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26 sep El diluvio de Guararé

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Ayer La Prensa participó por primera vez en el Festival Nacional de La Mejorana con una carreta alusiva a Proyecto Folclore.  Y papa Dios nos bautizó con ganas ayer, mandándonos un aguacero que inició a las 11 de la mañana y no paró hasta  pasado el desfile.   La verdad es que lo pasé super bien, a pesar de todas las pruebas que tuvimos que superar.

El día comenzó con un desayuno de empanada de hojaldre, dos torrejitas y el café más dulce que he probado en mi vida.   Me acompañaban mi papá y mi mamá.  Despúes de nuestra dosis de fritangas, nos dirigimos a la casa que sería el centro de encuentro para nuestros compañeros de La Prensa que viajarían desde la ciudad capital y Santiago para ser parte de la tuna.

Llegamos a las nueve de la mañana, de primeritos.  Aproveché para llamar a mis compañeras Ros y Aida, que estaban desde el viernes arreglando todo.   Me contestaron bien, bien, pero BIEN bravas:  "la carreta no está lista".    El señor que la estaba haciendo la había dejado a medio palo el sábado, y ellas habían madrugado el domingo para que la terminara.  Y a esa hora,el señor no había aparecido...  El desfile empezaría a las doce mediodia!

Corrí hasta donde estaban ellas (gracias a Dios por el pueblo chico, la gente amable que me dirigió y las calles bien trazadas).   Minutos más tarde, apareció el mentado señor con su crew para terminar la carreta.  Entre ellos y nosotros logramos completar la decoración.  Al final, se veía super bonita!  Satisfechas del trabajo cumplido, nos fuimos a emperifollar a la casa mientras los señores que la habían hecho la arrastraban hasta donde iniciaría el desfile y le colocarían los bueyes.

A la media hora, recibimos llamada de nuestro amigo Franz:  "se volteó su carreta!!!!".  Salimos medio histéricas de vuelta a donde la habíamos dejado.  Allí estaba, con toda la decoración regada por el piso.  Aparentemente los señores que la debían custodiar se "perdieron" a hacer quién sabe qué, y la brisa y el peso que llevaba la tumbaron.    Rosmery casi llora, Aida lloró de verás y yo comencé a llamar a todos los hombres de La Prensa que habían venido a acompañar a la carreta a ver cómo resolvíamos.

Afortunadamente entre ellos estaba el señor Alex Juarez, el jefe de mantenimiento de La Prensa.  El comenzó a organizar a todos los que acudieron al llamado de emergencia:  Arquímedes, Roberto, Publio, Victor y José.   Faltaba solo una hora para iniciar el desfile.  Mi papá salió de volandas a la tienda de un chino a buscar alambre, una pinza y un martillo que era del propio chinito y que logró que le vendiera.

A una hora de que iniciara el desfile,  empezamos a emparapetar el desastre.  Los señores que habían hecho la carreta habían hecho un trabajo muy malo, sin usar tuercas de sujección del material:  "la próxima, te la hago yo" me dijo el señor Alex entre amarres de alambre.    Cinco minutos después de comenzar a trabajar,  comenzó el aguacero tenaz.  Mis papás y yo nos sentamos en la barra de la carreta para darle contrapeso mientras los hombres trabajaban contra el tiempo.  Mientras tanto, el agua arreciaba y nos encharcamos mientras el pueblo nos veía entre divertidos y preocupados.  ¿Saldría la carreta de La Prensa?

No me pregunten cómo, pero minutos antes de iniciar el desfile habíamos logrado remendar la carreta.  No estaba espectacular como antes, pero por lo menos podría ir.   Entonces, nos dimos cuenta que el señor de los bueyes que arrastrarían la carreta estaba missing in action.  Busca que busca, el tipo apareció 15 minutos después, que se nos antojaron una eternidad.   ¡Estabamos listos!

Subimos a los niños a la carreta, nos encomendamos a Dios, y bajo la lluvia salimos al desfile.   Los chicos nos dieron ánimos:  ellos estaban felices, lanzando huevitos de leche a la multitud que nos rodeaba sin importarles el ensopamiento.   Sorprendida, vi que la gente amaba la carreta:  era la única que tenía niños, así que resultó super llamativa.  Se tomaban una de fotos con ella....  También aprovechamos para repartir ediciones impresas de Proyecto Folclore, que nos arrebataban de las manos.

Nuestra tuna estaba en la pila.  Teníamos una cantalante de lujo, que aguantó cuatro horas sin desfallecer.  El conjunto folclórico de La Prensa la botó, con una energía impresionante, bailando entre ellos y con el público.  Nuestro gerente, Juan Carlos Planells, fue nuestro abanderado;  no sé quien estaba más feliz, si él o su esposa.    Asi pasó el desfile rapiditio, casi sin sentir el tiempo.  La verdad es que la experiencia fue lo máximo, a pesar de los "pequeños" problemitas que pasamos.

Ojalá logre verte pronto de nuevo, Guararé.

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