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22 mar El hablar del panameño

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Hay un librito fantástico de la profesora Dora P.  de Zarate sobre Textos del Tamborito Panameño, que atesoro como una joya fotocopiada en mi colección de textos folclóricos.   En este librito, ella hace un análisis interesantísimo de cómo “suenan” los panameños al hablar, y por ende, al cantar.  Como la profesora Zarate era licenciada en filosofía y letras, su análisis es de lujo.  Aquí va una transcripción, editada por efectos de espacio:

Se usa el apócope hasta en palabras que menos pueden prestarse, por lo que es corriente el uso de Dio por Dios, y de vo por vos.  La preposición para es el ejemplo más común en Panamá.  Hasta las personas más cultas usan el pa:    pa´l, pa´lante, pa´lla, etc.  En estos ejemplos, el segundo término sufre una aféresis, el primero, apócope, y al juntarse forman una expresión tan apretada como si fuera una sola palabra.

Otra palabra sufrida es el negativo nada, que se manifiesta como na…   no sabe na.  En Panamá, una gran cantidad de palabras pierden sus sonidos finales:  ve por ver, madrugá por madrugada, etc.  Otras pierden sus sonidos iniciales, como naguas por enaguas tuve por estuve, etc.

La preposición de pierde la d en casos como palo e mango, cinco e marzo, y otras, sobre todo con palabras graves finales.  Con los demostrativos ese, esa , con el neutro eso y con el pronombre ella forman una sola palabra:  dese, desa, deso, della.

Los plurales en caso de concordancia la pasan mal: l as muchacha, los ombre, tus labio, somos iguale. No falta la síncopa ( lao por lado, preguntale por preguntarle), así como los prótesis ( ajumada por jumada, alevantate por levántate) y de paragoge ( mitada por mitad, vide por vi).

Se observa el cambio de la l por la r con mucha frecuencia:  curpa por culpa, gorpe por golpe.  La h es aspirada:  jilacha por hilacha, jalar por halar.  Hay cambios en el acento:  dejá por deja, preguntale por pregúntale.

Se da el caso del uso de la s en la segunda persona del singular del pretérito indefinido de los verbos:  dijistes, tomastes, cogistes, etc, como en los casos imperativos denle, tóquenlo, acábenlos, la n pasa al final:  delen, toquelon, acabelon.

Es interesante como la profesora Zarate, a pesar de ser profesora de lengua y literatura, no denigra en ningún momento el hablar del panameño.  Sencillamente lo atribuye a su folk, a su folclore.  Comenta como normal la creación de voces, la deformación de palabras, los vocablos contrahechos y demás, y considera que son el espejo del lenguaje diario y una muestra del caracter linguistico regional.  ¿Qué opinan ustedes, los lectores de este blog?

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