Un verano loco, loco, loco

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PALABRA. Pie de foto LA PRENSA/Credito PALABRA. Pie de foto LA PRENSA/Credito
PALABRA. Pie de foto LA PRENSA/Credito

En España vivimos un verano loco. Cada vez estamos peor, la crisis institucional avanza como una tuneladora; no hay quien la detenga.

Los medios informativos dan a toda hora noticia de corrupción política, casi todo el mundo ha robado lo suyo, lo que ha podido, en esta España tan sorprendente como loca.

Echo de menos los veranos tranquilos, lejos de los ruidos de la ciudad, de los medios informativos, entregado a la molicie epicúrea del sol, la playa o la piscina, la lectura de un par de novelas exigentes, un buen trago, una siesta, el tiempo pasando como si tú mismo flotaras sobre él, la música de jazz en la tarde, todo el mundo de vacaciones y el silencio entrando y saliendo en el alma por todos los resquicios de su memoria. ¡Qué veranos!

SISTEMA

Entonces, cuando era mucho más joven y no la ruina física que soy, aparecían novias de verano como apariciones en la orilla de la playa, sirenas únicas que entraban en mi vida en el mes de julio y se iban con cuando el frío nos daba los primeros bofetones.

Ahora los bofetones nos los dan los políticos cuyos nombres salen en los telediarios, trincones que de un golpe o de dos se han hecho ricos y han destruido la parte del sistema que creíamos más fuerte.

Entran y salen del juzgado a declararle al juez una cosa hoy y otra mañana; entran en la cárcel y dicen una cosa, salen de la cárcel y dicen otra.

En cuanto a las cuentas en Suiza, cada vez salen más nombres, más elementos que creíamos honrados, más personajes que nos han robado sobre todo la parte de esperanza que tiene esta libertad hoy, en este verano loco, bajo sospecha.

Yo me dedico a leer. Trato, sin novias, de encontrarme con los veranos del pasado. Leo al borde de la piscina y escribo a veces algún capítulo de mis memorias, perturbadas ahora por este presente perpetuo de la corrupción política en España.

El día para mí acaba cuando las horas comienza en la tarde a ponerse amarillas y yo me siento a escuchar el jazz de Cortázar en un disco que pongo una y otra vez porque no me canso de escucharlo, y además me saca de este mundo de escándalos y sonrojos.

Leo el principio, las primeras frases, de un montón de novelas que tenía pendientes. Leo esas primeras frases y, en casi todas las novelas que quiero leer, me doy cuenta de que ya las he leído, no a ellas mismas sino en otras, y las dejo abandonadas en un rincón de la habitación que se va llenando de despojos para leer mañana, o tal vez nunca, que será lo más probable.

He desterrado de mi vida en este verano loco, loco, loco, uno de mis gustos diarios: ver los informativos de televisión, los telediarios.

Al carajo, allá ellos, yo no soy responsable en lo más mínimo de las acciones y escándalos de estos descastados que han puesto España patas arriba. Si ustedes se acuerdan, ayer mismo éramos un ejemplo de democracia para el mundo entero, hay que joderse, y hoy la llamada Marca España está muy por debajo de los mínimos del nunca jamás.

España está llena de trileros y la escandalera que hacen con sus acusaciones, sus defensas y ataques, no dejan dormir a nadie en medio del calor.

Ahora somos la vergüenza del mundo en el que vivimos, pero si usted viene a Madrid a darse una vuelta en este verano loco, loco, loco, no notará gran cosa de cuanto les digo, si no se meten en camisas de once varas y quieren estar informados.

Desde hoy hasta que el calor comience a bajar, me quedo en mi casa de la Sierra de Madrid, entre baño de piscina, adjetivos en discusión para un texto determinado, cuentos que se me ocurren con los ojos cerrados y que tal vez no escribiré nunca y novelas que flotan en mi imaginación y que se arrastran en mi trabajo poco a poco, como el que no quiere la cosa.

De salud mental, bien; de la otra, también, contando con los años que cumplo (67 de día y 20 de noche, 87, en total), y con la voluntad de seguir escribiendo sin descanso salvo cuando el cansancio reclama un poco de pausa en mi vicio predilecto, la misma escritura.

Eso sí, si la autoridad competente y el Gran Arquitecto no lo impiden, viajaré a Panamá, a la FIL, a finales de agosto. La verdad, lo estoy deseando, aunque esta vez sea pare escapar de este verano español, loco, loco, loco de verdad, de los que uno le pide a ese mismo Gran Arquitecto que acabe pronto y nunca más se repita.

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