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Clásico con nueva vida


19/12/2012 - Ya no lo hago casi nunca, pero siempre me encantó recibir en casa. Llegó a tal grado mi entusiasmo por probar recetas nuevas, que tenía un grupo de amigos cocineros con que me reunía siempre; no tanto habíamos terminado de configurar un menú, que ya estábamos elucubrando el siguiente.

Nuestra manía llegó a tal punto, que primero hacíamos lo de la comida y luego quedábamos atónitos cuando nos caía la peseta: ¿quién se va a comer esto? Así que elaborábamos la lista de invitados.

Cuando alguien me preguntaba: ¿por qué no pones un restaurante? La respuesta era: a) no tengo la disciplina ni el umbral de gentileza necesario para no mandar por un tubo al pobre comensal que se quejara de mi comida, y b) lo regalado le sabe a gloria a cualquiera, pero en el momento en que les sacas un “cuara” del bolsillo, empiezan a chillar. Esto último lo sé, porque yo soy la primera en sacar el galillo.

Uno de los clásicos de la casa es el mousse de hígados de pollo. Comencé con la receta de la tía Marcela, el Holy Grail de todos, que también contiene las recetas favoritas de mi Grandma. Este año pensaba hacer un turducken, el pavo deshuesado relleno de un pato que a su vez va relleno de un pollo, pero requería de mucha logística.

Así que me fui al “plan B”, el paté de pollo, y le pedí a Fabien Migny su receta de mousse de hígados que viene con un rico áspic de oporto, y que es la que comparto con ustedes.

 

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