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14 nov En defensa de la tradición

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Cada vez que hago un proyecto educativo, adopto mamás o papás:  personas que me guían, me sirven de mentor/a, y básicamente iluminan el camino.  Con folclore, tuve la suerte de contar con dos:  Dolores Cordero y Norma de Testa.   En este blog les hablaré un poquito de la profesora Norma.  Ella nació en la ciudad de Panamá, pero se crió en Las Tablas. Durante su larga carrera como folclorista y educadora, se ha distinguido como acérrima defensora de la tradición.   Este es un resumen de varias conversaciones que he tenido con ella sobre las alteraciones recientes hechas a nuestros vestuarios nacionales:

Todos los vestidos nacionales han sufrido gran adulteración basada en una mal entendida evolución y proyección, lejos de la verdadera originalidad.  También se ven cambios en los aderezos, como peinados extraños como moños japoneses lleno de cintas y tembleques;   y tembleques en colores, tamaños y cantidades exageradas, que en algunos casos ni se mueven.  Además, aparecen tembleques en polleras que no son de lujo, o al revés,  se les colocan pimpollos o flores a las polleras de lujo santeñas, que no los llevan.

El joyero del pecho se exagera, tapando la belleza de la labor de la pollera.  También se toman piezas de una región para ponérselos a otra, como el uso de peinetas atalayeras de Veraguas en la pollera de gala santeña.  O se inventan piezas, como la pieza que llaman tostón que cuelga de la cintura.

En cuanto al corte y confección de la pollera de gala santeña,  la labor de la primera arandela debe ser más angosta que la labor de la segunda arandela, y no debe taparla.  Existen alteraciones en el pollerón de lujo en el ancho del cuerpo y susto, y también en el ancho y diseño de la labor, que obliga a tejer mayor cantidad de la trencilla de mundillo.  Con las enaguas, no se cumplen sus medidas, amén de que se ha instaurado la moda de tejer pajita hasta la pretina en vez de hasta la rodilla.

Las polleras no se plisan.  Ninguna mujer del interior planchaba así su pollera;  la pollera que se plisa así se queda, y a la larga se daña. Tampoco se enjaretan polleras santeñas con cinta, solo lana.  La cinta se usa en Ocú, Veraguas y Coclé.  Las montunas santeñas no deben usar mota o bellota, solo jareta de lana rematada en lazo.

En el caso del vestuario masculino, la camisilla tableña siempre ha sido de holán de hilo o lino blanco con alforzas verticales y oblicuas, tanto en las piezas delanteras y traseras de la misma, así como el puño de las mangas y los dos bolsillos.  Hoy día se le quiere introducir piezas en talco en sombra y en punto de cruz a colores, para llamar la atención.

Finalizo con las palabras textuales de Norma:  verdad es que el tiempo todo lo altera;  sin embargo, hay que abrigar la esperanza que sea para lo mejor.  Lamentablemente, nuestros vestuarios nacionales originales están en vías de extinción, dada la aceptación de quienes en vez de luchar por su originalidad aplauden la incorporación de elementos locales y foráneos que desvirtuan su incuestionable hermosura.

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