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11 oct Una piedra en el zapato

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Me encantó lo que dijo.  Resumidito: hay que INVESTIGAR entre dos a tres años ANTES de siquiera pensar en el diseño de planos.  Hay que definir para quién es el museo;  cuál es la mejor locación;  qué se quiere lograr con el mismo;  obtener los fondos necesarios para su construcción;  definir esquema de consecución de fondos post inauguración… y un montón de cosas más.

Fue muy dura en sus planteamientos.  Habló sobre el amiguismo;  sobre el clientelismo;  sobre museos aburridos sin propósito;  sobre gente guerreando sin ponerse de acuerdo.  Sin embargo, me gustó mucho lo que dijo porque nos cantó un poco de verdades que aparentemente son típicas no sólo de Panamá, sino de Latinoamérica.

Bueno, ¿y por qué lo de la piedra del título?  Pues en sesión de preguntas y comentarios, me paré y dije que me parecía estupendo un museo, pero no solo de la pollera santeña, sino de todas las polleras del país.  En todo caso, si no se pretende un museo nacional, que sean bien claros en terminología y que lo llamen “Museo Regional de la Pollera de Los Santos” o algo así.

Y aquí va, de rajatabla, mi opinión: no podemos decir que una pollera es mejor que otras, o que una pollera regional representa al país.  Todas las polleras tienen su encanto, y su valor.  No niego que la pollera santeña tiene muchísimo trabajo y un joyero espectacular, pero no podemos demeritar las demás regiones del país.  Todos somos Panamá, y todos somos parte del folclore nacional.

Hablando de polleras, algunos comentarios de la edición 6, que ha sido SUPER comentada positivamente… gracias a todos los que escribieron!

  • Alberto Loaiza se queja, con justa razón, de las polleras “plisadas” que no corresponden a la tradición.  De acuerdo, y además, añado que el plisado daña la labor pues la plancha dobla y quema los hilos.  Además, el plisado “rompe” la labor al no verla completa, sino como un abanico doblado.   Si usted tiene la suerte de tener una pollera, JAMAS la plise.  Si, sabemos que es más cómodo meterla en una media para transportarla para ¡zas!, sacarla plisada y bien chaneaa…. Pero recordemos que usted invirtió una pequeña fortuna en su confección, ¡así que cuídela pa´ que le dure!
  • Pilar de Saavedra hizo unas interesantísimas observaciones sobre los encajes del ruedo de la falda y la camisa llamados “valencianos”.  Lady Mallet (que vivió a fines del siglo 19 y principios del 20 y que era panameña casada con inglés) siempre menciona que los encajes de las polleras se importaban de Francia y Bélgica.  En esos dos países había y todavía hay fábricas de hilaturas especializadas en encajes.  Antes, se hacían a mano y tomaban el nombre de las poblaciones donde se hacían: Malinas y Brujas (Bélgica);  y Chantilly y  VALENCIENNES en Francia.  En algún momento alguien le cambió el nombre, pues en Valencia (España) no se hacían encajes de este tipo, sino de mundillo. La profesora Dolores Cordero me comentó que la última vez que preguntó donde se hacían estos encajes, le dijeron Checoslovaquia (allá cuando existía este país, en 1993).  ¿De dónde vendrán hoy día?  Interesante pregunta… ¿alguien sabe?

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