POBLACIóN. coNSULADO DE NICARAGUA EVALÚA PEDIR UNA AMNISTÍA.

Ola migratoria invisible llega del oeste

En barrios populares como San Miguelito y Panamá Viejo el rostro y el acento de los ‘nicas’ se hace familiar.

TRABAJO. Rosario Sandoval llegó con tres dólares y sus dos hijos. Labora en un taller y gana un dólar por hora. TRABAJO. Rosario Sandoval llegó con tres dólares y sus dos hijos. Labora en un taller y gana un dólar por hora.
TRABAJO. Rosario Sandoval llegó con tres dólares y sus dos hijos. Labora en un taller y gana un dólar por hora.

Una nueva corriente migratoria entra sigilosamente al país. Esta vez no viene del sur, viene del centro. Se trata de los nicaragüenses que vienen seducidos por la expectativa de una mejor calidad de vida.

En los primeros cuatros meses de 2008, por ejemplo, entraron 9 mil 734 nicaragüenses al país, según la Dirección de Migración. De estos, 6 mil 721 se fueron y el resto, 3 mil 13, hasta la fecha no ha salido.

En todo el año pasado, de los 22 mil 379 que llegaron, 19 mil 578 retornaron y 2 mil 801 se quedaron. La mayoría entró por Paso Canoa, al oeste del país -6 mil 723- y solo 2 mil 937 lo hicieron a través del aeropuerto de Tocumen.

Después de los colombianos, los “nicas” son los extranjeros que más se deportan, según datos de Migración.

¿DÓNDE ESTÁN?

A ellos no se les encuentra en el Panamá de los rascacielos y de los grandes millones. Se hospedan en minúsculos cuartos en San Miguelito y Panamá Viejo, por ejemplo.

Rosario Sandoval*, de 38 años, está en este grupo. Llegó en diciembre pasado con sus dos hijos -uno de nueve años y otro de tres- y solo tres dólares en sus bolsillos. Entró al país como lo hace la mayoría de los nicaragüenses que llegan a buscar fortuna. Como pasajera de bus y camuflada en medio de los comerciantes que vienen a hacer compras a la Zona Libre de Colón. Son ellos los que les prestan los 500 dólares en efectivo que Migración exige como prueba de solvencia. “Apenas los mostramos y nos ponen el sello, los devolvemos en el mismo bus”, asegura.

Ya en Panamá empieza la batalla para sobrevivir. Sandoval, quien tiene un título de traductora profesional, ha trabajado como doméstica ganando 200 dólares mensuales, pero desde hace tres semanas labora en un taller donde arreglan estufas, neveras y otros electrodomésticos. Allí contesta el teléfono y ayuda a transportar los artefactos. Gana ocho dólares diarios. Con este dinero paga 70 dólares por el arriendo del cuarto donde vive en San Miguelito, paga su pasaje y compra la comida de la familia, en la que invierte tres dólares diarios.

Una de las razones que la motivó a venir fue el retorno al poder de Daniel Ortega en 2007. Dice que el amargo recuerdo de lo vivido en “la revolución” la llevó a tomar la decisión. Cuenta, además, que en su país se dice que en Panamá hay mucho empleo.

No es la única. El rumor de los trabajos del Canal ha traído a la mayoría. “El mes pasado llegó un bus lleno con gente que no se regresó”, asegura.

Luis Corró, ex asesor legal de Migración, y quien se dedica a trámites migratorios, lo reitera. En los últimos meses le ha tocado atender a nicaragüenses que llegan en busca de asesoría para quedarse. “Allá se dice que en Panamá hay mucho trabajo por la ampliación del Canal”, dice.

A juicio de Corró, el tema debe manejarse con cuidado, pues a finales de agosto se estrenará la nueva ley migratoria y según él estas personas no tienen opción dentro de la ley. “Lo que va a pasar es que el país va a estar sometido a una presión migratoria que va a fomentar más la entrada de indocumentados”, dice.

Lo que DICE NICARAGUA

Donald Pernudiz, cónsul de Nicaragua en Panamá, por el contrario, no cree que exista tal fenómeno migratorio. Dice que su país -el segundo más pobre de América Latina- ha mejorado mucho desde que Ortega asumió el poder: “Hay más empleo, más seguridad y la vida es mejor”, dice. Acepta que la llegada de nicaragüenses es de vieja data. “Hay muchas empleadas domésticas trabajando”, señala. A la lista agrega a los que se vienen a trabajar en las construcciones, en carpinterías y en restaurantes.

Cálculos no científicos del consulado hablan de 6 mil nicaragüense viviendo en el país. Están esparcidos en la capital, Chiriquí y Veraguas. Por lo pronto, dijo Pernudiz, se elabora un censo y también se evalúa la petición de una amnistía para los ilegales.

*El nombre fue cambiado a solicitud de la entrevistada.

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