ENTREVISTA.

‘Noriega debe pagar como el hombre fuerte que era’

Una de las viudas de la masacre de Albrook, Petra de Ortega, cuenta sus impresiones y su realidad.

La familia Ortega dice que Noriega debe quedar en la cárcel, aunque no confían en la justicia panameña.

REALIDAD. Petra de Ortega, viuda de Ismael Ortega. Al fondo está una de las hijas del matrimonio, Susana Ortega. REALIDAD. Petra de Ortega, viuda de Ismael Ortega. Al fondo está una de las hijas del matrimonio, Susana Ortega.

REALIDAD. Petra de Ortega, viuda de Ismael Ortega. Al fondo está una de las hijas del matrimonio, Susana Ortega.

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A Petra de Ortega le cambió la vida el 3 de octubre de 1989, aunque la confirmación de su desgracia no la tuvo sino hasta un día después, con la lectura de un parte de guerra.

Petra estaba cerca de los 40 y tenía un hijo de 9 años. Los otros tres -todas mujeres- eran adolescentes. Veinte años llevaba viviendo con Ismael Ortega, subteniente de las extintas Fuerzas de Defensa, cuando un grupo de militares intentó derrocar al general Manuel Antonio Noriega.

Era el segundo intento y Noriega lo había advertido: que las familias de los próximos que atentaran contra él tendrían que ir a visitarlos a las tumbas.

Pero Petra no tiene ni eso. "Lo enterré en el Jardín de Paz, pero después la familia lo sacó de allí y no sé dónde lo metieron... Todo me lo quitaron, hasta el muerto".

Con las heridas abiertas

Casi 18 años después del golpe, Petra no puede olvidar. "Yo le pido a Dios todos los días que me quite este dolor, pero no me lo quita", dice.

Es un dolor rabioso que aflora cada vez que habla de Ismael y de su muerte. Un dolor que –explica– se le convierte en retortijones estomacales ahora que Noriega ha vuelto a la palestra.

Noriega, quien tenía como fecha de salida de la cárcel el 9 de septiembre pasado, continúa recluido en Estados Unidos tras el conflicto legal que ha supuesto la petición de extradición del Gobierno de Francia, que lo quiere allá para que cumpla la condena por usar fondos provenientes del narcotráfico para hacer transacciones financieras en territorio galo.

-¿Cómo era su vida en los últimos años de los ochenta?

Mira, yo estuve 20 años casada con Ismael y tuvimos nuestros cuatro hijos. Fuimos unas personas bien pobres, muy humildes, pero muy felices.

En un momento dado él me dijo, "mira, yo puedo morirme", pero no me di cuenta de que iba a cometer el golpe. Yo todo lo veía normal.

-¿Ustedes se hacían algún cuestionamiento político sobre lo que estaba pasando entonces?

Veía lo que pasaba; el ambiente. Le preguntaba... ¿nunca has hecho cosas indebidas, Ismael? Y él me decía, "no, Petra, nunca".

- ¿A qué se refería usted cuando le preguntaba si no hacía cosas indebidas?

Es que veía en la televisión que golpeaban a la gente y que Noriega mandaba a hacer todas esas cosas. Yo le decía que no quería vivir exiliada porque esa gente no tiene libertad.

La gente dice que ellos se estaban peleando el poder, pero lo que ellos querían era un país libre y por eso dieron su vida. Ese 3 de octubre ellos querían sacar a Noriega, querían sacarlo del poder. Que se fuera, simplemente.

-Eso pasó hace casi 18 años. ¿Qué hizo usted después?

Empecé a trabajar cuidando enfermos, y cuando no podía ir a un lugar mandaba a una de mis hijas. Me paré duro, trabajé, estuve con mis hijos. Salimos adelante, gracias a Dios.

-¿No había trabajado mientras estaba con su esposo?

No. Hace apenas seis años que tengo un trabajo formal; mis únicas cuotas. Tenía una pensión y antes de que mis hijos cumplieran la mayoría de edad me la quitaron, mientras él [Noriega] sí recibe una pensión.

-En diciembre de 1989 ocurre la invasión. ¿Hubiera sido mejor sacar a Noriega con un golpe que con la invasión?

[Moisés] Giroldi y los demás sabían que eso venía. Ya los gringos estaban aquí con ganas de esto y de aquello. Querían que Noriega se fuera para evitar un derramamiento de sangre en el país. Por eso ellos trataron de hacer algo y Noriega no lo aceptó. Es que si ellos lo hubieran querido matar lo matan, pero no querían sangre.

Pero entonces... Como él se creía una persona tan importante, inmune, que nadie lo podía tocar, lo que hizo fue matarlos. Ellos no querían sangre pero él sí quiso matarlos.

-¿Qué pensó durante la invasión?

Por una parte me sentí muy contenta porque se iban a llevar a Noriega, pero por otra estaba muy triste porque murieron personas inocentes.

Lo que más me duele y me da rabia es que él metió a la gente en esto y después se estaba escondiendo como una gallina. No dio la cara. El pueblo quedó peleando y él se escondió tras una cortina de humo.

-¿Debe Noriega irse a Francia o regresar a Panamá?

Yo prefiero que Noriega, si va a estar en una cárcel de verdad, que se quede allá. Que lo manden allá y que pague, porque acá no va a pagar. Esto es pura pantomima.

Es que él dice que quiere regresar para dar explicaciones. ¡Yo no quiero ninguna explicación! ¿Para qué? Ya los que se murieron, se murieron. Mi esposo murió y ¿cómo quedé yo? Sin un trabajo, con mis hijos chicos, perdí hasta la casa. Tenía que educarlos, darles de comer y no tenía para eso. Perdí mucho por la culpa de Noriega. Entonces, ¿qué viene él a explicar?

Lo que tiene que hacer es pagar su condena como un hombre. ¿No decía que él era el hombre fuerte de Panamá? Bueno, que pague como el hombre fuerte.

-¿Piensa que en el país hay muchas heridas abiertas todavía?

Las heridas no están cerradas... Yo le pido todos los días a Dios que me quite este dolor tan grande, pero no me lo quita. ¿Qué puedo hacer?

Ahí está [Hugo] Spadafora, que le cortaron la cabeza... Hay muchos casos... No solamente yo tengo la herida abierta...

-Si Noriega regresara a Panamá, ¿qué cree que le espera?

Debe esperarle la cárcel.

-Cuando su esposo murió, ¿qué le dijo a sus hijos?

¿Qué les iba a decir? El hombre fue tan canalla que cuando estábamos viendo la televisión... Ahí de pronto apareció el anuncio, el parte de guerra. Y pusieron a Ismael. Pusieron el rostro de mi esposo. Porque el tiro de gracia se lo dieron aquí, en la cabeza.

HECHOS PARA RECORDAR

VIDA: Petra de Ortega se casó con Ismael Ortega en 1970. Tuvieron cuatro hijos: Anabel, Susana, Karina e Ismael Vicente Ortega. En 1989 queda viuda. El subteniente Ortega, su esposo, fue uno de los 11 militares que intentaron derrocar a Noriega el 3 de octubre de 1989. El movimiento estuvo encabezado por Moisés Giroldi. Los 11 militares rebelados fueron torturados y fusilados. Por este caso, Manuel Antonio Noriega tiene dos condenas, cada una por 20 años de prisión. De los otros seis militares implicados en la masacre, solo tres están purgando penas.

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