CIERRE DE CAMPAÑA EN CARACAS

El día del jefe-candidato

Crónica desde el corazón de una concentración chavista, cuya puesta en escena fue deslucida por un aguacero diluviano.

Con una manifestación que colmó varias avenidas y calles transversales de Caracas, el candidato del oficialismo y presidente de Venezuela, Hugo Chávez, cerró su campaña para reelegirse en los comicios del domingo.

La concentración buscó ser una respuesta contundente a la del opositor Henrique Capriles en la emblemática avenida Bolívar, el fin de semana pasado. Voceros de su campaña la estimaron entonces próxima al millón de simpatizantes.

El gobierno vio en ello un desafío a superar, ya que la arteria vial penetra en bastiones del chavismo más arraigado. De hecho, pudo lograrlo, aunque un sorpresivo aguacero de goterones como papas deslució en parte la puesta en escena, planificada en detalle.

En plan confidente, un guía de periodistas comentó que familiares suyos, funcionarios de la administración, tendrán mañana el día libre, al haber acudido ayer a sus centros de trabajo, pasar lista e ir a la manifestación. Además, recibieron una bonificación de 500 bolívares ($100). Luego se identificará militante en las filas caprilistas.

Los periodistas fueron advertidos. Ayer, reporteros de medios “antichavistas” de Ecuador y Argentina fueron agredidos en calles de la capital por activistas rojos.

Los periodistas toman el Metro Altamira para tratar de llegar a un punto desde el cual observar la magnitud de “la fuerza chavista que hace temblar la tierra”. Se informó que el pasaje era gratis este día, y lo será algo más tarde. Ahora, el boleto se compra sin complicaciones. El ingreso a los vagones atiborrados del tren es otra cosa. Son necesarios varios intentos para finalmente ser engullidos por una verdadera masa humana.

De manera increíble, para los extranjeros, claro está, una madre puede amamantar a una criatura al conseguir, en una demostración de civismo, un asiento piadoso donde poner su humanidad y la del niño. Suena una alarma y desde el centro de control una voz pide al viajante que se sienta aludido dejar de usar el sistema sin que exista razón para ello. A la altura de plaza Venezuela, una riada de chavistas rumbo a la concentración irrumpe sonando vuvuzelas, convirtiendo en milagro que varias madres cargadas con niños logren bajar en la parada. Una de las arterias que conduce a la Bolívar ya está plenamente colmada; mejor, desbordada. Es difícil avanzar entre miles, decenas de miles de personas, entre ellas cientos que tocan cornetas. Gran parte de la masa roja que cubre la explanada se ha concentrado alrededor de una tarima desde la cual se anima a los asistentes.

Una bocina a pleno sonido difunde en una esquina la copla llanera de alguno de los varios discos que ha grabado como declamador excelso el comandante Chávez. Su imagen está replicada en camisetas en las que se lee “Chávez en el corazón de la patria”, “Chávez es un beta”, “Brigada socialista de construcción”. Un altoparlante llama “el que no salte es majunche” –por escuálido– y en alusión a El Flaco Capriles. De algunos postes pende la imagen del padre de la patria, que los foráneos no identifican como tal con el primer contacto visual. “Es Bolívar, informa un voluntarioso. Es su verdadero rostro, rescatado para la historia por la revolución”.

Entonces, comienza a llover. Primero goterones como papas y luego aguacero cerrado.

Mientras miles de manifestantes permanecen inmutables bajo la tormenta, furiosamente tropical, otros se guarecen en los pórticos, bajo los aleros, o en los cientos de buses que movilizaron personas desde todo el país, 700 según unos, 1,000 para otros. En este equipo era visible la pertenencia a entidades públicas y a PDVSA.

Desde un portal, una pareja de jóvenes, hombre y mujer, hacen sonar una estridente vuvuzela señalando un edificio que en los balcones de algunos apartamentos muestran atrevidos banderines de la campaña de Capriles. Ella exige, “majunches, salgan a mojarse”. Él apunta, “no llovió en la marcha de Radonski, y viene a llover ahora”. Pasa una camioneta, se abre una ventanilla y una mano extiende emparedados para quien quiera tomarlos. No se esperan agradecimientos.

Los periodistas han hallado cobijo antidiluviano en el minúsculo local donde opera un taller que repara extintores. Preside este recodo hospitalario el jefe de familia, antichavista que hace chanzas del activismo de una de sus hijas. Esta, en igual tono, defiende los logros del “comandante” y critica la posición “retrógrada” del progenitor. La hermana, por su parte, apoya al patriarca y luce orgullosa “la gorra del traidor”, un diseño de la campaña de Capriles que utiliza los colores de la bandera venezolana. “Y acaso Chávez no se arropa con Bolívar”, reprocha más de uno cuando le critican lo que cubre su cabeza. “Qué bueno que ahora podemos hablar de estas diferencias sin que la sangre llegue al río”, aclara el patriarca, al alabar la armoniosa discrepancia política que se vive en su familia.

Pasa la lluvia. Retornan de su refugio los que lo buscaron a engrosar la multitud que espera al gobernante candidato. “No iba a salir mientras lloviera, porque le hace mal”, comentan en algún corrillo en referencia a su estado de salud.

Pero llega, y es la epifanía del fervor chavista. Será uno de los discursos más breves de Chávez en esta campaña, debido al aguacero. Emprende entonces un recorrido con escala en las tarimas dispuestas a lo largo de la ruta de la concentración. Fue el día del comandante candidato, en Caracas.

Crimen de policía empaña cierre

El homicidio del subcomisario Jesús Carías, con 20 años de servicio, fue uno de los hechos que empañó ayer el cierre de campaña del presidente Hugo Chávez. De acuerdo con reportes policiales, el hecho ocurrió en la avenida Granada, donde presuntos motorizados vestidos de rojo intentaron robarle, pero se resistió y le dispararon. En la tarde también se reportaron destrozos a vehículos y motos de la policía cerca al parque Carabobo. Para hoy, desde las 5:00 p.m. y hasta las 6:00 a.m. del lunes 8 de octubre, las autoridades prohibieron el expendio y distribución de bebidas alcohólicas en restaurantes, bodegas, tascas, discotecas y cualquier otro local que las comercialice. Además, suspendieron, en el mismo horario, el permiso de porte y tenencia de armas de fuego, con la excepción de los funcionarios que laboran en el servicio de los cuerpos de seguridad.

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