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VISIONARIO. Un empresario que contribuyó a la transformación de irlanda.

De los negocios a la política

Feargal Quinn ha contribuido a modernizar la educación irlandesa y hacerla más completa.

Bromista al hablar, dice que usa corbatas y medias multicolor, porque es parte de la innovación.

apasionado. A Feargal Quinn le gusta escuchar personalmente las críticas de sus clientes, para mostrar a sus colaboradores que aquéllos son los más importantes. apasionado. A Feargal Quinn le gusta escuchar personalmente las críticas de sus clientes, para mostrar a sus colaboradores que aquéllos son los más importantes.
apasionado. A Feargal Quinn le gusta escuchar personalmente las críticas de sus clientes, para mostrar a sus colaboradores que aquéllos son los más importantes.

Cuando un empresario se vuelve político, cualquier cosa puede pasar. En el caso de Feargal Quinn, el fundador de la cadena irlandesa de supermercados Superquinn, trasladó su experiencia en los negocios a su actividad como senador, cargo para el que ha sido elegido en cuatro ocasiones, la más reciente en 2007.

Como miembro del Gobierno ha contribuido con el llamado "milagro irlandés".

De ser una de las economías europeas más rezagadas, Irlanda se convirtió, en la década de 1990, en una de las más prósperas, debido a profundos cambios en las políticas económicas y sociales.

"Esto no fue una casualidad, ocurrió porque todos estábamos muy preocupados y comprometidos".

Pero Quinn, quien se encuentra en Panamá invitado por la Fundación Libertad para dictar una conferencia sobre Irlanda, no luce precisamente como un estadista serio y preocupado. Es un hombre bromista, que utiliza corbatas y medias multicolor, porque es parte de la innovación.

Quinn se inclina a favor de ambientes laborales como los de Google, donde los empleados pueden patinar por los pasillos, vestir del modo que deseen y tienen salas de juego para despejarse y mantener la creatividad.

También se ha preocupado por ser innovador, pues su trabajo en el sector público se ha enfocado a la modernización de Irlanda, especialmente en el campo de la educación y en proyectos como la renovación del servicio postal.

En Irlanda solo la educación primaria era gratuita, de modo que un gran número de estudiantes no continuaba la secundaria. Lo primero fue hacer gratuito ese nivel, pero esto no era suficiente.

"Nuestro deber no es enseñarle a las personas únicamente contenidos, sino ayudarlas a aprender, enseñarles cómo adaptarse cuando vienen cambios laborales o tecnológicos. No es solo cómo desempeñarse cuando se gradúen, a los 17 años, sino cómo adaptarse cuando tengan 27, 47 y ojalá 67. Ese es el elemento más importante en la educación", afirma.

Quinn participó en un comité encargado de diseñar el Leaving Certificate Applied, un programa educativo de dos años en el que los estudiantes pueden elegir entre una variedad de disciplinas relacionadas con la vida laboral, desde cuidado de niños hasta aplicaciones matemáticas, servicio al cliente o artes visuales.

Según el empresario, estos cambios en la educación los han llevado a medir no la capacidad de retención o de escritura de los alumnos, sino "en qué es bueno cada uno".

Trabajar en un proyecto educativo no desvió a Quinn de su filosofía sobre los negocios. Su premisa es: "Piensa siempre en el cliente y trata de que regrese". Pero hay que saber para quién se trabaja.

"Una vez el director de una cárcel me dijo que eso no aplicaba para él, pues lo ideal era que sus clientes no volvieran. Pero es que sus clientes no son los reos, es el sistema de justicia que le pide que los devuelva a la sociedad rehabilitados".

El otro punto central de su filosofía es dar el ejemplo. "Cuando estuve en el servicio postal, recomendé a los altos ejecutivos hacer consultas con los clientes, pero estaban muy ocupados, de modo que mandaron a unos consultores. Fue una idea muy buena porque trajeron información valiosa en papel, pero no enviaron el mensaje a las 12 mil personas que trabajan en el correo, de que para el jefe, el cliente era lo importante".

Quinn asegura que en los años en que estuvo a cargo de la entidad, trató de realizar las tareas de sus trabajadores.

Frecuentemente estuvo en los mostradores recibiendo la correspondencia , con la intención de que los empleados entendieran la importancia de sus respectivos puestos y que se sintieran orgullosos de hacer su trabajo, es decir, que no se trataba de reportar al jefe, sino de hacer bien las cosas.

De este modo, Feargal Quinn ha demostrado que una buena administración, centrada en el cliente, es aplicable tanto en las empresas comerciales como en el público.

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