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22 sep La papayita verde

Temas:

-“Miguel, necesito una papayita”

-“Vaya pa´l super o al chinito, pues, y cómprala”

-“No, necesito una papayita verde, y allí solo venden maduras. Alex está trabajando el diseño de las páginas sobre plantas medicinales, y me pidió que le consiguiera una”.

Llovía a cántaros cuando llegué a casa y formulé la petición a mi esposo. En camino, me fijaba en todos los lotes baldíos a ver si avistaba un arbolito de papaya para hacer, como dice mi marido, una "operación comando" y tomar una para la foto. Claro, cuando uno más busca, menos encuentra.

Di varias vueltas por Parque Lefevre, hasta que finalmente di con un árbol. Convencido el marido y con machete en mano, nos montamos en el carro a buscar la papayita. Cuando llegamos al lote, Miguel me miró con cara de pocos amigos. La yerba estaba altísima, había un lodazal espantoso, y encima, había que cruzar una cerca de alambre.

Le puse mi mejor cara de “borrego degollado” a ver si se apiadaba de mi. “Es que DE VERAAASSS la necesitamos para mañana mismoooooo”. Miguel, complaciente, fue en búsqueda de la papayita mientras yo esperaba en el carro. “Tú quédate aquí” fue la orden, entre macho y caballero. Yo feliz, porque seguía diluviando y andaba moqueando. Minutos más tarde regresó, encharcado, enlodado y con cara de triunfo total. Traía no una, sino ¡dos papayitas!

Al día siguiente, se las llevé a Alex. Una de ellas sirvió de modelo para la foto. La verán en nuestra próxima publicación en La Prensa impresa este domingo 25 de septiembre, Botánica Popular. Fue una edición super compleja, porque mi primer borrador era muy teórico y honestamente, bastante aburrido. Alex, que además de diseñar y tomar fotos preciosas es un editor de lujo, me ayudó un montón a popularizarla más sobre la marcha, haciendo muchísimas sugerencias y correcciones para mejorarla.

También me regañó su poquito: “Wendy, folclore, folc-lore, saber popular… bájale el palabrerío”. Y es que años después de dejar de ejercer como maestra, todavía se me sale el cobre de vez en cuando y me pongo medio catedrática. Pero no me molesta en lo absoluto que me corrijan; sé muy bien que al final, todo es para bien, y para mejorar lo que ustedes recibirán. Y claro, ayuda a mantener la humildad que tu diseñador te mande a misiones papayísticas de vez en cuando.

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