El cura, los titiriteros y 225 jóvenes tras los pasos de Balboa

A imagen y semejanza de la histórica expedición marítima, desde 1979 la Ruta Quetzal BBVA se ha consolidado como programa formativo; declarado de interés universal por la UNESCO en 1990. Desde sus inicios, 8 mil jóvenes han disfrutado la av

El 25 de septiembre de 1513, 67 expedicionarios comandados por Vasco Núñez de Balboa coronaban la cima de Pechito Parado, una montaña que se alza a 591 metros sobre el nivel del mar Balboa se adelantó a la comitiva en el ascenso, siendo así el primero en avistar el Océano Pacífico. Entonces, se dejó caer y clavó sus rodillas en el suelo. 

En el horizonte, el extremeño avistaba por primera vez una masa de agua a la que llamaría Mar del Sur, justo en la desembocadura del río Congo. En la gesta lo acompañaron otros personajes: Pizarro, Hernando de Soto y 600 indígenas comandados por Panquiaco. Fue precisamente esta gesta la que emularon recientemente 225 expedicionarios que participan este año en la 28 edición de la Ruta Quetzal BBVA. 

Un programa educativo y cultural, idea original de Miguel de la Quadra-Salcedo, periodista y deportista retirado español. De la Quadra-Salcedo, confeccionó un proyecto similar al que originó la Universidad Complutense de Madrid en 1933, cuando fletó un barco con 200 profesores y estudiantes con una sola idea: buscar las raíces y origen de la cultura mediterránea y sus civilizaciones. 

A imagen y semejanza de aquella expedición marítima, desde 1979 la Ruta Quetzal BBVA se ha consolidado como programa formativo; declarado de interés universal por la UNESCO en 1990. Desde sus inicios, 8 mil jóvenes han disfrutado la aventura. 

Este año cuenta con participantes de 53 países, nueve de los cuales son panameños y con representantes de Europa y América. A uno de los dos emberá, Eduard Mejía, le tocó representar el papel de Panquiaco en la cima de Pechito Parado, mientras que Carlos Alcaraz, español, hacía las veces de Balboa. Fueron ellos los primeros jóvenes en coronar la cima. 

El camino hasta arriba era abrupto y era necesario asirse a troncos o a cuerdas dispuestas para el ascenso. Pechito Parado, según los historiadores, es uno de los puntos desde donde, posiblemente Balboa avistara por primera vez el Océano Pacífico, hace casi 500 años. 

Una vez arriba, el jefe de la expedición, Jesús Luna, resumía el objetivo del ascenso: "todo sueño, requiere esfuerzo y sacrificio previos". Fueron casi cuatro horas de subida, interrumpidas a veces por los gritos de monos aulladores o por el rápido serpenteo de alimañas en el camino. 

En el viaje, les acompañaron miembros del Servicio Nacional de Fronteras e hijos de Venancio Garrido y Bertina Cruz, dos personajes populares en el área agrícola de Quebrada Eusebio, próxima a Pechito Parado. 

Venancio Garrido fue el primer poblador en el área. Llegó a la zona hace casi 35 años. Entonces no había escuela, ni viviendas; solo vegetación. Él se encargó de abrir la trocha. Hoy, Venancio gestiona 200 hectáreas agrícolas con la ayuda de sus hijos. A la escuela de Quebrada Eusebio asisten cada día nueve estudiantes, cuatro de los cuales son nietos de Venancio. 

La profesora, Carolina Vargas, explica los retos que enfrenta su comunidad: la deforestación, la falta de luz... A Quebrada Eusebio se accede a través de la carretera de Santa Fe, pasando por Cucunatí. 

Los jóvenes no pasaron por alto las necesidades de los habitantes que se encuentran alejados del confort de la ciudad. Ellos también han tenido que hacer sacrificios: desprenderse de sus celulares durante toda la expedición, dormir en carpas o en el suelo, lavar y bañarse en ríos, como el de Quebrada Eusebio. 

LA RUTA INICIABA EN PLAYONA

La aventura por Darién, de la ruta Quetzal BBVA comenzó días antes en Playona, un asentamiento emberá-wounan a orillas del río Chucunaque. Allí los jóvenes descubrieron cómo vive una de las poblaciones indígenas del país.

La gran expedición a través del Darién daba inicio justo ahí: 11 kilómetros a través de la selva panameña por caminos de lodo y fango, soportando el ataque de la plaga de mosquito o morrongoi.

