La poesía después de Auschwitz

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La famosa pregunta de Theodor W. Adorno -sobre cómo era posible escribir poesía después de Auschwitz- flota sobre el reciente libro del crítico alemán Helmut Böttiger en el que hace una nueva aproximación al grupo del 47, considerado como el germen de la literatura alemana de la posguerra.

Die Gruppe 47 (El grupo del 47) es el lacónico título del libro de Böttiger, finalista en la categoría de ensayo para el Premio de la Feria de Leipzig.

El libro, pese a su título, es más que una historia del grupo del 47 puesto que, a partir de los análisis de los autores que formaron parte del mismo y de las relaciones entre ellos, termina tejiendo un panorama general de la literatura en la República Federal de Alemania.

Ello va desde la presentación de autores concretos -desde Günter Eich a Günter Grass pasando por Heinrich Böll, Ingeborg Bachmann, Paul Celan o Hans Magnus Enzensberger- hasta el análisis de fenómenos como la difícil recepción de Thomas Mann en los primeros años de la posguerra.

El grupo se reunió al menos una vez al año entre 1947 y 1962 en sesiones en las que los autores leían sus textos, todavía inéditos, en voz alta y luego se sometían, sin tener derecho a responder, a la crítica de sus compañeros.

Entre los textos que se leyeron en esas sesiones puede destacarse el célebre poema de Paul Celan sobre el Holocausto, Todesfüge, en 1952, o, años más tarde, fragmentos inéditos de una novela que más tarde se conocería en todo el mundo como El tambor de hojalata.

Böttiger insiste en su libro en que en sus comienzos el grupo del 47 estaba lejos de representar la posición dominante en la literatura alemana. Los escritores del grupo no eran necesariamente jóvenes -Hans Werner Richter, su iniciador, había nacido en 1908 y Eich en 1907-, pero sí relativamente desconocidos. Richter tuvo la idea de crear ese tipo de sesiones en una lectura de Rudolf Alexander Schröder, un poeta de moda en la época que en cierta manera representaba una continuidad con respecto a la literatura anterior a la guerra.

Richter sintió que el lenguaje de Schröder, y de otros muchos, nada tenía que ver con la experiencia de la guerra ni con la catástrofe a la que habían llevado las culpas acumuladas por los alemanes desde 1933.

El mandato del momento, para Richter, no podía ser restauración sino algo así como la constatación de una hora cero a partir de la cual se pudiera empezar otra vez a escribir. La idea de la hora cero ha sido relacionada frecuentemente con dos poemas de Günter Eich, Inventario y Letrina.

En el primero se van mencionando casi notarialmente las escasas posesiones de un prisionero de guerra. En el segundo, lo que más suele comentarse es una cuarteta en la que “Urin” (orina) rima con Hölderlin, uno de los poetas más emblemáticos de la literatura alemana.

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