimación ya no es del 3.8% sino del 2.5%. Cae la confianza de consumidores y empresarios, y además crece la inflación que ya superó las metas.

Para contrarrestar la salida de capitales y el aumento de los precios, el Gobierno ha aumentado la tasa de interés de referencia, acercándose ya al 9%, y ha volcado reservas en el mercado (tiene previsto hasta 60 mil millones de dólares). Pero es difícil prever cuál será el efectivo resultado de estas decisiones: los inversores prefieren buscar playas seguras, que es lo que han estado haciendo, y esperar.

Lo grave es que, como ha ocurrido reiterada veces, se inicie “la caza” de culpables de afuera, la invención de conspiraciones y maleficios, y nuevamente, obvio, la crucifixión del imperialismo y el neoliberalismo y, además, lo más grave, a reprimir a la gente, sobre todo cuando esta empiece a sufrir los malos vientos, a ver claro y a pedir cuentas.

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia S.A.

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