INTERESES NACIONALES

Urge retomar la lucha del magisterio

El magisterio panameño, como lo hizo en épocas pasadas, tiene que prestar su indispensable concurso, demostrando resueltamente que su posición frente a los grandes problemas del país es más alta y de más profundo alcance, que la de cualquiera de las fuerzas políticas beligerantes.

El eje del programa del magisterio panameño en la actual situación histórica, pudiera resumirse en la siguiente afirmación: hacer del pueblo panameño un núcleo humano fuerte, por su vigor corporal y por su potencia espiritual; capaz de constituir una cultura propia, basado en sus propios recursos, a pesar de la hostilidad del medio geográfico y de las posibles inferioridades étnicas. Y desarrollar la escuela básica general, premedia, media, profesional y técnica renovada, gratuita, obligatoria, democrática y selectiva, a su vez, defensiva, cristiana y humanitaria. Esta enunciación, constituye una bandera de combate, una afirmación viril, que no es optimista, pesimista, maliciosa ni ingenua, sino, simplemente, panameña. Es decir, trasunto de lo que el magisterio considera como misión en el actual momento histórico del pueblo panameño.

Durante décadas, cada maestro y cada profesor ha sido una unidad aislada en el abandono deprimente de la aldea; y cada escuela, una rueda desarticulada del engranaje social. Al magisterio le corresponde poner las bases para la transformación de este absurdo estado de cosas, en orden a la vinculación de todos los centros docentes para que la educación del pueblo constituya un todo armónico, orientado hacia los fines históricos de la nacionalidad.

Temas de vital importancia sobre la preparación del magisterio, el futuro y perfeccionamiento del actual; la vinculación de la sociedad y la escuela; la protección infantil contra la explotación de todo orden, y sobre tantos otros problemas del más vasto alcance social, que ponen de manifiesto una obra de análisis y de meditación no superada antes en el campo educativo local.

El magisterio ha comprendido que la literatura pedagógica está ya agotada, y que el país reclama una afirmación robusta sobre el terreno de las realidades. El magisterio –y con él la juventud universitaria y cuanto en Panamá es fuerza nueva, consciente y razonadora– reclama la voz autorizada, la voluntad de acero que lleve ante la Asamblea Nacional, con la representación oficial, la convicción de que ha llegado la hora de sustraer los dineros nacionales a la oleaginosa codicia de las empresas extranjeras para invertirlos en una obra grande, gloriosa y verdaderamente productiva, como es la educación pública.

Es más que justo que una parte de los dineros del pueblo sirva para la educación de sus hijos. El magisterio no quiere, por ahora, otra cosa sino poner a los panameños en posesión de Panamá. Vale decir, preparar a cada niño para que entre en posesión inteligente de su patrimonio nacional y sepa explotarlo, defenderlo y hacerlo prosperar, en vista de este resultado colectivo que se llama cultura.

Hasta hoy ha perdurado en la vista del pueblo una conciencia de núcleo colonial –reminiscencia de tiempos abolidos– que nos ha deprimido hasta el punto de convencernos, a nosotros mismos, de que no hay más clave para el aprovechamiento de nuestras riquezas que la de consignarlas a la explotación extranjera. Se aduce, para explicar estos fenómenos, que nosotros no tenemos personal suficientemente preparado para la explotación de algunos renglones de la producción nacional y esto, en parte, puede ser desgraciadamente cierto, pero la culpa es nuestra; es de este absurdo unilateral concepto de la economía que ha dominado, entre nosotros, y que ha consistido en suponer que la producción de la riqueza es función únicamente del capital, con menosprecio del otro extremo de la ecuación del trabajo, es decir, la preparación del factor humano.

La preparación del factor humano es una función eminentemente educativa y mientras este aspecto de la economía nacional continúe abandonado, no podremos aspirar a ser prósperos ni independientes, ni a entrar en el goce pleno del patrimonio panameño.

El magisterio ha sido y continuará siendo superior a toda concitación banderiza; sabe que su misión es superior a toda esa minúscula pugna de intrigas –que no de ideas– que agitan la escena comicial, y sabe también que su política es, sin embargo, más vigorosa y más trascendente por cuanto ha levantado una bandera que se identifica en absoluto con los intereses inmanentes del pueblo panameño.

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