El viaje a pie fue de casi 10 horas. Durante la caminata, resultó fundamental el apoyo de los monitores de la expedición, según ellos, el esfuerzo era más psicológico, que físico. "Sonríe para engañar al cerebro", gritaban a los chicos. Y el de los 4 paramédicos que atendían a los que se dejaban caer por el cansancio. Una carretera para Sinaí Y al final del camino, Sinaí. Otra comunidad emberá-wounan de casi 200 personas.

La autoridad del pueblo, Eduardo Mejía, esperaba a los jóvenes. El mismo aprovechó la oportunidad que le brindaron periodistas de México y España para pedir una carretera, la misma que une las comunidades de Playona y Sinaí que durante el invierno es intransitable.

A la llegada, los ruteros corrieron a ahogar el fango, sudor y lágrimas del camino en las aguas del río Membrillo, ante la mirada curiosa de los pobladores, que habían elegido sus mejores galas para recibirlos. Era la primera vez que los habitantes de Sinaí recibían tantos turistas. Había mensajes de bienvenida en castellano en todo el poblado y restaurantes improvisados.

El joven Eduard Mejía, expedicionario e hijo de la autoridad, fue el anfitrión de lujo y pudo explicar a sus compañeros europeos qué significaba por ejemplo, "sancochar". En diferentes talleres, los pobladores mostraron rituales de su cultura. Dos de los más concurridos fueron el de pintura corporal con tagua y pesca en piragua en el río Membrillo.

A TRAVÉS DE RUTAS NATURALES

El Membrillo es un afluente del río Chucunaque, de color chocolate donde árboles caídos interrumpen a veces su curso. Hace casi 500 años Balboa y los suyos viajaron por Darién por las rutas naturales trazadas por los ríos.

"El paisaje ha cambiado mucho desde entonces", explica Andrés Ciudad, subdirector de la expedición. Él es el encargado de desarrollar el programa académico y reconoce que este año eligieron la gesta de Balboa "porque está muy de actualidad, el viaje de Balboa tiene que ver con la globalización. Su viaje tuvo mucha trascendencia".

19 días pasaron los 225 expedicionarios en tierras panameñas. Justo ahora comienza su aventura en Europa, donde conocerán los orígenes de Balboa, en la villa extremeña de Jerez de los Caballeros, y la Europa del emperador Carlos V.

El subdirector reconoce que el reto más importante de la fase en Darién era la logística, "trasladar a más de 200 personas a través de la selva, y alimentarlos". Porque, al final el objetivo se acaba cumpliendo: "ofrecerles una formación académica en valores, en igualdad de oportunidades, en un universo humano de interacción inigualable, con jóvenes de diferentes orígenes y creencias".

LOS OTROS PERSONAJES

En la ruta, además de los monitores y los paramédicos, hay otros personajes imprescindibles, como el cura y los titiriteros. Antonio Lucio es junto con su tío Salvador, el encargado de animar a los ruteros.

Con dulzaina y tamboril, tío y sobrino interpretan ritmos populares. Resulta increíble escucharlos tocar en la selva del Darién. Y ambos, aunque son músicos, aún se les sigue relacionando con los 3 titiriteros que al principio acompañaban la comitiva.

El otro es el cura, Jesús Garrido, jesuita de la catedral de Santiago de Compostela, España, que cada domingo oficia la misa de campaña. Él, además ayuda a los chicos a confeccionar sus diarios de viaje.

Ayuda que realizó antes y durante la expedición, puesto que los chicos seleccionados tenian que hacer un trabajo sobre alguna faceta específica de la aventura que están viviendo. Esculturas de barro sobre la fauna de Darién o el diario de viaje de Balboa, fueron dos de los trabajos seleccionados.

En países fuera de España, donde la Ruta Quetzal BBVA apenas es conocida, los estudiantes son seleccionados por las mismas embajadas. En Panamá son los profesores que conocen el programa, los que animan a los alumnos a participar. La aventura continúa en Europa. Visitarán Francia, Bélgica y España. La fase selvática panameña, la más dura, ya está superada.

El resumen nos lo ofrecen hoy los chicos en sus diarios. La española, Masuma García, dice que nunca olvidará el "agobio por los mosquitos"; la mexicana Andrea Narváez, " se estresó por el barro" y el brasileño Óscar Ferreira nunca pensó que iba "a caminar tanto".

Mientras que el de Nicaragua, Juan Herrera, reconoce que Ciudad de Panamá, "es diferentísima a su capital". Tan lejos, y a la vez tan cerca. Tan parecidos y tan distintos, la maravilla de la diversidad, concentrada en un campamento: en el de la Ruta Quetzal 2013.

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