Radar Deportivo Radar Deportivo

16 jul Estrellas, el juego que nadie ganó

Temas:

Curt Shilling y Derek Lowe eran los encargados de abrir el Juego de las Estrellas  el 9 de julio de 2002 en el Miller Park de Milwaukee.  Esa noche nadie ganó, no se escogió al Jugador Más Valioso y la credibilidad de las Grandes Ligas quedó en cuenta de 3 y 2. 

El duelo de los mejores lanzadores de ese año  terminó en dos entradas y a favor de Schilling, quien dejó ganando 1-0 a la Nacional.

El viejo circuito  utilizó en total 10 lanzadores y la Americana nueve, entre ellos el panameño Mariano Rivera antes de que se diera el controversial anuncio por parte de Bug Selig.

El comisionado de las Grandes Ligas ante más de 41 mil aficionados y en una transmisión televisiva declaró terminado el partido 73 de las estrellas. 

Habían transcurrido 11 entradas y el encuentro estaba empatado a siete carreras. 

Selig dijo que fue “una experiencia dolorosa que no se volvería a repetir”.

Era la segunda vez en la historia de las Grandes Ligas  que un compromiso  del Juego de  las Estrellas terminaba empatado, la anterior fue en 1961,  pero por lluvia.

Antes de la decisión tomada por Selig, los  directores Bob Brenly, por la Nacional  y Joe Torre, por la Americana, se reunieron y le advirtieron al comisionado que habían utilizado a todos sus jugadores y que no podían exigirle más a sus últimos lanzadores Freddy  García y Vicente Padilla.

Según un reporte de las Grandes Ligas, los 41 mil fanáticos que estaban en el estadio coreaban ‘juego, juego, juego’. Esa noche  había arrancado con una fiesta de casi media hora en la que se incluyeron  visitas  de Henry Aaron, Willie Mays y Cal Ripken Jr.

Barry Bonds, el rey de los jonrones, le robó uno a Torii Hunter en la primera entrada, así de espectacular se pintaba el  partido. En el  séptimo la Liga Nacional empató el compromiso a siete carreras y en el noveno entró Rivera y no permitió libertades. 

Los lanzadores  García, por la Americana y  Padilla, por la Nacional  tenían dos entradas en el montículo cuando se decidió cerrar el telón del encuentro.

El director de la Americana  consultó a Sandy Alderson, director de operaciones de las Grandes Ligas y le explicó que se había quedado sin jugadores. 

Es costumbre en los clásicos de medio año, en el que se enfrentan los mejores  peloteros de la Liga Americana y la  Nacional, darle la  oportunidad  a la mayor cantidad de jugadores para evitar lesiones.

En total se habían conectado 25 imparables y no se habían cometido errores. 

Se estima que pudieron haberse perdido 80 millones de dólares en posteriores festejos. 

A Selig se le preguntó  por qué no utilizó a lanzadores que ya habían jugado y dijo que muchos se habían bañado o ido.

“Quiero aprovechar esta oportunidad para pedir disculpas a los fanáticos”, destacó Selig en una entrevista con Baseball Almanac. 

El director de la Americana también se disculpó con la fanaticada y destacó que todos los jugadores que llegan al partido de estrellas quieren jugar y a eso se debió que le diera la oportunidad.

Brenly señaló que era importante no culpar a nadie. “Lamentablemente sucedió”. 

El Juego de Estrellas le había dejado un sabor amargo a los aficionados que no estuvieron conformes con la manera en que terminó el partido. Las Grandes Ligas optaron como solución y para darle un incentivo al Juego de Estrellas que a partir de 2003 la liga que ganara el Juego de las Estrellas  tendría la ventaja de casa en la Serie Mundial.

Hasta el Juego de Estrellas de 2012 los resultados son: La Liga Americana tiene 48 victorias contra 34 de la Nacional y dos empates, en 1961 y en 2002. 

Los partidos de estrellas comenzaron a jugarse en 1933 en el Comiskey Park, Chicago,  donde la Americana venció 4-2.

En 1945 ha sido la única vez que fue suspendido este compromiso por motivos de la guerra. El 31 de julio de 1961 en el  Fenway Park, de Boston, fue el primer empate que se dio en un Juego de Estrellas.

El encuentro fue finalizado en el noveno empatado a una carrera, tras media hora de lluvia, pero esa es otra historia

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.