Mirando de frente a los miles de fieles que abarrotaban la plaza de San Pedro y el interior de la basílica de El Vaticano, el Papa ha pedido a los católicos sobriedad ante una sociedad “frecuentemente ebria de consumo y de placeres” durante la solemne celebración de la misa del Gallo, con la que Francisco ha comenzado su tercera Navidad como pontífice.
Tras los escándalos que han hecho temblar los cimientos de la Santa Sede al destapar una red de corrupción en el manejo de las finanzas de la alta jerarquía de la Iglesia católica, Francisco ha arremetido contra la abundancia, el lujo, la apariencia y el narcisismo y ha invitado a los fieles a tener un estilo de vida “sencillo, equilibrado, lineal, capaz de entender y vivir lo que es importante”.
Jorge Mario Bergoglio, que suele ser menos severo con los fallos de los creyentes que con los de los sacerdotes, ha reclamado compasión y misericordia “frente a la cultura de la indiferencia que termina por ser despiadada” al tiempo que ha exigido justicia en un mundo “duro con el pecador e indulgente con el pecado”.
El pontífice argentino, que se asomará este viernes de nuevo al balcón de la Logia central de la basílica de San Pedro del Vaticano para impartir la bendición Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo), ha exclamado finalmente que “no hay sitio para la indiferencia”.
La Navidad es para los católicos la segunda celebración más importante del año después de Semana Santa.
