Proyecto folclore Proyecto folclore

02 feb En tierra cucuá

Temas:

Mi nombre es Rosmery Cordóba. Junto con mis compañeros Alex y Sonia se nos encomendó viajar el año pasado a diferentes partes del interior del país, para recolectar reportajes sobre diversos temas del folclore de Panamá.

Partimos un lunes bien temprano en una 4x4. Yo era la conductora designada. Nuestra primera parada era Penonomé. Allí nos encontraríamos con el señor Pedro, un residente de la comunidad, y quien seria nuestro guía en el camino a nuestro destino.

Allí también nos encontramos con otros dos compañeros de La Prensa, José y Rómulo de la Sucursal de Santiago. José tomó el volante, ya que el trayecto qué venia no me atrevía a conducir.

Nos dirigíamos hacia la comunidad de San Miguel Centro. De Penonomé hasta allá, son más de 2 horas de camino en auto. ¿Y qué íbamos a hacer allá? Pues a ver a los misteriosos diablitos CUCUA, que son poco conocidos, pero muy interesantes.

El camino fue toda una aventura, hermosos paisajes, y naturaleza viva.... Cuando estábamos por llegar, vino algo inesperado: tendríamos qué pasar un gran rio y no había puente. Waoo! Por suerte el río en ese momento estaba tranquilo y llanito. Cruzamos y seguimos subiendo hacia la lo más alto y por fin llegamos.

San Miguel Centro es una comunidad de gente sencilla y amable, rodeada de una hermosa vista de montañas y cerros. En una cima, se encuentra la escuela y la iglesia, las cuales han sido construidas por los propios moradores del lugar, y con el apoyo del sacerdote y de los docentes y directores del plantel.

Fue allí en esta misma escuela, Centro Educativo Candelario Ovalle, donde encontramos a los auténticos diablitos CUCUA. A los chicos de la escuela, que viven en los alrededores de la comunidad, los dirige el señor Basilio, un líder muy activo de la comunidad. Aparte de enseñar a los chicos todo lo relacionado a la danza, también toca el ravel y confecciona los vestuarios. Los vestidos son hechos con la corteza del árbol que lleva el mismo nombre “cucuá”. De allí sacan la materia prima para la confección de los vestidos y la máscara. Las tintas son naturales, y las sacan de diversas plantas. A la máscara le colocan el hocico y cachos de un saíno, que es amarrada con cortes de bejuco. Pueden ver más información en el video que aparece en el blog.

Una vez terminado el reportaje, emprendimos el camino de regreso a Penonomé. Pero había estado lloviendo casi desde que llegamos y no paraba, así que decidimos salir antes de que nos cayera la noche. Cuando llegamos al río para cruzarlo, éste se había crecido por la fuerte lluvia. Ya no era el mismo río llano y transparente, ahora sus aguas eran fuertes y de color tierra.

El caminito de piedras que los miembros de la comunidad habían hecho para marcarnos la ruta por el río, ya no se veía…. El terror reinó en nosotros en ese momento. Yo iba adelante con José y en la parte de atrás de la camioneta estaba Alex, Sonia y Rómulo; todos estuvimos de acuerdo en avanzar, y allá fuimos. José comenzó a adentrar el auto por el río y a medida que avanzábamos, los gritos eran mayores. En un momento sentimos que el auto comenzaba a ser arrastrado por la fuerte corriente. El agua casi nos llegaba a las ventanas....fue un susto muy grande. Pero José puedo maniobrar el carro y logramos salir ilesos, y continuamos dos horas más de viaje, hasta llegar a Penonomé.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.