ESTULTICIA. Lo sabíamos; pero escucharlo de uno de los protagonistas de los sucesos es pavoroso. El domingo pasado, el exviceministro de Trabajo Luis Ernesto Carles decía en televisión nacional, que la reforma laboral que se incluyó en la espantosa “ley chorizo” no era solicitada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como alegó hasta el cansancio el Gobierno y la ministra, Alma Cortés. Incluso, Carles relató lo sucedido durante un encuentro con el representante regional de la OIT, que cuestionó lo sucedido porque tal iniciativa iba en contra de las corrientes modernas sobre el manejo de las relaciones obrero-patronales. ¡Y pensar que debido a la necia imposición de esta caprichosa reforma legal, murieron en Changuinola al menos dos obreros de las bananeras, y varios quedaron ciegos o perdieron parcialmente la vista. ¿Cómo pueden dormir tranquilos estos señores? Pues, parece que muy bien, si nos guiamos por lo ocurrido esta semana en la Comisión de Comercio de la Asamblea Nacional, donde la aplanadora de Cambio Democrático, con la inestimable ayuda del panameñista Francisco Alemán, aprobó en primer debate unas reformas al Código Minero que dejan completamente de lado los acuerdos alcanzados con los ngäbes buglé, después de las intensas jornadas de protestas ocurridas en San Félix a inicios de año, contra los planes oficiales de explotar la mina de cobre de Cerro Colorado. Todo parece indicar que terminaremos el año tal y como lo empezamos: con una sociedad crispada y con vientos de guerra soplando fuerte. ¿Cómo se puede ser tan torpe y necio?
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