RESPETAR EL LIBRE TRÁNSITO

De motos y poder excedido

Las constituciones existen como instrumentos para limitar el poder, pero a los poderosos no les gusta que les limiten algo tan delicioso. Esto guarda relación con las lujurias carnales que son como las drogas del alma.

La acción policial de detener, en forma indiscriminada, a los que andan en motos no solo es un abuso del poder, ¡es un delito de secuestro! que cometen agentes a los que se les paga un salario por evitar los delitos. O, como me dijo mi hermano, “es una actuación típica de una organización mafiosa”. Pero lo que no le queda claro a la gran mayoría es el alcance de este caso, y sería bueno poner mucha atención, ya que este es el camino que nos condujo a la dictadura.

Es muy común escuchar el dicho que reza: “El poder corrompe, y si es absoluto, corrompe de manera absoluta”, atribuido a Lord Acton, historiador, político y escritor. Pero una cosa es escuchar el dicho y, otra muy diferente, es entenderlo en su dimensión y alcance. Gringolandia, por ejemplo, nace, crece y llega a dónde ha llegado, gracias a una Constitución que no deja mucho lugar para meneos en cuanto a los derechos ciudadanos a la vida, libertad y propiedad, a partir de los cuales se desprende el de libre tránsito.

Pero, antes que todo ello está el tema de la limitación del poder, al respecto, vale una anécdota. A finales de la década de 1970, me tocó pasar seis agradables meses con el connotado jurista panameño Juan Materno Vásquez preparando una ley de aviación. Un día que abordábamos el tema de los aeropuertos y aeródromos, don Materno propuso que las aeronaves solo pudieran aterrizar en campos autorizados.

Yo le dije: “Don Materno, acaba usted, de un plumazo, con los helicópteros, los anfibios, aerostatos y tal, vehículos diseñados para aterrizar, precisamente, en dónde no existen las facilidades aeroportuarias oficiales. Esto es parte de las libertades humanas; la de ir a dónde nos venga en ganas, siempre que en ello no afectemos derechos ajenos”.

Ante eso, el Dr. Vásquez me contestó: “Bennett, es que tú tienes la mentalidad gringa…”.

Este pasaje lo que ilustra es el legado de Castilla de Oro, en donde el rey es divinidad. Es ahí que se origina la Constitución que hoy día enreda al país. Es la mentalidad del funcionariado que ya no existe para servir al pueblo, sino para servir a la Cosa Nostra, vale decir, al aparato politiquero.

Pero el asunto va mucho más allá y desborda nuestras fronteras, pues la infección del abuso del poder anda suelta en el mundo entero, al punto de que está ligada al tema de los Papeles de Panamá. Es la arbitrariedad mediante la cual el más grande quiere abusar del más chico, y el nombrecito que usan en Gringolandia es bullying. En el foro Pathways, que organizó nuestra empresa, Goethals Consulting, la mayoría de los 23 expositores concordó en señalar que las exigencias fiscales que se les imponen a los países pequeños son una forma de bullying. En muchos casos imponen obligaciones que en sus países son ilegales.

Más aun, el hoy presidente Donald Trump ganó prometiendo “drenar la ciénaga” o, para decirlo en panameño, “limpiar el tanque séptico” de la corrupción de las instituciones públicas. Instituciones que se dedican, de manera sistemática, a cosechar los mangos bajos.

La detención indiscriminada es una manera de cosechar los mangos bajos. Hay mejores formas de pescar faltas y delitos. ¡Qué lindo!, pescando malos en el pueblo de los pacíficos hobbits y no en Mordor, el ámbito de Sauron. Es lo que hacen con las armas de fuego, ponen a bailar rap a todo el que cumple con registrar sus armas, mientras del otro lado de la calle los maleantes se mueren de risa, al ver a los probos, saltando al ritmo que les tocan los supuestos “servidores públicos”.

En el Libro de Samuel, cuando le piden un rey, este nombra a Saúl, no sin antes advertirles en contra de ello, diciéndoles que “tendrán que vivir con las consecuencias”.

Pero lo peor es cuando no caemos en cuenta de que los servidores ya no sirven, sino que se sirven, tal como los diputados, que, en el parte y reparte, se quedan con la mejor parte. El propio Francisco Ameglio, quien con mucho tino denunció estos abusos en Telemetro, con Álvaro Alvarado, comete el error de decir que está bien que lo detengan para verificar documentos.

¡No, no está bien! Es el caso de la señorita que permite que el supuesto pretendiente le ponga la mano en donde no debe. Verificar documentos no justifica violar la norma constitucional de libre tránsito. Paren a los infractores, que entre ellos encontrarán a los maleantes y, de paso, mejorarán el caótico tránsito y transporte que ellos mismos engendran.

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