CAJA DE LETRAS
27/02/2012 - Hundido en un mar de pensamientos de donde no podía salir, nadando aun en contra del viento
sin saber a dónde ir.
Él no veía ningún lugar a donde pudiera llegar, no encontraba un solo lugar en donde pudiera descansar.
Y Dios, al ver a este hombre en medio del mar
que no tenía un lugar a donde llegar, que no tenía en donde poder descansar, decidió un día poderlo ayudar.
Le puso una isla en medio del mar a donde este hombre pudiera llegar,
pudiera, al fin, salir del mar y así tener un momento de paz.
Pero este hombre resignado, aún hundido en ese mar, seguía atormentado
y no dejaba de pensar.
Y la isla que lo amaba
le ofreció una salida,
poniendo una barca frente a su cara, esperando poder salvar su vida.
Pero este hombre resignado no podía ver la salida; él no prestó atención a la barca que le ofrecía el amor de su vida.
A él le pareció verla,
quizás, hasta pudo tenerla cerca, pero no... no pudo tomar la barca que le haría estar junto a ella.
Y aunque a veces parezcamos náufragos sin salida, siempre estará aquella isla en nuestras vidas
ofreciéndonos muchísimas salidas.
Sin embargo, nosotros decidimos salvar o no nuestras vidas.
MAS NOTICIAS EN Vivir +