‘Estuve a punto de perder la fe’

Salvador Rodríguez dice que las peleas minaban su espíritu pero nunca dudó del método utilizado para definir el futuro de la Caja de Seguro Social.

El FACILITADOR. Salvador Rodríguez habla después del temporal. El FACILITADOR. Salvador Rodríguez habla después del temporal.
El FACILITADOR. Salvador Rodríguez habla después del temporal.

A Salvador Rodríguez literalmente le tocó poner buena cara al mal tiempo. Cada vez que terminaba una sesión del diálogo por la Caja de Seguro Social (CSS) y los periodistas le preguntaban sobre los resultados, sonreía y decía: "estamos avanzando" o "optimistas". Pero sus gestos y la entonación de su voz transmitían otra realidad.

La película duró cinco meses, cargada de avances y retrocesos. Al principio, Rodríguez, el facilitador, fue duramente vapuleado por diversos sectores involucrados en el debate -incluyendo a los empresarios, que se quejaron de que no estaban suficientemente representados-.

Al final, sus principales adversarios se concentraron en el rebautizado Frente Nacional por la Defensa de los Derechos Económicos y Sociales (Frenadeso), quienes terminaron acusándolo ante el Ministerio Público por supuesto uso irregular de recursos públicos.

Durante todo este tiempo, Rodríguez tuvo muchas razones para mostrarse preocupado, pero esta semana sonrió con más confianza. Tenía en sus manos un acuerdo y un informe que entregar al Órgano Ejecutivo. Su tarea había concluido.

¿Respira aliviado?

—Sí... Cuando iniciamos este proceso a mediados de julio de este año 2005, lo hicimos convencidos de que en momentos de calamidad la sociedad tiene que recurrir a todos sus miembros. Considerábamos que el Consejo de Rectores podía fungir como un elemento que ayudara a traer paz y concordia en una sociedad que se encontraba bastante intranquila.

La labor parecía imposible; muchas personas me dijeron que no había forma de reconciliar posiciones tan radicales y encontradas.

Había presiones de todos los sectores. ¿Llegó a pensar en irse?

—Ahora que ha pasado todo puedo hablar con un poco más de libertad. No estoy acostumbrado a un lenguaje de descalificación. Prácticamente todos los días tenía que dar explicaciones en mi casa, a mi familia, en todas partes, porque en los medios de comunicación aparecía gente que intentaba desacreditarme. Mi familia me llegó a preguntar por qué seguía. Pero realmente lo hacía convencido de que las universidades no solo forman profesionales.

Hubo momentos en que -tengo que reconocerlo- se me debilitó la fe. Uno de ellos ocurrió cuando Saúl Méndez y el ministro de Trabajo, Reynaldo Rivera, protagonizaron un fuerte intercambio de palabras. Pensé que la mesa se terminaba ese día.

Otra situación difícil de manejar fue la interrupción frecuente del diálogo producto de diferencias entre distintas organizaciones. En esos momentos sentía que la mesa en lugar de avanzar se estaba quedando, que había muchos obstáculos, pero a pesar de todo, insistimos en el respeto mutuo y en escuchar las ideas.

En la recta final se dieron diálogos paralelos como los de Gamboa y Quarry Heights. ¿A usted lo invitaron?

—No, el esfuerzo que hizo el equipo de facilitación fue sentar a los integrantes. Cuando eso sucedía ellos tenían que debatir, ponerse de acuerdo, encontrar caminos alternos. Nunca fui invitado a ninguna de estas reuniones. Tampoco tuve conocimiento de ellas. Es más, he presentado una demanda por calumnia e injuria contra los señores Gabriel Castillo y Genaro López, porque ellos hicieron una denuncia ante la Procuraduría alegando que yo usufructuaba bienes públicos y cosas por el estilo. Cuando se hacen esas aseveraciones tienen que sustentarse con pruebas.

¿Cuál es la experiencia que deja el dialogo?

—La ganancia es que la sociedad panameña puede recobrar la confianza en que no se necesitan procedimientos violentos ni soluciones radicales para resolver las diferencias. La CSS era uno de los problemas más grandes que tenía la sociedad panameña. Y nos demoramos cinco meses, es cierto; hubo problemas a lo largo del camino, también es cierto; pero todos los que participaron en el proceso han sido escuchados, pudieron presentar sus ideas y formaron parte de la solución.

¿Dentro de dos generaciones qué se recordará de este proceso?

—Para mí la experiencia fue difícil, porque vengo de un mundo académico, donde se te escucha o se te rebate con ideas. Eso no existía en la mesa. Ahí había un ambiente de desacreditación, un ambiente de tratar de imponer criterios. ¿En qué concepto democrático existe el principio de que yo soy el dueño de la verdad, y si tú no piensas como yo, me paro y me voy? Cuando tú aceptas participar en un proceso de diálogo, aceptas el compromiso de que vas a trabajar por el bienestar de la mayoría y, si la mayoría no coincide con tus ideas, tienes que aceptar eso.

Fuera de esa experiencia, ¿qué es lo más significativo de lo aprobado?

—Lo más significativo es el nuevo modelo de pensiones. Ahí se resume el esfuerzo, porque al final lo que le interesa a los panameños es que luego de una vida de trabajo se puedan retirar y gozar de los últimos años de vida en paz y con relativa tranquilidad económica.

¿Se salva la Caja?

—Estoy casi seguro de eso. Primero porque el Gobierno va a crear un fideicomiso para garantizar las pensiones de los actuales jubilados y de los que nos quedamos en el modelo de reparto exclusivamente. Y luego, porque los que escojan o les toque el modelo mixto llevarán una contabilidad individual en la que los recursos no podrán ser tocados para otra cosa que no sean sus propias pensiones. De esa manera se garantizan las pensiones de las nuevas generaciones.

Por cierto, ¿cómo se calcula la pensión de la gente que se queda en actual sistema?

—De la misma forma que ahora, solo que deben tener 240 cuotas. Lo que sucede es que los dos sistemas coexistirán por un tiempo.

Los que tenemos más de 35 nos quedamos con el sistema de reparto. Los que entren al sistema de seguridad social a partir de 2008 tendrán su cuenta de reparto y su cuenta individual. Y también los que opten por el sistema mixto.

Si lo vemos de manera individual y sin considerar el déficit a futuro, el actual sistema es más ventajoso.

—Sí, pero el problema es que es insostenible y nadie tendría nada en un par de años.

Lección para el país.

—Tenemos que tener más confianza en nosotros mismos. Cuando este proceso inició el 23 de junio nadie daba cinco centavos por el diálogo.

¿Qué hará ahora?

—Soy funcionario de la Universidad Tecnológica de Panamá, donde pedí prestados cinco meses para la mesa del diálogo. Me corresponde regresar a mis funciones como rector, desde donde pienso colaborar con la sociedad cada vez que pueda.

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